XXXVII Premio Internacional de Poesía FUNDACIÓN LOEWE 2024 Saltar al contenido

Prólogo de Bajo la huella impávida del viento, de Jack Farfán Cedrón

sábado 11 de mayo de 2019
¡Comparte esto en tus redes sociales!
“Bajo la huella impávida del viento”, de Jack Farfán Cedrón
Disponible en Scribd

Bajo la huella impávida del viento
Jack Farfán Cedrón
Poesía
Edición del autor
Perú, 2018
222 páginas

Si alguien lee un salmo o canta un himno religioso, probablemente no va a encontrar ninguna dificultad en comprender sus mensajes. Si el lector está de acuerdo con estos mensajes, es otro asunto y lo único que yo quiero enfatizar aquí es que los mensajes mismos son claros; el lector entiende fácilmente lo que quiere decir el autor. Los salmos son poesía en la Biblia y muchísimos poemas son parecidos —no requieren mayor esfuerzo de parte del lector para entender el mensaje. Pueden ser poemas de amor, himnos alabando la naturaleza o la patria; pueden ser versiones poéticas de los grandes acontecimientos de la historia, pero en cada caso el mensaje es claro inmediatamente. Un poema de Mario Florián o una pintura de Miguel Ángel tienen mensajes que también son claros, pero además pueda ser que se está interpretando sólo la superficie, mientras que haya algo más en las obras. Este más está un tanto escondido y requiere un estudio a fondo —hay que zambullirse al interior de la obra. Luego, si pasamos a un poema de César Vallejo o a una pintura de Pablo Picasso, frecuentemente la obra no transmite en su superficie ningún mensaje que es inmediatamente claro y el lector se encuentra obligado a no perder el tiempo leyendo u observando a ese nivel, sino de frente tiene que zambullirse para descubrir lo que el poema o la pintura quieren decir. Esta es la situación cuando se encuentra delante muchos poemas o pinturas contemporáneos. En casos así, frecuentemente sucede que el lector se siente desconcertado —lanza su pregunta: “qué quiere decir este poema o esta pintura” y no recibe una respuesta inmediata. Es que el mensaje está en el interior. Las palabras y las metáforas empleadas son como caricias que nos invitan a penetrar en la obra como en un acto del amor. De nada sirve pararse y simplemente mirar; hay que entregarse e investigar, a realizar un viaje, una aventura, al interior de la obra; copular con ella. En esto, mucha poesía contemporánea tiene un parentesco con las obras teatrales y los autos sacramentales de los siglos dieciséis y diecisiete, donde lo visual es subordinado al texto. Con respecto a las obras de Shakespeare, que están llenas de poesía, el público isabelino no decía: “Vamos a ver una obra”, sino “Vamos a escucharla”, y escuchar es mucho más profundo que simplemente oír. El lector tiene que entrar en una relación con el poema, tiene que dejarse enamorar, penetrar en ella y ser penetrado. Entonces, aquí ofrezco unas sugerencias para ayudar en esto. Claro está que en un prólogo es imposible comentar en detalle cada poema, donde toda palabra y metáfora tiene su razón de ser.

Observo en primer lugar la palabra viento en el título del poemario y que se encuentra también en los títulos de varios poemas. El viento es movimiento de aire y deja huella musical cuando sopla por un instrumento: a veces fuerte, a veces suave, a veces apurada, a veces lento, a veces creando un ambiente de sosiego y calma. Entonces, el viaje amoroso por estos poemas va a tener ritmos distintos —momentos turbulentos, momentos suaves y calmados, momentos en que se detiene en silencio. El amor y las distintas relaciones entre los amantes es la constante del poemario, que, solapadamente, es un Kamasutra.

El Kamasutra nos obliga a distinguir entre lo erótico y lo pornográfico, que son cosas diametralmente opuestas, pero suelen ser confundidas como si fueran equivalentes. En lo erótico hay algo humano y digno que es parte de nuestra naturaleza claramente influida por lo sexual. Es lo que permite colocar en un museo La Venus de Urbino de Tiziano. En el erotismo hay imaginación que deja entrever fragmentos de lo sagrado. Es bello, mientras en lo pornográfico sólo hay fantasía que es fea y hasta sacrílega. Lo erótico expresa el amor a través del sexo, pero lo pornográfico es mera diversión genital.1 En un filme erótico, el sexo es parte de una historia más amplia, mientras en un filme pornográfico el sexo es todo —no hay ninguna historia. Veo en estos poemas de Jack Farfán Cedrón una clara dimensión erótica, pero nada de pornografía.

En el primer poema el amor del poeta es bastante turbulento y hondo: “Recorremos con los pies desnudos, hasta volcarnos, salivales, frotándonos los cuerpos viscosos, como si se tratara de peces copulando, sumergidos”. Hay contrastes fuertes con: “perros durmiendo y una vertiente apocalíptica de felicidad”, mientras el primer beso fue “jodidamente bueno” y hay un toque filosófico: “Pienso. Inmediatamente existes”, un eco de Descartes. Mientras mucho más tarde, en: “¡Ah, viento en las alas, cálidos senos estrujados!”, se tiene un eco de Stendhal:

Rojo y negro
Pasión hasta la muerte
Jamás nos dejaremos.

Y la turbulencia del amor aparece en varios poemas, como en el poema diecinueve, “Lazos necesarios”, donde se pregunta:

¿Tú no necesitas la vibración
De mi cuerno salvaje
Entre tus piernas?

También se encuentra esto en el poema: “Siempre el beso clavado en el fondo del alma” que habla de “…fusionarnos con toda la lava de un Vesubio…”.

Por mi parte, pienso cómo plasmaría algunos de los poemas en cuadros eróticos con contraste de colores fuertes y suaves, como una galaxia de líneas horizontales y verticales, zigzags y espirales, para crear así un ambiente de turbulencia y calma, una visión sexual abstracta; nada de cuerpos simplemente enlazados en el coito, porque esa sería una visión superficial. No, los poemas, y por tanto mis cuadros de ellos, nos invitan a sentir una emoción del sexo en las múltiples expresiones que se encuentran en el texto.

El ritmo de hacer el amor aparece en el segundo poema que tiene una cadencia sacudida: “ardiente… pálida; claridad… prieto; cirros… sol”. Varios son los poemas donde se siente el ritmo sacudido de la unión sexual, mientras muchos son muy cortos y hacen pensar en los haikús japoneses; aunque Jack no se ajusta estrictamente a las reglas que gobiernan los haikús tradicionales. Sin embargo, me parece que el haikú es un posible contexto para interpretar estos poemas cortos, y si es así, esto presenta su propio problema para comprenderlos, porque el haikú no responde a la lógica de la mente occidental. La poética del haikú generalmente se basa en el asombro y la emoción fomentados por la contemplación de la naturaleza. Aquí, en los poemas de Jack Farfán Cedrón también hay asombro y emoción, basados principalmente en sentir el sexo y contemplar a la amada, aunque la naturaleza también está muy presente en algunos poemas. Por ejemplo en el poema veinticuatro leemos:

Así, hemos de crecer bajo arboledas silbantes.

Dos poemas más tarde leemos:

El cielo esparcirá cantos oficiosos
A rozar en los campos habitados.

El próximo poema, “A puro fuego recrudecen los deshielos”, comienza diciendo:

Serenas relumbran
Ondas albas
Olas a la orilla,
Pálida luz opacando.

Y así, la naturaleza se encuentra presente. En “30 de diciembre de 2014, 10:32 pm”, Jack dice:

…te amo con la fuerza de una hecatombe junta, con el impávido estruendo de todas las nubes apiladas, con el ruido de ríos ocluyendo en pleno firmamento (…). Estás sentada. Llevas las dos pupilas dilatadas. Son un par de soles negros en último eclipse lunar de las estrellas (…). Te beso. Un beso flotante, un beso puro con olor a firmamento.

Otra cosa que aprendemos del haikú es que en la base hay una percepción directa de las cosas que provoca una profunda emoción. Esta percepción directa es llamada en inglés “to be aware”, que en castellano se traduce aproximadamente por la expresión “ser consciente”. Se ha dicho de esto que es “una mera nada, pero inolvidablemente significativa”.2 Esto es lo que sucede cuando se leen los poemas de Jack Farfán Cedrón; fácilmente pueden parecer ser “una mera nada”, pero dejan huella, como el título mismo del poemario implica: Bajo la huella impávida del viento. El haikú es sencillo en su construcción, caracterizada por su naturalidad, la sutileza, la austeridad, y la aparente asimetría que sugiere la libertad y con ésta la eternidad. A menudo se trata de una emoción melancólica como en el poema “La forma levitada vaporizando”, donde se dice:

Mengua, distiende tus brazos
Al secar ojos plañidos
A ras borrascoso
Do broncas mareas
Enlutan cuerpos temblorosos.
…Y la vida se prende
Y el llanto cerca las moradas.

Y el poema termina:

Imagina un lecho pavor,
Una siesta leve terminada;
Al zumbar de un moscardón
Que la muerte presiente.

También la melancolía está presente en “Desde el irredimible principio de todas las cosas”, que comienza suspirando:    

Lo peor y lo más intenso
Que un hombre puede poseer,
El mismo huracán interior,
El tormento cruzado,
La espada clavándose en el centro de todo ser
Oscureciéndose,
Es el pesar,
La culpa
Por lo que no se hizo…

¿Lamenta el poeta por su falta de coraje en hacer el amor? El Kamasutra ofrece tantas posibilidades.

Coraje es una cualidad esencial en un poeta de verdad. Hay que tener el coraje de decir lo que hay que decir, y cuando el idioma no ofrece las palabras adecuadas para hacerlo se tiene que crearlas. Esto lo han hecho los grandes poetas de la historia y parece que Jack no se acobarda de hacerlo cuando dice con firmeza: “¡Disfumaos, llanto y amargura!”. Y con entusiasmo exhorta: “¡Al lunecer en esta vida, al lunecer!”. ¿Hacer el amor a la luz de la luna? ¿Hacer el amor intensamente como dice el poema “Llamando a la noche irrenunciable”?

Te llamé a mi cuerpo
Andábamos buscando
La saturación inclemente de los cuerpos.

Se ha mencionado la melancolía y otra emoción en este poemario es el dolor:

Aquel dolor encontrado en el espíritu.

Y:

Mi
Vida
Se fue
Doliéndome.

Además, no falta el llanto, como ya hemos visto arriba, y lo encontramos también en el poema: “Al atardecer el mito”. Claro está, no todo amor es felicidad, sobre todo cuando se rompe la relación, como en “Sábado, 3 de enero de 2015; 6:55 pm”. Aquí leemos: “No estás dentro de ella, porque tú mismo decidiste sacarla de tu vida (…). Y lo que vendrá después no tendrá la mayor importancia. Yazga como una tumba a la que nadie llora”.

El poemario está enriquecido no sólo con alusiones a la naturaleza, sino también a la mitología en la persona de Venus, a lo espiritual en la Hostia, a Dios y a la Santa Madre —la Virgen de Guadalupe—, al Cantar de los cantares, a las piedras preciosas; y al film Carros de fuego. Todo esto ayuda a crear un texto nutrido, y conforme el lector vaya leyendo poema tras poema, se sentirá casi agotado, pero profundamente contento, porque “no es hartazgo el que siente el cuerpo saciado de otro ser acostumbrado a él, amado a la vez. ¡La situación es que no va más allá!”.

“Damos vueltas. El mareo exponencial nos debilita, nos atribuye la llegada de las estrellas. Sabemos que en el fondo de las almas una oscuridad nos debilita”. Y, al final, “me duele todo”. Pero no es el final porque en el próximo poema, “Senda y plena música de las esferas…”:

Habremos de guarecer al fondo tempestuoso
Recostados encima del carrizal que nos acoge
Nos movemos con una furia que nos viene
Del mismo fondo pavoroso de la naturaleza…

Entre todos los altibajos de las relaciones amorosas y, a pesar de todo, “Lucen nuevos vientos en las candilejas que el amanecer prodiga, entre los trinos salvajes despuntando el alba”. Hay esperanza. ¡Hay amor!

Miguel Garnett
Últimas entradas de Miguel Garnett (ver todo)

Notas

  1. Cf. “Erótico o pornográfico”, de Eduardo García Gaspar. En: ContraPeso.info.
  2. Wikipedia: Haikú.
¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio