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Perro Verbal, de José Tomás Labarthe
La trizadura del espejo es otra arruga

sábado 22 de febrero de 2020
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“Perro Verbal”, de José Tomás Labarthe
Perro Verbal, de José Tomás Labarthe (Pequeño Dios Editores, 2019). Disponible en la web de la editorial

Perro Verbal
José Tomás Labarthe
Poesía
Pequeño Dios Editores
Santiago de Chile, 2019
ISBN: 978-956-8558-60-4
88 páginas

Los elementos

Si esto fuera una novela o una película la sinopsis sería así: un hombre en su auto recorre (ida y vuelta), de lunes a viernes, los 67,2 km que unen y separan la ciudad de Curicó y Talca. El hombre trabaja dando clases en una universidad local y tiene una esposa e hijos que cuidar en un lugar sólo seguro para unos cuantos. Pero esto es un libro de poemas, y su afán no es sintetizar el universo en un ser humano (esto es la región del Maule y no el Newark de Philip Roth). La propuesta parte con la lúcida intuición de que el tormento familiar de un hombre normal no tiene la obligación de reforzar identidades ajenas, ni de pintar épicas criollas sólo por jugar al no lugar.

Entonces el asombro de este libro puede estar en la fisura de un hablante que intenta autoinventarse para levantar una taxonomía íntima que le permita ordenar las piezas del cotidiano en esa marcha rutinaria de los ochenta y tantos minutos al volante. Sentado en la máquina la vida se vierte en literatura y da cuenta del lenguaje de un mundo posible y por descubrir. El asombro se despliega en un playlist de literatura y pop rock angloamericano, que urde una taxonomía compuesta de acciones que le permiten soportar esas cosas, que según Bukowski suelen quebrar a los sujetos: “No son las cosas importantes las que llevan a un hombre al manicomio. Son la cadena del baño que se ha roto y la instalación de la luz que se ha quemado, la luz de la entrada, la luz del frente, la luz de atrás, la luz del interior, los contratos, los despidos, el estreñimiento y las multas por exceso de velocidad”. Otro punto, a partir del parafraseo de Chinaski: aquí no estamos frente ante un poeta-conductor lechuguino que llora sus penas en la punta del este porque su noviecita lo ha dejado. Lo que pasa al interior de la cabina es el aguante de algo que en un corto cambio de luces puede capotar: la familia.

¿Y cómo llega este hombre a ser un Perro Verbal? Recuerdo un cuento de Kafka, Investigaciones de un perro, donde la primera capa alegórica da múltiples signos de que el hombre, en términos sociales, es igual a una jauría, donde el agobio, la obediencia, el dolor y el amor son la carta madre para la sobrevivencia. Sin embargo, esta transformación, al decir de Carla Cordua, tiene un segundo espesor: estos animales kafkianos piensan como hombres, a pesar de que no tienen lenguaje. Este principio lo aplico a este Perro Verbal, la liricidad del poema no basta, hay ideas sobre la vida que ordenar y eso ya es una montaña por subir. Cito a Kafka: “Entonces no sabía casi nada del don creativo musical conferido exclusivamente a los perros; había escapado a mi poder de observación que se hallaba en lento desarrollo; tal vez porque la música me rodeaba desde la lactancia como elemento vital cotidiano, indispensable, que nada me obligaba a diferenciar de la vida misma”.

Es muy de mañana y el auto debe arrancar. También el libro.

 

Perro en el escenario

La primera parte del libro se llama “Infinitivo”, compendio de acciones que no tienen tiempo, persona ni número, y que necesitan, para existir, la ayuda de otro verbo. Perro Verbal se presenta y no recurre al autorretrato parriano, no es necesario; aquí la estrella es la edad del susodicho, que despliega una suerte de charada patafísica acerca de la vida que se escurre como la canción de Buddy Richard. Cito un fragmento del poema “33 años menos”:

La edad de Cristo
Casi la edad de Rodrigo Lira
Sin duda la muerte de Manuel Rodríguez
Y el nacimiento de Altazor

Suma y sigue: Elvis aparece en 33 películas, 33 es la puerta de entrada a la crisis de la mediana edad (a PV le faltan sólo dos años para dejar de ser oficialmente un joven) y al final la guinda de la torta cumpleañera es: la canción “33 años”, de Julio Iglesias, que fue uno de los singles más exitosos del disco A mis 33 años, lanzado en 1977. Tarea parriana: después de terminar la lectura del libro calcular la edad actual de Julio y chequear el track 6, “Seguiré mi camino”. Ideal para pasar por San Rafael o Itahue y soñar con el kilómetro 33 de la carretera DF México-Cuernavaca.

En el poema “Modo mindfulness” la lista de tareas se enfrenta sin la pregunta romántica del Gato Alquinta: “¿Dónde estabas tú? Cuando había que: sacar la basura, hacer las camas, ordenar las cosas, conversar un poco, salir a comprar, limpiar el futuro, lustrar la razón”. PV replica en el poema:

Volver sagradamente a la casa
Entrar a la hora maldita
Poner el pijama a los niños
Recitar Sinfonía de Cuna
Prender una vela, un incienso
Apagar las ampolletas, parlantes
Comer por segunda vez en el día

Si PV no le da bola al gato, menos se la dará a esa trova refrita que habla de la compañera. Al final del día, cuando la hora de la gravedad de las siete de la tarde ha pasado (Armando Rubio dixit), PV sólo quiere tener suerte en la cama o leer a Cormac McCarthy.

Las minas enterradas en el tablero marital son diversas. Así lo advierte PV en el poema “Carta infinita de ajuste”:

Hay múltiples formas de ser agresivo
Inagotables modos de ejercer violencia
Incontables caminos para dar rienda suelta
A una espeluznante pelea matrimonial

PV presenta en este poema catorce posibilidades para que la pareja ideal de Lihn, esa que no estuvo a la hora justa ni en el momento oportuno, sean advertidos y entiendan que el drama de no haber conseguido un departamento era sólo un remanso de luz ante el racimo de explosiones que seguro llegarán.

 

El perro, el laburo, lo doméstico y el amor

La segunda parte del libro se llama “Imperfecto” y es donde están los poemas más narrativos, donde PV intenta describir la mixtura del amor de pareja y la brega rutinaria de la máquina laboral y lo doméstico. En el poema “Asuntos de pareja” PV le propone a su amor:

Obviar las continuas faltas de disciplina de los hijos
o el incordio con el gásfiter porque se filtra una cañería

El catálogo suma y continúa:
la incesante alza de los gastos comunes
la actitud pendeja del vecino
el remedio para la jaqueca
el jarabe para la tos

Recuerdo un poema de Alejandra Pizarnik, que Redolés, en cierto modo, popularizó en uno de sus discos noventeros. El título tenía que ver con estar en un sueño donde el silencio era el oro y el perro del invierno dentelleaba una sonrisa. Si no hay honestidad en la conversación, nos dice PV, es mejor leer a Cheever o hundirse en el celular. Duro, pero más saludable que llegar, al decir de Charly García, a estar como el amor que se echa a perder, violando todo lo que se ama para vivir. La posibilidad de que PV active una de las minas en el tablero puede ser la de convertirse en amante. Hacer referencia a algún track sobre el asunto está de más. En el poema “La amante” PV imagina que su amante es innominada y que quizás lo está esperando en la pieza del hotelillo. Pero a PV no le da la energía para ser un amante al estilo José José. “La escena no resiste tanto detalle”, nos indica un verso en el poema. Debo insistir en que la lucha de PV es resistir y batallar contra todos los posibles focos que atenten contra la disolución familiar. Y es quizás por esto que el simulacro que PV dibuja en su mente es desolador:

En un flashback recrea
las infames decisiones:
dejar el gato, la casa
abandonar finalmente a su ex pareja
Vivir un mes en un hotel
no parecía tan promisorio
La luz, el futuro, el viento
y la ventana abierta

En los poemas “En la oficina a altas horas de la noche”, “Piña colada” y “Una plaza” el guiño hacia el mundo funcionario se hace presente. En el primer poema estamos ante una suerte de Bartleby girando en la dirección contraria, pues a pesar del hastío del carrusel laboral, PV “prefiere hacer”:

Ser el primero en ocupar el baño
o el último en apagar el computador
No hay bono
ni aumento
por recargar 2 veces al día
la batería del celular

Y esta imposición que PV tiene, por no dejar de ser útil y no sufrir por ello, se refuerza con el segundo poema, donde en una suerte de ensoñación se imagina dejando, un día cualquiera, su puesto de trabajo junto a todos sus compañeros. Marchan todos a beber, en la más completa indiferencia, una piña colada:

Así de relajados figurábamos
bebiendo piña colada
en plena Ciudad Empresarial
bajo la sombra que maquinaba
una torre de alto voltaje
con forma de palmera tropical

En el poema “Una plaza”, la figura de una empleada sola en su hogar, recién finiquitada, recién llegando de la despedida de sus colegas en el happy hour, recién sintiendo el vértigo de una borrachera suave, conforma una atmósfera al estilo de las escenas de Carver. Pienso en el poema de Eduardo Llanos “Las muchachas sencillas” y en el poema “Usted” de Erick Pohlhammer. El poema cierra como una pintura de Hopper:

Está oscuro
claro y oscuro
Está claro:
un cuerpo
sin contrapeso
una espalda reclinada
sobre el colchón de una plaza

 

Los cachorros

La tercera parte del libro se denomina “Imperativo”. Son las órdenes, los deseos, los ruegos de los hijos de este Perro Verbal. Aunque también figuran poemas que hablan de los recuerdos que PV tiene de su infancia, también está la exigencia de recordar a los padres, a los abuelos y hasta el origen de los mitos que albergan la añosa casa que habita. En el poema “Jefe en pañales” la conmoción paterna, de ver a los hijos viviendo la edad del pavo a los cinco años, es total:

Son muy barsas
Se manda las medias escenas
quieren irse de la casa
antes de abandonar el tuto, el tete
o de obtener el carnet de identidad.

En el poema “Citröen C1” el legado que el padre le ha dejado a PV es su atracción por los autos. Hasta el estilo arrogante de conducción le ha dejado por herencia. Fue el padre que le dijo qué auto comprar; es PV que resignado conduce pensando en esto y en el olor a pino en la carretera:

Esta suerte de gen dominante
por el caucho y las tuercas
la asumo con resignación mientras cruzo
la frontera que separa
el límite entre dos regiones

En la cabina suena “Eyes to the wind”, de War On Drugs: “Como un tren yendo en sentido contrario por un camino oscuro, un tren completamente cargado sacudiéndose todo el camino a casa”. Ha sido o será el día del padre y todos están la casa. Parece un domingo de buen cansancio, pero cansancio al fin y al cabo. El poema “Winter is coming” lo señala:

Pero en este día del padre prefiero
no soplar todas las velitas
(aprovecho de decirle a la Anita
que el invierno ya se avecina
y que recuerde que Eyes to the wind
es la banda sonora de mi funeral)

La casa levantada a principios del siglo pasado, la casa que ha desperdigado la leyenda en los bares obreros, la casa que tiene restos de osamentas incrustados entre los adobes, y los clavos lenteja, sirve como escenario para que PV vuelque todos estos mitos en imaginarios poéticos que en el poema “Tributo” hacen carne a través de un sueño: Bertoni y Maquieira toman té verde y conversan en el patio de PV:

Y Bertoni no paraba de relatar historias
graciosas y miserables
sobre poetas pornos japoneses
Y Maquieira
con cada aforismo minimal
con cada sentencia erótica
inventaba una nueva risa
una mueca socarrona
de llanero solitario

 

El último tramo

La última parte de este libro se llama “Irregular”. A punto de completar el viaje, la taxonomía verbal de PV parece desperdigarse hacia recuerdos que inciden en el presente. Si algo tiene este perro reflexivo es su desgarradora frialdad para asumir que su lucha, sus afanes y proyectos, necesitan de la máscara social, esa que Gombrowicz plantea en el Ferdydurke para construir la forma impuesta por los otros y así ser un “maduro”. PV se siente torturado por esa máscara, pero detrás de ella construye un mundo hecho con los desperdicios de ese mundo social superior, los mitos informes, las pasiones inconfesadas, los miedos. Es ahí donde nace una poesía fuerte y de una comprometedora hermosura. En el poema “Americana”, PV niño recuerda cuando en 1991 cogió el micrófono en un centro comercial y se largó a cantar:

y comencé a cantar
wicked games
de Chris Isaak
en el karaoke
de la pantalla gigante
Tenía 4 años
y toda la gente me miraba
con cara de
¿what the fuck?

El listado de acciones del poema “Figura paterna” batalla contra las formas impuestas y PV la pelea en su estilo:

No abandonar
como Harry Dean Stanton
en París Texas
No herir a tu hermano
como Chuck McGill
en Better Call Saul
Ser un gentleman
a la manera de Clint Eastwood
en Gran Torino

Los dos últimos poemas del libro vuelven a conectar las ideas del inicio. En el poema “5 de noviembre de 1984”, la obsesión de PV por mensurar el tiempo de vida que ha tenido y que le queda es quizás un intento por aceptar su fragilidad, entender quizás que toda la lista de acciones por hacer, para no sucumbir, constituyen una débil magia ante la desaparición final.

Juan Forn cumple 25 años
Bryan Adams cumple 25 años
Ryan Adams cumple 10 años
Yo recién aparecía
(Sam Shepard ya no está con nosotros)
El horóscopo para el dream team escorpión
no tiene desperdicio:
“El hombre nace, crece y se evapora”

El último poema es un recuerdo: “USA 1999”, un duelo de básquet, una derrota que aún se dibuja en la memoria de PV, como una trizadura en el retrovisor, como una arruga en la bisagra del tiempo:

Mientras conduzco, dieciocho años después, camino al trabajo, en la carretera, mirando la cordillera recién nevada desde la ventana de una camioneta.

Es así, el viaje de PV se ha terminado.

Claudio Maldonado

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