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Mundo Neverí, de Josu Landa

• Sábado 6 de abril de 2019
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“Mundo Neverí”, de Josu Landa

Mundo Neverí
Josu Landa
Poesía
Editorial Monosílabo
México, 2019
ISBN: 978-607-98234-2-9
72 páginas

En alguna página de Viaje a las regiones equinocciales…, Humboldt registra su asombro al señalar el contraste en el comportamiento entre los caimanes del Orinoco y los del Neverí, la violencia de aquéllos y la mansedumbre-temor de éstos, a los cuales observó en contacto con el poblador originario; aquellos sobreviven a pesar de la depredación, los del Neverí son memoria, apenas un recuerdo, una duda en el habitante actual. Josu Landa (Caracas, 1954) ha publicado Mundo Neverí (México, 2019), un viaje por este lugar de las regiones equinocciales, un viaje humboldtiano, un recorrido por el mundo del Neverí que a más de doscientos años de ser visto en su esplendor por Humboldt y Bonpland, testimonia en la voz poética de Landa la ingratitud del habitante actual, para quienes, más allá de toda advertencia, el río no parece ser la vida, mientras en un por si acaso “El ojo aguza su luz hacia alguna traza de aleta / alguna mandíbula de caimán en el resol”.

El río está en el poema, es el poema, se corporeiza, es presencia percibible, se puede tocar.

Y es que poco queda de la hidalguía de esa corriente que alguna vez fue llamada río Bravo, disminuyéndose cada vez más sin inspirar temores mientras desciende en la cautividad de su cauce hacia la sal: “¿de veras quiere el río llegar al mar? / perderá sus tatuajes de luz / perderá sus remolinos (…) perderá su entraña de ave y pez (…) perderá lo que le queda de agua dulce”, ya no entraña amenaza, sólo atisbos de su grandeza se asoman en sus 110 kilómetros de tránsito hacia el mar, su tiempo rebelde ha pasado, tan sólo son recuerdos que el tiempo apaga y los vuelve olvido, el olvido de quien alejado de sí mismo lo habita cotidianamente, y ajeno a cualquier circunstancia, lo ignora, resistiendo sólo en la poesía: “la brisa viene al encuentro de uno / con sus aires de frescor y agua virgen”, “Ojo con lo que el ojo ve” cuando “Deslumbra la garza íngrima”, creando lugares para la memoria, como el que fragua Josu Landa en los textos que hacen de Mundo Neverí un diario-diálogo con el río y su entorno, que por momentos pareciera transcurrir desde un único lugar, un puesto de observación, pero que en realidad es un recorrido vivido, humboldtiano —decíamos—, que ve y aprecia todo lo que en su andar descubre y que en esa faceta de explorador va registrando meticulosamente en el poema: el caimán, la garza, el pez, la paraulata, la cotúa, el cangrejo, la hoja, la flor, el silencio del árbol, lo que queda, lo que se fue, lo que la furia urbana depreda; palpa y precisa lo perdido, ese vacío, un “fulgor de ausencias”, lo ido, lo que no retorna, que a pesar del designio filosófico de nadie bañarse dos veces en el mismo río, se quiere vuelva a ser el río, no este que marcha herido dejando de ser y no es un lamento o un sentir lastimero, elegíaco, no, es asirse a la esperanza, dar algo más allá de la palabra, más allá del poema “…ahora que el río oscurece / daría todo por tener en mis manos un año-luz”, acaso una consagración del tiempo y el espacio que lo reviva, que lo resarza de “la indolencia abisal del entorno”.

La palabra muta, adquiere la dimensión del ser, el río está en el poema, es el poema, se corporeiza, es presencia percibible, se puede tocar, ver ese volumen de agua ir hacia el mar, sentir el follaje y la fauna que lo habita: “El ojo-sol del mediodía en la ribera: / escándalo de las aves que se fueron: / vacío de los cardúmenes que no volverán: / triste mudez del manglar perdido y de sus hijos / ya olvidados: / fulgor de ausencias que no se pueden decir” resistiendo el peso avasallante de una ciudad para la cual el río es un instante que no siente, que no vive en ellos: “mierda y basura contra la secreta limpidez del río: / la pez contra el pez / mientras los automóviles cruzan el puente / como si nada / sofocando el cielo con sus malos humos”. Y es que, más allá de Heráclito, el río pasa y queda, el poeta lo hace memoria permanente, hace que sea una y otra vez el mismo río, y lejos de cualquier duda, descubrir “lo que se fue con el agua”, aprender “lo que quedó en el mar de la memoria” y esperar “lo que vendrá con el agua”.


Poemas de Mundo Neverí, de Josu Landa

1

el silencio del agua en el río
………el silencio del agua en el pozo
………el silencio del agua en la nube
………el silencio del agua en el silencio

 

16

¿de veras quiere el río llegar al mar?

………perderá sus tatuajes de luz

………perderá sus remolinos
………………….su sangre de barro
………………….su banco de sombras y astros

………perderá su entraña de ave y pez
………………….su oscuro lomo de saurio

………perderá lo que le queda de agua dulce

 

22

Deslumbra la garza íngrima

………tan divina en medio del detritus

………tan nieve en espíritu de trópico

………contraluz de una exuberancia ida:

………pecio ya de un edén en ruinas

 

38

entre lirios y cloacas
………el agua viva sortea todos los venenos
………todos los señuelos
………hasta dar con la sal pura en el vientre de la mar
………con el sol puro al borde del horizonte

Fidel Flores

Poeta, ensayista, editor y antropólogo venezolano (Pueblo Nuevo del Caris, Anzoátegui, 1955). Ha publicado De las manos que parten y se pierden (1984), A nuestras puertas (1991), Textos de ausencia (1992), Remero del adiós (1996), Papeles del río (2005), Vestigios (2007), Días de azar (2011) y De poetas y otros textos (2014). Su obra ha sido traducida al árabe.

Sus textos publicados antes de 2015
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Fidel Flores

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