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Hablemos, de Octavio Santana Surez

Hablemos, un libro que pide releer sus sentencias

• Jueves 27 de diciembre de 2018
Octavio Santana Suárez
En Hablemos, de Octavio Santana Suárez, el pensamiento fluye en breves párrafos punzantes, que nos golpean y piden respuesta.

Nota del editor

Ofrecemos a nuestros lectores el prólogo del catedrático Antonio Núñez Ordóñez a Hablemos (Baile del Sol, 2017), recopilación de ensayos filosóficos del escritor español Octavio Santana Suárez, quien en este libro —en palabras del prologuista— “usa la fuerza de la lingüística para hacer brillar la libertad del espíritu”.

¿Ensayo filosófico?, ¿diálogo socrático?, ¿vivencia intelectual?, ¿cosmovisión intuida? Quizás esta obra sea primariamente un inmenso poema del pensamiento. ¿Aventura personal de un espíritu inquieto?, ¿inteligencia emocional en estado puro?, ¿viaje al centro del alma humana?, ¿impulso al más allá del Cosmos? Esta poderosa obra de Octavio Santana Suárez es algo de todo esto, pero sobre todo es lo que expresa en la sola palabra de su título: “Hablemos…”. El autor, perfectamente consciente de la profundidad del pensamiento humano y del poder expresivo del lenguaje, pero también consciente de las limitaciones fundamentales del hombre ante el gigantesco océano de lo existente, parece querer resumir toda la riqueza reflexiva, literaria y poética de su obra en una sola actitud, en el acto humano más sencillo y básico, un hecho que nos constituye en persona y en sociedad: el diálogo. Es esa incisiva y decidida propuesta, “hablemos”. Nos plantea una conversación entre amigos, entre dos amigos, un diálogo sincero con el lector, en el que se desborda un pensamiento complejo que quiere ser contrastado, compartido, que pugna por salirse del papel impreso y averiguar, escuchando, las preguntas y respuestas del lector a esos mismos interrogantes. Una actitud sencilla de hablar y de escuchar, lejos de todo aparato erudito o crítico, en medio de palabras sumamente precisas, expresivas, coloristas, sugerentes, abstractas, evocadoras, espléndidas, propias del género poético, del arte. Un arte construido con el lenguaje y el pensamiento.

Las reflexiones hechas por cientos de figuras eminentes del pensamiento humano, desde los albores de la civilización, aparecen una y otra vez atraídas por el flujo de las ideas que el autor nos plantea con la naturalidad de quien se encuentra a gusto entre ellas, en su casa, con los suyos. Toda esa riqueza que Santana Suárez ha bebido directamente en las fuentes, y que ha meditado en sus frecuentes soledades viajeras y en el silencioso calor del hogar familiar, aparece tejida con el hilo del propio espíritu con el que es muchas veces acogida, otras críticamente rechazada, y se nos da elaborada en una prosa poética vibrante. El pensamiento fluye en breves párrafos punzantes, que nos golpean y piden respuesta, siempre interesado el autor por descubrir lo que en ese tesoro “vemos” también cada uno de nosotros.

Es fácil encontrar estas claves del libro en el propio texto. “Puesto que comprenderse precisa de comprender, columpiémonos por el tiempo con la familiaridad del viento por las olas, analicemos el tesoro lentamente acumulado, no califiquemos de agotado lo acaecido sino de manantial incesante de enseñanzas, ¿sujeto y objeto no cooperan en conflictiva cercanía..?, brindo por ahondar en los viejos pozos que ahondan la dignidad. ¿Y de qué retórica tirar?, el talante ordinario ataca con más respuestas que preguntas, la elegancia persuasiva conmina a plantear interrogantes y no a asentir por asentir… La escritura parece no representar la objetividad que refleja, la partitura tampoco parece representar la música… (la lengua) repite lo que el corazón piensa —bajo las varias lenguas palpita una poética, y ahí depositan sus sedimentos los ritmos más universales de la existencia inteligente”.

Estamos ante una obra profundamente original, nada encasillable en un género, fácil y difícil de leer a un tiempo.

Así, una pasión análoga a la fuerza destructiva de Nietzsche en La voluntad de poder y en Más allá del bien y del mal se transmuta en Santana Suárez en una pasión constructiva “del más acá”. Y ese viaje ciego, sin fin, de Popper en Búsqueda sin término se reencuentra en esta obra con la finalidad última de la existencia pensada, aquella finalidad por la que todo recibe un grandioso sentido. Si Lévi-Strauss ha utilizado el modelo lingüístico para construir una antropología estructural llena de determinismo computacional, Santana Suárez —también viajero entre tribus primitivas— usa la fuerza de la lingüística para hacer brillar la libertad del espíritu. En ese contexto, al presentar este libro deseo imitar a Rheticus, primer editor de la obra de Copérnico, al recordar con él que “quien quiere entender debe tener libre pensamiento”. Santana nos hace vislumbrar esa capacidad de volar en libertad sin perder las referencias, la orientación de nuestro vuelo, para llegar a la preciada meta.

Estamos ante una obra profundamente original, nada encasillable en un género, fácil y difícil de leer a un tiempo. Difícil y oscura si se presta más atención a los pensadores que al pensamiento. Fácil si se lee despacio, saboreando cada párrafo, como puntos para una meditación personal que el autor quiere provocar — más que dar hecha— y para la que aporta preguntas y paradojas, dilemas y contrastes dialécticos, claroscuros de las ideas que fluyen y recalan. Es un libro para meditar y reposar. Que pide releer acá o allá sus sentencias. Aunque sólo sea por la musicalidad y la fuerza que en ellas siempre se encuentra. Nos acompañará en la soledad de nuestros propios interrogantes, y en la seguridad y alegría que generan las convicciones compartidas. Sin perder de vista las ciénagas de miseria, ahondaremos en el viejo pozo de nuestra dignidad. Nos ayudará a mirar hacia arriba y a volar alto, en búsqueda siempre de las mejores respuestas.

Antonio Núñez Ordóñez

Antonio Núñez Ordóñez

Investigador español. Es catedrático de Tecnología Electrónica de la Universidad de las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), casa de estudios donde dirige el Instituto Universitario de Microelectrónica Aplicada (Iuma).
Antonio Núñez Ordóñez

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