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Cuando mira la medusa, de Rubis Camacho:
La pétrea condena de ser mujer

miércoles 11 de enero de 2023
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“Cuando mira la medusa”, de Rubis Camacho
Cuando mira la medusa, de Rubis Camacho (indeleble/CCP, 2022).

Cuando mira la medusa
Rubis Camacho
Poesía
indeleble.editores
Guatemala
CCP Editores Editores
Mayagüez (Puerto Rico), 2022
92 páginas

Condenada por ser objeto de seducción. Condenada por ser hermosa y, por tanto, objeto de envidia. Condenada por quedar embarazada de un hombre que la violó. Condenada por estar en el lugar y momento equivocado… Condenada, eso, condenada.

¿Hacia dónde mira la medusa? ¿En qué momento mira? ¿Cuál es el objeto, persona, lugar digno de su mirada? Esa mirada capaz de destruir en un segundo. Esa mirada que petrifica, punzante, deslumbrante, fulminante. La poeta puertorriqueña Rubis Camacho nos lleva a recorrer todas las posibles miradas en el poemario Cuando mira la medusa. Esta travesía idílica, atroz, capaz de cercenar, destrozar, nos confronta con los secretos guardados, con las verdades dolorosas, con los dilemas cotidianos, con el amor, el desamor, la vida y la muerte, la propia identidad.

“Otro animal” es el poema de apertura de esta entrega. Sin duda alguna, con este poema la voz lírica rompe con lo bello, lo agradable, y nos enfrenta a imágenes duras, a la bestia que habita en cada ser humano. Qué tal si somos nuestra forma primigenia y dejamos de fingir, de ajustarnos a lo esperado por la sociedad…:

ser otro animal
menos do-si-fi-ca-do
desplazarme desnuda en una piel bruñida
apretada de manchas
pelusas
rayas
plumas
caparazones
escamas
pliegues

¿Es que acaso la medusa no es una bestia? ¿O es mujer… o no es ninguna? Es gorgona, es monstruo, no puede negarse a ser lo que es. Aunque mil veces sea condenada, el fin mismo de su existencia es ser protectora, no importa el precio a pagar. ¿Enfrenta despiadada su lado vulnerable cual si fuera otra, o es que hay otra medusa con mirada fija en otra dimensión?:

bestia nocturnal
calle mojada
asperjas la brea con mi tristeza rota
las víboras de tu cabeza
aún cantan
aún sueñan
más allá del muro de mi frente

¿Acaso las bestias no son mejores seres de lo que somos los que cuestionablemente estamos al tope de la evolución, los más “civilizados”…? La voz lírica evoca la leyenda de Rómulo y Remo y cómo la loba Luperca les amamanta y les salva de la ira codiciosa de Amulio.

soy Remo y Rómulo
y me crio una loba
a quien quedaba una lonja de amor
después de ser abatida
por las lanzas de los hombres

La medusa es capaz de amar, pero no hay amores convencionales y el depositario de sus afectos no puede esperar amor más real e incondicional que el suyo:

Mi amor se alarga como el cabello de un beato
muerto
mientras estoy ahí
esperando la canción de un vaquero
que a la noche será travesti perfumado
mientras…
la dentera gime cuando la tiza raspa el pizarrón
para escribir “te quiero”

Aunque la medusa quiera amar, el fin será un amante petrificado, su mirada insostenible sirve de cincel para tallar una escultura de piedra. Las mujeres cargamos con siglos de estándares sociales impuestos. La belleza, luchar para encajar, para ser “adecuadas”, sometidas al patriarcado y ser socializadas para ajustarnos a sus demandas. ¿Qué es el amor para una mujer? Acaso no se convierte en ser lo que el otro espera que seamos, llevándonos a una lucha contra nosotras mismas por tener que renunciar a lo que somos o a lo que realmente aspiramos a ser. Por qué no podemos tallar a nuestro amor tal como Pigmalión talló a su Galatea… por supuesto que no podemos, porque precisamente desde el mito, el hombre determina la perfección. El mito que ha servido desde que el ser humano se reconoce como individuo que forma parte de un clan, desde que logra domesticar plantas y animales, desde que descubre que cosecha con excedentes y tuvo tiempo para cuestionarse la muerte, la existencia misma, el de dónde venimos y hacia dónde vamos y allí, justo en ese instante, para dar respuesta al misterio, lo inventó… Acaso desde ese entonces, como la Venus de Willendorf o la Venus de Botticelli, no se nos asocia con la fecundidad, con el rol de parir y reproducir la especie, no se nos socializa para trabajar y criar, y sostener y proveer cuidados, pero también estar a merced del patriarca, con contadas excepciones de roles matriarcales… La voz poética nos da la “ecuación” para descifrar a la medusa/mujer/bestia en el poema “XXV”:

yo+los recovecos+los flácidos pechos+el hastío+la máscara+alguna vez un asomo de amorío+la engañosa maternidad…

¿Acaso no se nos dice débiles y nuestra inclinación a ser emocionales y apasionadas se demoniza como enflaquecimiento? Entonces, la medusa no puede ser bella porque es envidiada por otras, deseada por el amante prohibido, violada por el macho que satisface su descarga hormonal en ella que es objeto, no carne, no espíritu, no ser, sino nada… sólo es MEDUSA. Ser o no ser… dilema shakesperiano que Rubis Camacho plantea en el poema “XXXI”:

me asombro de ser
y de no ser
y en cuanto soy

me pierdo
¿será mi rostro
lo que deforma el agua?

La medusa desterrada, que no es digna de dios(es) pero busca su mirada magnánima para ver si se asoma un atisbo de misericordia, para ver si se salta el tribunal que ya le condenó y logra que fije los ojos en ella, como en el Magníficat, “porque ha mirado la humillación de su esclava”… Sin embargo, NO. La medusa no es digna.

te me
borras
dios

Qué hace la medusa ante el abandono sino transformar su dolor en indiferencia y ver la (auto)destrucción como justicia poética:

…aún desamparada por los dioses
me deleitó el rojo desesperado que subía de los
techos…

El carnaval de la vida amerita la mejor de las máscaras, pero resulta innegable que por más que tratemos de evadir las miradas inquisidoras, no dejamos de ser lo que somos. Sin embargo, jugamos y seguimos jugando un partido desigual para el que debemos insistir en ser la reina en el tablero de ajedrez. Sólo queda confundir al enemigo con movidas astutas:

de tan sutil
parece mansa

de tan mentira
parece cierta

mi máscara es la correcta
yo soy el espejo equivocado

Cuando mira la medusa es un poemario que nos enfrenta a la realidad que padecemos por ser mujeres. Nos lleva a confrontar una vez más al patriarcado nuestro de cada día que nos veja, nos sigue estereotipando, nos sigue etiquetando, nos sigue tratando desigual. La “medusa” de Rubis Camacho es el espejo en el que resulta inevitable mirarnos, es el reflejo de siglos de una tara que se hace más pesada en tanto y en cuanto la perpetuamos y complicamos. Una mujer, sólo por ser mujer, viene a un mundo con el lastre de la desventaja, pero si esa mujer es pobre, negra, latina… ¿cuántas más cadenas tendrá que arrastrar?

Elga del Valle La Luz

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