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Llueve o el lugar donde anida la poesía

miércoles 10 de noviembre de 2021
“Llueve”, de Tania Anaid Ramos González
Llueve, de Tania Anaid Ramos González (Kuelap, 2021). Disponible en Amazon

Llueve
Tania Anaid Ramos González
Poesía
Ediciones Kuelap
Perú, 2021
123 páginas

¿Cómo habré de llamarme cuando sólo me quede,
recordarme, en la roca de una isla desierta?
Un clavel interpuesto entre el viento y mi sombra,
Hijo mío y de la muerte, me llamarán poeta.
Julia de Burgos

¿Cuándo llueve en tu ser? ¿Cómo llueve en tu espíritu? ¿Provoca la lluvia una mirada de búsqueda o una fuga perpetua? Llueve, de Tania Anaid Ramos González (Ediciones Kuelap, Perú, 2021), nos instala en las aguas primigenias. La formación del sujeto lírico atraviesa —en forma de estallido— la fuente originaria para convertirse en poesía. Como postula Heidegger:

La Poesía es el decir de la desocultación del ente. El lenguaje en este caso es el acontecimiento de aquel decir en el que nace históricamente el mundo de un pueblo y la tierra se conserva como lo oculto. El decir proyectante es aquel que, en la preparación de lo decible, al mismo tiempo, trae al mundo lo indecible como tal (113).

En este decir, descubrimos las corrientes tórridas que tropiezan con verdades o confiesan falsedades. ¿Cómo el lenguaje poetiza con el ser? ¿Cómo el lenguaje construye su paso con el fin de aniquilar lo oculto, lo que otros no ven, pero está de forma inmanente en la escritura?

 

Agua como búsqueda del sujeto lírico…

Debo volver al enigma
para poblar el pecho de imágenes,
para robarle palabras a la inocencia,
para atravesar los abismos de la lluvia
y rescatar de la locura algún poema.

(“Debo volver al enigma”, p. 37).

¿Cuándo nuestra mirada se ató al olvido? ¿Cómo nos despojamos de la lluvia que arrecia nuestro paso? La poeta navega en la profundidad de la búsqueda del sujeto. Procura desarmar su travesía. Urge la necesidad de desandarse; tomar vuelo con el fluir acuoso que susurra en su verso.

Es un regreso o la necesidad de sumergirnos en el agua como elemento creador de la vida. Ese saco uterino en el que fuimos gestados. El líquido como el inexorable fluir del tiempo y el reflujo del peregrinaje perpetuo. Agua como pasaje de tránsito. Agua —vertida en la piel— para desafiar la existencia misma. Según cita Toril Moi: “Para Cixous, como para innumerables mitologías, el agua es el elemento femenino por excelencia: el mundo mítico que contiene y refleja la reconfortante seguridad del útero materno. Dentro de este espacio, el sujeto es libre de pasar de una posición a otra, o de fundirse oceánicamente con el mundo” (126).

Nos encontramos con una voz que abriga a la lluvia como fuente de purificación o exorcismo vital. Como afirma Annis Pratt, “la naturaleza funciona para la mujer como fuente de consuelo e independencia, como aliado que la mantiene a ella en contacto con sí misma, y como talismán que la protege en su pasaje por los peligros patriarcales” (17-22).

La lluvia es la fuente o el engranaje para protegerse del carácter destructivo de las fuerzas dominantes que aprisionan y subyugan a la mujer. Llueve —en tiempo presente— como metáfora de tránsito, de ritual o como la autoindagación del sujeto. La naturaleza, como fuente matriz, representa y encarna la necesidad de definir su existencia. El sujeto lírico dosifica la lluvia en la epidermis como signo de nacimiento, purificación y atemporalidad.

Como un asalto al abismo solitario,
como un silogismo abreviado,
o como los silencios mal leídos…
“en el núcleo capital” de mi existencia
llueve.

(“Esa voz”, p. 38).

Llueve en el ser porque duele el camino truncado por otros. Llueve en la piel porque siente la necesidad de explicar-se, definir-se y autoproclamar-se. La lluvia resiste el paso del tiempo desde su propia voz:

Las noches
son conductos de lluvia
por donde pasa la luz
y transita la poesía…
por eso atrapo versos,
busco su origen
y espero que se manifiesten
algún día en mi ventana

(“Las noches”, p. 46).

La poesía es la acequia de la lluvia. La palabra revierte los estados de estancamiento y encauza la remembranza. La poeta canta al unísono la afirmación del escritor chileno Miguel Arteche: “La lluvia se ha metido en mi poesía, pero no como una anécdota más para ser contada, sino como un símbolo de que el mundo sólo podrá purificarse con ella y que sólo con ella uno se purifica” (9).

Es un afluente con voz, cuerpo, tiempo y memoria. La lluvia manifiesta su existencia desde el lenguaje fluido y marca su paso por las instancias o estados de desprendimiento. El sujeto lírico se desborda en un aluvión y nos dice: ¡llueve porque duele el vivir!

El diluvio o el flagelo corpóreo sostiene la mirada de la redención.

Llueve… hermosamente llueve de tu puente al mío
para limpiar el frío gemido del océano en el pecho,
para airear por unas horas la oscura sed del viento,
para ungir con pasión la inevitable sequía del cuerpo.

(“Llueve”, pp. 118-119).

Esta precipitación acuosa irradia la necesidad de recuperar su estado de libertad. La lluvia impulsa el cruce de las corrientes. El canto lírico afirma el aforismo de Heráclito: “Ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos”.

El discurso poético es el templo para erigir al sujeto. Poetiza desde la lluvia que embebe los aparatos de poder que aniquilan al ser. Como aquilata Heidegger en el siguiente fragmento:

El lenguaje es la casa del ser. En su morada habita el hombre. Los pensadores y poetas son los guardianes de esa morada. Su guarda medida en que, mediante su decir, ellos la llevan al lenguaje y allí la custodian. El pensar no se convierte en acción porque salga de él un efecto o porque pueda ser utilizado. El pensar sólo actúa en la medida en que piensa. Este actuar es, seguramente, el más simple, pero también el más elevado, porque atañe a la relación del ser con el hombre. Pero todo obrar reside en el ser y se orienta a lo ente. Contrariamente, el pensar se deja reclamar por el ser para decir la verdad del ser. El pensar lleva a cabo ese dejar. Pensar es l’engagement par l’Etre pour l’Etre (el compromiso de El Ser para el Ser) (Heidegger, p. 1).

¿La lluvia detiene el paso del tiempo o acrisola el estado de desolación de la poeta? ¿Cómo la lluvia resguarda tu ser? ¿Qué urdimos con el piélago que desata la precipitación?

Llueve en presente porque la vida transcurre en un instante. Llueve desde la apropiación del lugar donde anida la poesía.

Hoy… llueve a cántaros de salvación.

 

Referencias

  • Arteche, Miguel. “¿Quién soy?”. Quién es quién en las letras chilenas (1976-1985). Editorial Nascimento, 1977.
  • Butler, Judith. El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. Paidós, 2013.
  • Cixous, Hélène. La llegada a la escritura. Amorrortu, 2006.
    . La risa de la medusa. Anthropos Editorial, 2001.
  • Heidegger, M. Carta sobre el humanismo, traducción de Helena Cortés y Arturo Leyte. Alianza Editorial, 2000.
  • Moi, Toril. Teoría literaria feminista. Ediciones Cátedra, 1999.
  • Pratt, Archetypal Patterns in Women Fiction. Bloomington: IN UP, 1981.
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