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Un hombre solo y mal acompañado, de Emilio Alberto Restrepo:
la unidad residencial, un nuevo microcosmos urbano rescatado para la literatura

jueves 24 de junio de 2021
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“Un hombre solo y mal acompañado”, de Emilio Alberto Restrepo
Un hombre solo y mal acompañado, de Emilio Alberto Restrepo (Grámmata Editores, 2021).

Un hombre solo y mal acompañado
Emilio Alberto Restrepo
Ilustraciones de Carlos Marín
Cuentos
Grámmata Editores
Medellín (Colombia), 2021
ISBN: 978-958-49-2293-9
108 páginas
Ventas: emiliorestrepo@gmail.com

El último libro del escritor colombiano Emilio Alberto Restrepo, Un hombre solo y mal acompañado, es una colección de cuentos que relatan la condición de un hombre solitario y conflictivo, acorralado por sus neurosis y compulsiones, que por motivo de la pandemia se encuentra de súbito abocado a enfrentarse a situaciones cotidianas y a cohabitantes de su edificio con los que no estaba acostumbrado y sobre los cuales se le disparan una energía y unas acciones difíciles de clasificar.

Me explico: el protagonista (cuyo nombre desconocemos) de un día para otro se descubre haciendo trabajo en casa, saliendo de una rutina de quince y más horas diarias en su oficina, dándose en la cara con personas y situaciones a las que no tenía la costumbre ni el interés de confrontar. Cada uno de los cuentos, que siendo independientes siguen un hilo narrativo, nos narra sus vicisitudes y describe la dificultad de establecer una convivencia adecuada con el resto de los habitantes. Esto le desata sus peores neurastenias y lo confronta con su intolerancia y sus rabias contenidas.

En ese tránsito se enfrenta a personajes de la vida real que no está acostumbrado a tratar, por su carácter reservado y huraño. Y esta es una de las sorpresas que trae este libro: unas aventuras que no dan respiro, una tras otra el enfrentamiento con situaciones llevadas a un límite con vecinos abusivos o indolentes, con personas acosadoras, con ciudadanos descompensados en la mitad de un delirio, con empleadas explotadas, y hasta con verdaderos delincuentes del crimen organizado. Todo, cubierto con el fantasma del Covid-19, situación latente pero apenas mencionada. Ah, y perros por todas partes. La acción no da tregua, sale de un lío para meterse en otro, pero no son situaciones forzadas sino que se deslizan de la manera más natural fluyendo a través de una narrativa que de verdad atrapa el interés del lector, como cuando a uno le cuentan un chisme que pareciera que lo que viene es la mejor parte, lo que no deja dudas de que Restrepo es un narrador potente, curtido en el oficio, que se lo goza a la par con el lector, contando como que es un viejo amigo, un cómplice con el que se tiene el entretenimiento garantizado.

Además de las buenas historias (y bien contadas) hay otras dos fortalezas en este libro: un personaje poderoso, estructurado, bien caracterizado. Olemos su neurosis, sentimos su ansiedad y compartimos sus compulsiones. Lo acompañamos en sus aventuras y sufrimos cuando pensamos que algo puede salirle mal. Es notable la caracterización del protagonista y es un punto a favor del escritor. Ya alguien dijo que, si el personaje es fuerte, lo de menos es la historia. Y en estos cuentos conectados por un personaje común, encontramos que las historias le calzan de manera simétrica y definida.

Lee también en Letralia: reseña de Un hombre solo y mal acompañado, de Emilio Alberto Restrepo, por Alberto Hernández.

Otro acierto es el entorno. Y en mi opinión es un hallazgo, pues se sale del marco de la ciudad o el barrio como escenario, que tanto protagonismo han tenido en Hispanoamérica. Es más puntual, pues plantea un microcosmos que para mí es novedoso en la literatura: la unidad residencial, el edificio, la urbanización. Es más que un espacio, es un verdadero protagonista de la acción. Vemos y vivimos las acciones en el parquecito, en los ascensores, en los parqueaderos, en los cuartos útiles, vemos y sentimos los balcones, la portería, el gimnasio. En este libro se reivindica la unidad residencial como espacio con personalidad propia, que respira a su ritmo, al margen del barrio, incluso de la ciudad. No conozco otros referentes que le den tanta identidad, que nos hagan sentir que se pueden plantear historias interesantes y personajes poderosos dentro de los límites estrechos de un condominio. E insisto, suena natural, refrescante, sin claustrofobias ni límites espaciales, pues en lugar de cerrarse, sentimos que página tras página el universo se abre y se pinta mucho del carácter humano. Del bueno y del malo. Y uno como lector lo agradece, pues le cuentan de manera eficaz cosas que uno ignora y que lo sorprenden y le permiten tener elementos para ver el mundo de otra manera.

Buen libro, buen personaje, buenas historias. Buen arranque de esta editorial con un autor que aún parece tener mucho que contar. Una bocanada de aire fresco en épocas de conformismo e incertidumbre, de hastío y de pandemias que amenazan con castrar la imaginación. Estos cuentos nos devuelven la esperanza de creer que no todo está perdido. Literatura bien escrita y entretenida hecha a la medida de nuestras necesidades en estos tiempos difíciles de definir.

Carlos Aponte Santamaría