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Mi pequeña Eulalia en una patria sin dueño, nueva novela de la colombiana Aída Yepes

miércoles 30 de junio de 2021
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“Mi pequeña Eulalia en una patria sin dueño”, de Aída Yepes
Mi pequeña Eulalia en una patria sin dueño, de Aída Yepes (Arte & Parte, 2021). Disponible en Amazon

Mi pequeña Eulalia en una patria sin dueño
Aída Yepes
Novela
Arte & Parte
Buenos Aires (Argentina), 2021
ISBN: 978-987-665-141-7
278 páginas

Bogotá, Colombia, 9 de abril de 1948: el jurista, escritor, profesor universitario, activista, orador y político Jorge Eliécer Gaitán Ayala, de cincuenta años de edad, abandona su sitio de trabajo, el céntrico edificio Agustín Nieto, pasadas las 13 horas, para afrontar una poblada agenda de reuniones y otras actividades que no llegará a cumplir. Ex alcalde de Bogotá en 1936-37, ministro de Educación (1940-41) y luego de Trabajo, Higiene y Previsión (1942-43), miembro del Congreso entre 1929 y 1948, dos años antes de ese frío mediodía bogotano se había presentado como candidato a los comicios presidenciales por el Partido Liberal Colombiano, el más antiguo y uno de los más tradicionales de su país, agrupación política de la que era entonces la cabeza máxima. A las puertas mismas del Agustín Nieto recibe cuatro balazos, tres de los cuales aciertan en blancos vitales. Sin embargo, Gaitán no fallecerá en el acto, sino casi una hora después en la Clínica Central, a pesar de todos los procedimientos médicos aplicados para conservarle la vida.

Las secuelas del cobarde asesinato del gran líder político colombiano no se reducirán al solo revuelo periodístico, las urgentes reuniones gubernamentales ni a las violentas reacciones de la población, recién enterada del magnicidio. El atentado desatará una tormenta política y social que abarcará rápidamente todo el país, conocida como “el Bogotazo”, punto inicial de una etapa ferozmente sangrienta que se extenderá por años.

Este es el marco histórico elegido por la narradora colombiana Aída Yepes para dar comienzo y desarrollo a su segunda novela, Mi pequeña Eulalia en una patria sin dueño, un singular trabajo escritural donde demuestra su pericia para entretejer hechos y circunstancias propios del devenir político, social y económico de su país, a mitad del siglo XX, con un surtido de historias secundarias y terciarias que no hacen más que resaltar la humanidad de las múltiples voces que pueblan el texto. Voces plurales que nos hablan a las claras de cómo afecta el nivel “macro” de la historia a las cotidianidades y, en definitiva, las vidas mismas del común de las personas, de igual manera que lo hace con las personalidades más encumbradas.

La destreza literaria de Aída Yepes le permite llegar a la sensibilidad del lector de un modo directo.

Difícil propuesta la de esta genuina novela coral, una sinfonía completa de variado tornasol, ya que en ella Yepes sabe cómo recorrer cabalmente ambos registros, el de los terribles hechos comunitarios que reseña, al tiempo que mide y muestra sus resonancias y sus ecos más íntimos en la existencia presente y futura de sus personajes.

Los caracteres diseñados por la narradora son de la medida justa, sin desbordes emotivos ni altisonancias descriptivas que entorpecerían la activa lectura de estas páginas. Ello nos habla a las claras de su pericia para dotar de aliento y vida propios a cada uno de los protagonistas, coprotagonistas y figuras secundarias y terciarias que habitan Mi pequeña Eulalia en una patria sin dueño, brindando a todo el conjunto una verosimilitud nunca empañada ni por un excesivo apego al registro puntual de los hechos, ni por la exagerada ficcionalización de éstos.

La destreza literaria de Aída Yepes le permite llegar a la sensibilidad del lector de un modo directo, apelando a situaciones de fuerte poder descriptivo y donde es capaz de retratar a prácticamente el conjunto de la sociedad colombiana, en todos sus estamentos, bajo los efectos de las tragedias desencadenadas a partir de ese luctuoso día de abril de 1948.

Otro mérito —y no el menor— de su estilo personal es su capacidad para edificar una estructura notablemente sólida desde el comienzo hasta el final de su extensa narración, aportándole un ritmo y una acción sostenidos y que saben muy bien cómo acaparar la atención de quien lee; mas simultáneamente manteniéndonos bien conscientes de que cuanto está narrando alguna vez sucedió, o bien en las secciones de mayor ficción de su trabajo, demostrando que esta secuencia, aquel diálogo, ese conflicto entre personajes que señala en un aparte de la novela, ciertos detalles, muy bien pueden haber sido parte de la realidad en su momento. Este equilibrio entre ficción y realidad, tan complejo de lograr que suele menoscabar —en muchas otras ocasiones— el resultado final del subgénero conocido como novela histórica, está magistralmente resuelto por la autora colombiana con hábiles trazos descriptivos que le alcanzan para pintar sin sobreabundar hondos detalles de sus personajes en breves líneas; una economía de recursos que no hace más que destacar su capacidad autoral, ratificándola página tras página.

En resumen, Mi pequeña Eulalia en una patria sin dueño constituye un más que recomendable título para su lectura en 2021.

 

La autora

Nacida en Caicedonia, Colombia, el 9 de diciembre de 1962, Aída Yepes es abogada y en el ejercicio de su profesión ha tenido también actividad política. Anteriormente ha publicado su novela inicial, La impronta (ISBN: 978-987-1477-27-2, Arte & Parte, 272 páginas, 2009), definida así: “Una ventana abierta al pasado, construida en dos planos. Uno de ellos está cimentado en un hecho real, sucedido en 1988 —la primera elección popular de alcaldes en el municipio de Caicedonia Valle. Con objetividad rigurosa, Aída Yepes pone en evidencia el entorno ético y moral en el que se despliegan sus personajes. Para hacerlo, recurre a testimonios escritos de la época: discursos, notas periodísticas, memorias oficiales y el escurridizo espectro del periodismo clandestino. Son estos testimonios, al fin y al cabo, la prueba evidente del afilado instrumento que divide y desangra la vida cotidiana de un pueblo, impregnándola de miedo y de violencia”.

Luis Benítez