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Arden las zarzas, de Teresa Iturriaga Osa

miércoles 31 de marzo de 2021
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“Arden las zarzas”, de Teresa Iturriaga Osa
Arden las zarzas, de Teresa Iturriaga Osa (La Vocal de Lis, 2021). Disponible en la web de la editorial

Arden las zarzas
Teresa Iturriaga Osa
Cuentos
La Vocal de Lis
Barcelona (España), 2021
ISBN: 9788412290028
135 páginas

En 2010 publicaba Teresa Iturriaga un libro de ocho relatos bajo el título de Desvelos, pero la diversidad de historias y de protagonistas no constituía más que una forma aparente de transmitir un único mensaje: la denuncia del secular acoso y maltrato de que han sido víctimas las mujeres en todo el orbe y sin distinción de razas, edades y clases. Ahora vuelve Teresa, con mayor experiencia literaria y con dominio absoluto de forma y contenido, a abordar este espinosísimo problema con nuevos y hermosos artificios, aunque no desde la perspectiva de las mujeres como víctimas, sino como un compendio de ejemplos dispuestos en un orden aleatorio en los que las protagonistas se muestran como reclamos de actitudes, roles y sendas hacia la igualdad entre mujer y hombre dentro de sociedades marcadas por viejas convenciones y durísimas restricciones. Constituyen estas historias un llamado clamoroso a la sólida unión del mundo femenino en el movimiento de lucha contra una injusticia sin nombre como si ellas hubiesen nacido con delito. Así consta en el excelente poema que abre el libro (“Mujer, Llave de oro”) a modo de preámbulo. En este sentido, la obra tiende la mano al feminismo serio y comprometido, pero también rezuma feminidad en su arquitectura, en el manejo del lenguaje y en la fina sensibilidad que asoma en todos los intersticios de las palabras que se suceden desde el principio hasta el final.

Se trata de un compendio de seis relatos o historias de siete ejemplos de mujeres que vivieron momentos que se han contado en mayúsculas pero que, sin embargo, estaban amenazados, con mucha mayor virulencia que la de hoy, por la adversidad y la marginación de la mujer. Son muchas y grandes las cualidades que ofrecen todas sus páginas. Nada más hojearlo, llama especialmente la atención la disposición y forma de estructurar el contenido porque la autora elige tanto la poesía como la prosa en una combinación muy original. No estamos ante un hibridismo caprichoso. Es más, diría que la doble naturaleza de Arden las zarzas, es decir, lo que cuenta objetivamente y lo que emociona o hace sentir, llama a la mezcla formal, a la justificación de un género mixto. De tal forma están soldadas poesía y prosa que todo el texto se ofrece como una labor de bordado femenino en el que los poemas (doce en total) se ensartan, o “se enzarzan”, como dice Teresa, entre los distintos relatos, de forma que a cada historia la autora le asigna un poema de apertura y otro de cierre, y todo queda perfectamente enhebrado, como lo están el comienzo y el final del libro con sendos poemas que sirven de exordio y recapitulación respectivamente.

Teresa Iturriaga, con total acierto, ha querido brindarnos esta excelente introspección de las siete mujeres para demostrarnos que para ellas el tiempo no se había parado.

A ello es preciso añadir que la objetividad de la prosa, en la que por lo común las palabras están dentro de su área de confort, es decir, en un ámbito más propiamente denotativo, está magistralmente complementada por la forma mágica del verso, o bien por un lenguaje más críptico en el que las palabras se someten a combinaciones y encuentros inesperados para el lector, pero que, sin embargo, aportan una gran carga emotiva y estética. Aun así, los poemas ensartados con los relatos no dejan de mantener una especial relación intertextual que se sustenta en asociaciones pragmáticas e implicaturas cuyos referentes son los personajes de los que se narra sintéticamente su historia, es decir, los poemas expresan en otra dimensión lo que expresan también los relatos. Sutilísima forma de demostrar la autora cómo desea llegar a sus destinatarios.

Las siete mujeres para seis relatos (Lady Sarah Forbes, María Walewska, Leonora Carrington, Carmen Tórtola, Madame de Stäel, Octavia y Cleopatra) fueron “zarzas ardientes” que no quisieron consumirse sin dejar testimonio de su paso por la vida, pero es que esa certificación que ellas mismas firmaron y rubricaron con sus actos, con sus alegrías, pero también con sus tropiezos y desconsuelos, sin duda continúa teniendo la misma validez notarial en la actualidad, y con mayor razón porque, si rebobinamos la historia y nos paramos a desentrañar la intrahistoria, o la letra menuda y ya desvaída de tanto buscarla, las vemos marcando el paso, adelantándose, en avanzadilla, a todas las épocas, como ejemplos de valentía, de riesgo y de lucha. En su contra, podría decirse que la pertenencia a una clase poderosa e influyente, o, como en el caso de Carmen Tórtola, su dominio para atraer la atención de quienes de alguna forma figuraban en los cuadros de honor de la intelectualidad y de la política, les sirvió de catapulta para hacerse más visibles que otras, pero hay que tener presente que en la clase de que hablamos estaban más arraigadas las convenciones y los patrones estrictos de vida social, obstáculos que ellas habían de salvar no sin sufrir menoscabo y ruina de su prestigio.

Teresa Iturriaga, con total acierto, ha querido brindarnos esta excelente introspección de las siete mujeres para demostrarnos que para ellas el tiempo no se había parado ni se habían esfumado sus aspiraciones de libertad y, sobre todo, de igualdad y respeto. Yo creo que estamos ante una matrícula de honor en saber crear materia literaria con un mensaje tan bien logrado y tan necesario.

Vicente Marrero Pulido
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