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El reposo de la tierra durante el invierno, de Andrea Zurlo

miércoles 17 de octubre de 2018
“El reposo de la tierra durante el invierno”, de Andrea Zurlo
El reposo de la tierra durante el invierno, de Andrea Zurlo (Trabalis Editores, 2018), fue finalista del Premio Planeta 2016. Disponible en Amazon

El reposo de la tierra durante el invierno
Andrea Zurlo
Novela
Trabalis Editores
San Juan (Puerto Rico), 2018
ISBN: 978-1942989493
274 páginas

Cuando somos niños el mundo se ve de manera distinta. De hecho, gran parte de nuestros recuerdos se ven distorsionados debido al cambio de perspectiva que tenemos entre la infancia y la madurez. Cuántas veces no nos ha pasado que una estancia la recordábamos más grande o una ventana más alta de lo que nos parecen cuando las volvemos a ver. Incluso es posible que estas recreaciones tengan agregados irreales que idealizamos, pero que necesitamos para poder completar aquellas remembranzas poco nítidas. ¿Cómo construir la propia vida a partir de esas levísimas improntas del pasado? ¿Cómo hilar la vida de una familia con estos fragmentos? El reposo de la tierra durante el invierno es una novela que tiene como narradora a la propia protagonista, quien echa la vista atrás para contarnos sus memorias. Pero lo dicho, en la niñez el mundo parece velado; la mirada es inocente y el entorno de los adultos resulta complejo e ininteligible. Con este abordaje, Andrea Zurlo nos acerca a la vida de una familia que desde finales de los años 60 hasta comienzos de los 80 coincide con una etapa convulsa en la historia de Argentina.

La historia gira en torno a un pequeño núcleo familiar integrado por los padres y dos hermanas: la protagonista/narradora del relato (cuyo nombre no nos es revelado) y Ana, su hermana mayor. La novela nos cuenta los días de colegio del personaje principal, los problemas matrimoniales por los que pasan sus padres, su relación con Ana, con sus mejores amigas (Gaby, Robertita y Johanna) y con otros parientes cercanos. Sin olvidar su idilio con Tomás, su primer novio; hablar de “primer amor” sería decir demasiado (la misma narradora aprende rápido que todo es efímero y que “‘siempre’ es una palabra de adolescentes” que ya no tiene sentido desde la madurez, periodo desde el que nos cuenta su vida). Estas vivencias discurren paralelamente a la historia reciente de Argentina. A través de los recuerdos de la narradora el lector se puede adentrar en el sórdido contexto político-social de la época, a través de ese lenguaje naíf propio de la juventud, aunque esta mirada infantil vaya evolucionando conforme el personaje entre en la adolescencia. Finalmente, ciertos sucesos le harán entrar de golpe en el mundo de los adultos.

Hay una sutileza narrativa que no desvela con claridad todos estos incidentes. Sólo pueden hallarse retazos de la historia expuestos desde la perspectiva cándida de la narradora.

Gracias a esta estrategia narrativa de Zurlo, uno puede conocer el contexto salvaje que vivieron algunas generaciones de este país sudamericano. Hechos que se suavizan, como se ha mencionado, gracias a que la descripción se configura desde los ojos pueriles del personaje principal y, por ello, se produce un constante efecto amortiguador que los hace más llevaderos e intrigantes. Porque en el fondo, El reposo de la tierra durante el invierno persigue contar algunos de los sucesos históricos que fueron significativos para la Argentina contemporánea. La novela parte a finales de la década de los años sesenta y, como es sabido, uno de los antecedentes de este periodo se sitúa en la llamada Revolución Libertadora de 1955 que derrocó el gobierno de Juan Domingo Perón a través de una dictadura cívico-militar. Se suele aludir con ello a la implantación del terrorismo de Estado en el que hubo fusilamientos de civiles y militares, entre otras acciones. Debido a este levantamiento, Perón tuvo que exiliarse en España. También con ello dio comienzo una época de inestabilidad para este país en cuya memoria quedarán grabadas manifestaciones e insurrecciones populares como el Cordobazo, el Rosariazo o la Noche de los Bastones Largos (una represión violenta contra manifestantes universitarios en la Universidad de Buenos Aires). Todas estas eventualidades fueron perpetradas durante la dictadura del militar Juan Carlos Onganía.

También a través de este libro se puede revivir cómo, después de diecisiete años de exilio en España, Juan Domingo Perón vuelve a pisar suelo argentino. A su vez, se puede conocer de la victoria electoral de Héctor José Cámpora (1973), designado por Perón como su delegado personal, ya que él mismo tenía una restricción para la presidencia. Una estrategia para que Perón pudiera recuperar por tercera vez el poder del país. Un placer que le duraría poco tiempo pues muere en 1974, quedando su segunda mujer, María Estela de Perón, conocida como Isabelita, a cargo de la presidencia desde ese momento. Isabelita tampoco podría ostentar durante mucho tiempo el mando del gobierno, ya que en 1976 comienza el conocido Proceso de Reorganización Nacional, que no es más que otro golpe de Estado. Esa dictadura de la historia reciente de Argentina (1976-1983), que evoca esos conocidos apellidos Videla, Viola, Galtieri y Bignone, llevó el terrorismo de Estado a las calles de este país causando más de treinta mil desaparecidos, según estimaciones de organismos de derechos humanos.

Sin embargo, hay una sutileza narrativa que no desvela con claridad todos estos incidentes. Sólo pueden hallarse retazos de la historia expuestos desde la perspectiva cándida de la narradora. Hechos que subyacen a la vida de una familia más o menos acomodada que se viene a menos dada la vorágine de los impetuosos acontecimientos que vive el país. Quizá por esta razón el texto está bañado de melancolía. La narradora tiene la sensación de que los primeros años de su infancia fueron felices: “Yo añoraba el pasado”. No porque se vivieran tiempos de quietud, pues como se habrá visto la inestabilidad argentina venía de mucho tiempo atrás, sino porque en aquel tiempo la protagonista todavía tenía una familia unida, sus padres se querían, la relación con su hermana era llevadera, e incluso el colegio religioso al que asistía le brindaba una aparente felicidad a lado de sus amiguitas. Por parafrasear a Miguel Hernández, el odio se amortiguaba detrás de la ventana de ese apacible hogar.

Pero el odio terminó por colarse y los tiempos revueltos pasaron factura.

Hay un concepto del que se habla mucho a lo largo de la novela: el miedo. Toda la sociedad vivía con miedo. Vivían en “una guerra que no era una guerra”, estaban en “un combate oculto y sucio”, según dice la narradora. Por eso es que la protagonista vive esta realidad como un cúmulo de prohibiciones. Ya no se le permite salir a la calle con tranquilidad. A cada paso que da encuentra una advertencia. Todo su mundo se convierte en una amenaza: la idea de una bomba, una manifestación violenta o el peligro que las mismas autoridades militares significaban. Desde el golpe de Estado la vida de la familia y de todos está controlada. En palabras del personaje principal: “Nos creíamos libres, simplemente ignoraba lo que era serlo”.

El reposo de la tierra durante el invierno es una obra dinámica, con intriga, ya que el mismo desconocimiento de la narradora/protagonista sobre la realidad que le rodea mantiene al lector también ignorante de los acontecimientos que se van fraguando.

También El reposo de la tierra durante el invierno nos muestra las desigualdades sociales. Pese a todos los infortunios que rodean la historia de esta familia, el lector puede darse cuenta de que su situación es probablemente mucho mejor que la de otros argentinos. Se trata de un núcleo privilegiado: las niñas van a un colegio religioso y privado. La familia cercana puede permitirse viajar al extranjero e incluso algunos de ellos, dados los tiempos que se están viviendo en el país, deciden irse a vivir a Estados Unidos. En una escena, siendo ya la protagonista adolescente, sale de paseo con algunos amigos de su instituto. En un momento se encuentran con unos chicos de piel oscura que “vestían ropas modestas y llevaban zapatillas agujereadas, no los mocasines a la última moda de los nuestros” y terminan enfrentándose. Cuando hacen acto de aparición los militares “al instante sabían a quién debían castigar”. Así que el libro también trata de los invisibles y de esa “pobreza congénita” que en ese contexto distinguía a unos de otros. Sin embargo, esos privilegios no les protegerían para siempre. A río revuelto, ganancia para pescadores, y eso mismo pasa en la novela. Incluso la narradora, por muy ajena que se intentara mantener del contexto que la rodeaba, no va a poder librarse de vivir un suceso que le marcará de por vida. Cómo llega a él, cómo en su infancia comienza a trazarse ese sino, es lo que esta novela nos cuenta.

No podemos dejar de mencionar que El reposo de la tierra durante el invierno ha sido finalista del Premio Planeta 2016. No es de extrañar, pues se trata de una obra dinámica, con intriga, ya que el mismo desconocimiento de la narradora/protagonista sobre la realidad que le rodea mantiene al lector también ignorante de los acontecimientos que se van fraguando. Además, a través de notas a pie de página, permite que cualquier lector pueda conocer o profundizar en aquellos acontecimientos históricos que transcurrieron en la Argentina de la época.

Aunque la novela, como se ha dicho, está bañada de una especie de melancolía, también hay distancia. La narradora recuerda su infancia y pronta juventud desde lejos (otro país). Trata de configurar un pasado con esos fragmentos que su memoria le brinda. Pero si lo hace es porque ahora se siente a salvo y fuerte para poder hacerlo. El lector tendrá que juzgar si esa mirada hacia atrás es una catarsis por la vida que le ha arrebatado un gobierno facineroso o una añoranza por ese pasado que no fue.

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