“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
Saltar al contenido

La atemporalidad de la poesía
(sobre Poemas peregrinos, de María Isabel Novillo)

miércoles 29 de septiembre de 2021
María Isabel Novillo
María Isabel Novillo plasma una experiencia estética y humana en Poemas peregrinos, libro con el que obtuvo en 2004 el premio Simón Darío Ramírez. Fotografía: Francisco Itriago

Después de leer el libro de María Isabel Novillo Poemas peregrinos (Premio de Poesía 2004 Simón Darío Ramírez), reafirmamos el concepto de la atemporalidad del mensaje poético, certeza que comprobamos en su lectura.

Lo primero que se advierte es la unidad que estructura los textos a través del tema del viaje, expresado en el título del poemario y en el epígrafe inicial de Frank Kafka: “Es posible que en el viaje alguien haya logrado escapar el canto de las sirenas. Pero a su silencio… A su silencio jamás”.

Sin embargo, como en todas las palabras escritas desde la luz, la semántica del lenguaje alude a varias significaciones.

“Poemas peregrinos”, de María Isabel Novillo
Poemas peregrinos, de María Isabel Novillo (Asociación de Escritores de Mérida, 2005).

Poemas peregrinos
María Isabel Novillo
Poesía
Asociación de Escritores de Mérida
Mérida (Venezuela), 2005
67 páginas

En el presente papel de trabajo, analizaremos tres planos vislumbrados en su escritura: el recorrido entre diversos lugares, el tránsito existencial y el viaje místico del alma.

El peregrinaje a través de la geografía es la bitácora inicial de estos versos.

Se nombran varias ciudades y países en la errancia del personaje que habla:

Camino por Madrid como un paria.


Estaciones de los Austrias.


En las costas del Sur de Inglaterra.


Debía hacer calor. / Pero una lluvia fría asola las calles de Rouen.


…A las puertas de la catedral de Lima.


En las aldeas de Bolivia.


Miro el Barrio Judío de Venezia.


El mercado en la Rambla y todo el Barrio Gótico.


El vino verde de las Tabernas de Lisboa.

Sin embargo, quien se desplaza lleva una intención devota; por eso expresamente señala a los otros, en el poema “Venezia”, como: “… y el tumulto / de todos los que pasan / mirando sin ver nada”.

La poeta emplea símbolos que hacen referencia a las artes, la filosofía y las experiencias psicológicas, las cuales enriquecen los poemas, casi todos de largo aliento.

El hablante poético usa la metáfora de su continuo trajinar para reflexionar sobre la conciencia de soledad que implica ser extranjero, la miseria de los emigrantes en las grandes ciudades, la anónima identidad de los usuarios de metros y tranvías.

La cadencia de los versos se apacigua hasta el susurro; cuando de experiencias amorosas se habla, se eleva en exultante arpegio para expresar los momentos de dicha, como se aprecia en el poema “Jájome”.

El tránsito que recorremos los humanos desde el nacimiento hasta la muerte es el segundo plano imbricado en estos versos.

La vida está nombrada desde la música, desde las notas que ella, como individuo, aporta a la gran sinfonía universal.

Reiteradamente aparecen imágenes relacionadas con canciones, con instrumentos musicales, con la escala de los sonidos. Hay un verso donde se implora: “Música Serenísima / no retires tu mano de mi hombro”.

A veces en tono confesional, pero siempre bajo la máscara de realidades artísticas, de experiencias culturales e históricas, su escritura revela el miedo de la infancia, el anhelo de un cobijo seguro, la experiencia de recaer en el error, y el estremecimiento ante la muerte.

Se celebra el ejercicio de vivir, cuando éste conlleva conciencia y pasión.

Quienes leemos los versos en estas páginas observamos cómo las palabras van hilando una atarraya que abraza gaviotas, gorriones, corderos, flores, brotes, eucaliptos, tierras rojas o arenas de oro. La poeta se sabe parte de ese universo descrito desde una mirada amorosa y cercana.

El amor enriquece este recorrido vital: “Acuesto mi corazón sobre tus claves / con el rostro apoyado a tu caja sonora/ barnizada al cristal”.

Amor sin apegos que puede decir: “No. Yo no te extraño a ti. / He extrañado la esencia de aquel tiempo”.

El viaje místico del alma a la Luz Padre de donde procede es el tercer plano presente en el libro de María Isabel Novillo.

Desde los primeros poemas se escuchan los principios ascéticos que deben observarse para escalar las alturas.

El amor es la energía indispensable para avanzar; sin embargo, desde el primer poema anuncia: “Aún queda por cruzar la oscuridad mayor”.

Quienes se aventuran a travesías espirituales, conocen del trabajo delicado y difícil que enfrentan.

Las experiencias se relatan desde las metáforas relacionadas con la expresión musical y el cuidado de aromas o cristales.

Ha sido una experiencia estética y humana nuestro paso por las páginas de Poemas peregrinos, donde encontramos una voz profunda, delicada y diferente de la literatura venezolana.

Lidia Salas
Últimas entradas de Lidia Salas (ver todo)