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La epopeya de lo cotidiano

domingo 29 de julio de 2018
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“Una tarde de nubes coloradas y árboles de sombra azul”, de Javier Farfán Cedrón

Una tarde de nubes coloradas y árboles de sombra azul
Javier Farfán Cedrón
Cuentos
Gobierno Regional de Cajamarca
Cajamarca, Perú, 2017
64 páginas

Recuerdo una conversación con Javier Farfán una tarde de 2004, mientras esperábamos ingresar al Hospital de Varones del Conjunto Monumental Belén, para participar en una actividad cultural, en Cajamarca. Le dije que había visitado al doctor Manuel Baquerizo, un literato huancaíno de bastante renombre, y que me había dicho, con respecto a un artículo que yo había escrito para su revista: “Es bueno, pero falta la segunda parte”. “¿La segunda parte?”. “Sí. Usted ha escrito sobre la inspiración romántica que la sierra ofrece, pero los jóvenes costeños ya buscan otra cosa”. Javier sonrió y añadió: “Los jóvenes serranos también”. Esta conversación me estimuló a escribir A ojo de pájaro (2005), con su elenco no tan santo que digamos y su trama de música rock. Javier, por su parte, ha escrito en 2011 su obra de ficción En el reino del sol moribundo (Magreb, 2011), y aquí nos da Una tarde de nubes coloradas y árboles de sombra azul (Gobierno Regional de Cajamarca, 2017).

Estas obras me han servido para sacudir la memoria y recordar los movimientos literarios vigentes cuando era un estudiante: aquellos de la generación Beat y del “drama del fregadero de la cocina”. Ambos movimientos ofrecían una literatura sumamente distante de la dieta de textos propuestos por la Universidad Gregoriana en Roma para el estudio de la filosofía —una filosofía, dicho sea de paso, totalmente ajena a la vida diaria. En novelas como On the Road (1957), de Jack Kerouac, y en obras teatrales como Look Back in Anger (1956), de John Osborne, el lector se encuentra inmerso en la realidad de la juventud de aquel entonces. Esto es lo que Javier hace para el lector contemporáneo, con pequeñas historias que parten de la realidad diaria, como esta: “Mi madre colocó la comida en la vianda y la vianda tenía tres platos blancos de porcelana (…)”. Una historia que comienza así, inicialmente no nos va a sumergir en el gran drama de la existencia humana, en una historia heroica de batallas ganadas o perdidas, ni tampoco en la pasión amorosa de Romeo y Julieta o de André Bolkonski y Natasha Rostova. Sin embargo, puede ser la rampa de lanzamiento para una epopeya; porque aunque lo cotidiano y lo prosaico ya no llamen la atención, es allí donde se encuentran la trama y la urdimbre de nuestras vidas, y desde “una plaza llena de botellas vacías de cerveza, de condones y mojones” puedo pensar en viajar por “Marte, Júpiter, Saturno”.

Javier Farfán parte de lo sencillo y lo cotidiano, colgando un anzuelo para provocarnos a pensar, reflexionar y lanzarnos quizás, y lo hace con un lenguaje pulcro.

En esta sociedad contemporánea de desecho, en que fácilmente se bota todo como si fuera basura, incluyendo a las personas, mucha gente se encuentra aburrida y siente que la vida no tiene ninguna razón de ser. Hacen caso omiso a lo bello, lo fascinante, lo intrigante que se esconde bajo las narices —quieren volar entre Marte, Júpiter y Saturno, pero no han comprendido que primero hay que caminar, con todos los sentidos atentos, entre las botellas vacías de cerveza, los condones y los mojones.

Hace falta aprender de César Vallejo. Cuando él estudiaba en la escuela primaria de Santiago de Chuco, su profesor lo llevaba, con su hermano Miguel, a las ruinas de Andaymarca. Allí, inicialmente, el futuro poeta veía sólo las piedras; pero luego aprendió a ver mucho más que ellas, y este más se encuentra plasmado en su obra poética. En las palabras de Antoine de Saint-Exupéry, aprendió precisamente a ver no sólo con los ojos, sino también con el corazón, y cuando alguien ve con el corazón, puede lanzarse a dimensiones, profundidades e inmensidades insospechadas.

Javier Farfán parte de lo sencillo y lo cotidiano, colgando un anzuelo para provocarnos a pensar, reflexionar y lanzarnos quizás, y lo hace con un lenguaje pulcro. En esto se distancia de mucha literatura y cinematografía peruana contemporánea —y de otros países también— que de igual modo parten de lo común y lo cotidiano, pero lo hacen con un lenguaje verbal y corporal sumamente soez. En ningún momento confunde Javier lo sencillo con lo soez; más bien, nos deleita con una serie de cuentos limpios y estimulantes. En vez de estar ahogados bajo Cincuenta sombras de Grey (2011), nos encontramos entre “nubes coloradas y árboles de sombra azul”.

Miguel Garnett
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