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Serie frugálica: una lírica de la sutileza y la brevedad

miércoles 11 de mayo de 2022
“Frugálicas variaciones estacionales”, de Hebert Abimorad
Frugálicas variaciones estacionales, de Hebert Abimorad (Vitruvio, 2022).

Frugálicas variaciones estacionales
Hebert Abimorad
Poesía
Ediciones Vitruvio
Madrid (España), 2022
40 páginas

Hebert Abimorad (Montevideo, 1946) es uno de los escritores uruguayos asociados a la diáspora, consecuencia de la última dictadura en su país, que se extendió desde 1973 hasta 1985. Desde el año 1975 reside en Suecia y se ha desempeñado como periodista y traductor, además de su labor sostenida como poeta. Hasta el momento su obra consta de un total de diecisiete volúmenes de poesía, entre los que destacan Poemas frugálicos (1994), Mekong (2012), que recibiera el segundo premio en los Premios Anuales de Literatura en 2014, otorgados por el Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay. Sus más recientes poemarios, La plaza (2018) y Profecías frugálicas (2020), fueron publicados en la colección de poesía de esta misma editorial.

Estas obras de carácter puramente lírico exhiben una propuesta que establece lazos entre sí, un recorrido en el que las interrelaciones evidencian la coherencia entre la forma y el contenido. El autor ha compuesto una serie en cuyos títulos encontramos la adjetivación “frugal”, concepto que abarca el alcance semántico del término. Es decir, esta sección de la obra de Abimorad se caracteriza por una poiesis experimental, vanguardista, en la que se apela a la economía del espacio, lugar de la construcción del sentido, que suele adquirir una dimensión plástica, sea porque los versos se quiebran, sea porque los poemas son escritos a dos columnas o irrumpen, desarmando el orden lógico que le hemos impuesto a la página. Por otra parte, el recurso de la brevedad y concisión determina el laconismo en el que se cimenta lo que denominamos “serie frugálica”: la palabra, soporte lírico fundamental, expande sus posibilidades semánticas, originando multiplicidad de significados en cada lectura. Esta peculiaridad suscita una tensión permanente entre el sentido y la forma, entre la condensación formal y la complejidad expresiva, que es lo que consideramos como el hallazgo estilístico más notable del autor.

Las Frugálicas variaciones estacionales, nuevo volumen editado por Ediciones Vitruvio, replica las estrategias propias del poeta, aunque con leves variaciones. La frugalidad persiste en el nivel de la palabra en los veintinueve poemas del libro (o treinta, si sumamos la dedicatoria poética al padre que abre la obra), pero en la estructura formal, los versos se presentan con la usual disposición de la prosa poética. Poesía por momentos emparentada al relato, recorre líneas temáticas entre las que podemos encontrar algunas notables e interrelacionadas: la naturaleza, el tiempo, con su juego antitético vida-muerte, el amor y la referencia a la composición y la lectura, una especie de metapoesía, de poesía sobre la poesía. Las estaciones, tradicionalmente interpretadas como un reflejo de los ciclos vitales, están asociadas al título. La primavera y el verano, la presencia de los insectos y las aguas simbolizando la vida, aluden a las estaciones propicias al encuentro y al amor. El tópico del locus amoenus, el lugar ideal que favorece la armonía y la íntima analogía entre el alma y la naturaleza exterior, se torna recurrente: “Descanso a la sombra / sin coacción de la naturaleza / en un día soleado / Respiro tranquilo / me gana el sosiego”. El reposo sosegado representa una búsqueda espiritual que se resuelve en el paisaje y en el justo equilibrio entre el mundo interior y el entorno.

El yo lírico a veces parece hablarle a esa otra presencia e intenta integrarlo a un “nosotros” que se diluya hasta que puedan convertirse en una unidad.

El tiempo, tema por excelencia desarrollado en la historia de la literatura, es otro de los que se vuelven una constante en esta obra. El tempus fugit es el tránsito, cambio y memoria: “Se siente el respirar agotado de los árboles / alrededor de la casa / Los insectos molestan el susurro de ese follaje verde / casi vencido en su lucha contra el tiempo”, o también “El tiempo retrocede una vez más / fluye y se cuelga de un perchero”. Esta conciencia de la fugacidad y la confluencia del pasado y el presente se manifiesta en la forma de concebir la existencia y en el recorrido selectivo que la memoria elabora.

Por otra parte, el tema del amor, que como señalamos previamente, suele asociarse con el clima primaveral, se desdobla en la espera del otro y la expectativa ante el encuentro. El yo lírico a veces parece hablarle a esa otra presencia e intenta integrarlo a un “nosotros” que se diluya hasta que puedan convertirse en una unidad: “Vivo pegado a su dormitorio / La pared que nos separa no pertenece a ninguno de los dos / Nuestra herramienta es la palabra para comunicarnos (…) nace la compañía”. En otro momento se aventura una definición propia del amor, también emparentado como propuesta compositiva a la poética clásica: “Una boca saliva en otra boca / Es el momento del amor / Se alumbra el ventanal / La luz comienza a brillar / Es la enseñanza de otro idioma”.

Finalmente, nos referimos antes a la metapoesía. El procedimiento aparece con naturalidad, plenamente integrado al conjunto de textos y colocando a los lectores en un lugar desde el cual construir la lectura y, por qué no, desde el que cada uno logrará asignar un sentido especial y personal a la frugalidad lírica: “El libro que sostiene mi mano es demasiado pequeño / Debo entrecerrar los ojos para poder leerlo / Las hojas miran los ojos de un gigante que balancea su cabeza de vez en cuando”. Este poema es particularmente significativo en la medida en que nos vuelve por un momento a nuestra propia actitud ante la lectura. Nos recuerda que nos internamos en los textos a través de lo puramente material, de la mirada y sus gestos, hasta que la lectura nos absorbe. Es un movimiento de ida y vuelta, puesto que con seguridad, regresaremos de ese lance transformados. Este eje de la metapoesía también refiere a la composición: “Descuartizar las frases para lograr tener espacios para otra palabra / Menudo trabajo / Falta una palabra aquí / allí y también allá”; este poema se cierra con un verso que sugiere la búsqueda estilística del poeta sobre la palabra: “para que traten de encontrar su sitio”. El mecanismo insinúa el procedimiento de acción y elaboración compositiva.

Este nuevo libro de Hebert Abimorad establece un punto de inflexión en lo que denominamos “serie frugálica”.

Otros de los temas no menores que complementan los señalados son la presencia del universo de lo mínimo, animado en los insectos o en las flores, lo delicado del deambular humano en los pasos sigilosos, los caminos, el sonido de la lluvia escuchado en la mañana, la intensa tensión de los opuestos en varios poemas que adquieren nuevos significados.

Este nuevo libro de Hebert Abimorad establece un punto de inflexión en lo que denominamos “serie frugálica”: un conjunto breve pero consistente de poemas que se corresponden sutilmente, en el que las palabras que recorren las hojas descifran las emociones, comunican una mirada precisa sobre los temas más humanos, más comprometidos en lo profundo, que al final, son los que nos sostienen en íntima conexión con los otros.

Andrea Arismendi Miraballes
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