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Los latidos de Marchena
(sobre El latido de tus lienzos, de Adolfo Marchena)

sábado 25 de noviembre de 2023
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“El latido de tus lienzos”, de Adolfo Marchena
El latido de tus lienzos, de Adolfo Marchena (Passer, 2023). Disponible en Amazon

El latido de tus lienzos
Adolfo Marchena
Poesía
Ediciones Passer
Madrid (España), 2023
ISBN: 978-84-127480-4-8
84 páginas

¿Cuándo alcanza su cima un poeta? Aquí la pregunta del millón. ¿Cuándo? Cuando el huevo apenas ha eclosionado, uno (Rimbaud), cuando la trayectoria ascendente funde realidades y deseos, contados otros (Cernuda, Fonollosa), pocos cuando cada entrega implica una cumbre en sí misma (Vallejo) o casi nunca cuando los grandes suplementos literarios glorifican la versificadora moda de turno (disculpen que lo dude o que me ría). Jamás, en fin, la mayoría.

Yo, que me precio de conocer toda la obra poética de Marchena, édita e inédita, y hasta imaginada, me atrevo a afirmar que El latido de tus lienzos es su arista cimera. Así se lo he confesado. Con dos…

Si en Ahora que me habitas la figura paterna se erigía en destinatario único de sus valientes poemas en carne viva y de cumplida palabra al progenitor, en El latido de tus lienzos es el pintor Esteban Delgado Cortijo, Estibi, el receptor de los mismos.

Unas sentidas palabras iniciales de Arantza, esposa de Estibi, abren cauce al sentir de cada latido y latigazo de Marchena. El tránsito de este mundo del pintor amigo, de quien se intercalan algunas de sus composiciones entre estas páginas, desencadena una oleada de versos rotundos y mejor logrados que supuran corazón. Y sí, soy consciente del ventajismo que implica la ausencia de distancia con la lectura del poemario reciente respecto a los anteriores. Tampoco conozco a ningún grupo musical (ah la magia de Art Pepper, Adolfo) que no defienda que su último disco es el mejor de su carrera.

¿Qué me obliga entonces a apostar así por El latido? ¿Por qué les llamo a su atención? Porque además del Marchena reconocible (elogio de poeta a poeta, amigo), la emoción de Adolfo se contiene y palpita contra las paredes del corazón sin dejar que se desborde en el recurso facilón de la lágrima. Ambos legados, los lienzos de Estibi y los versos de Marchena, ganan con el desafío. Aunque parezca un contrasentido, opta por la soltura, por dejarse llevar, por esos versos que saben a que salen de tirón. Pero con la mano firme en el borde del vaso, presionando sus paredes. Nada más lejos, pues, del agasajo fácil y babosote que deforme la figura de homenajeador y homenajeado con artificiosa exaltación. Nada más lejos tampoco de los libros de duelo y elogios fúnebres que vuelcan el contenido del corazón o del vaso a los lloriqueos mutuos y derivan la magnificación hasta el panegírico hagiográfico del finado. Flaco favor a la alta poesía, al arte puro y la maestría tanto libro así. El Sijé de Miguel Hernández o el Sánchez Mejías de Lorca, sí, ahí la manriqueña diferencia a su favor.

Me niego a extenderme en técnicas literarias, en la madurez del poeta en este logro, en nóminas de personajes que cohabitan con Estibi en estas páginas, el Marchena reconocible a quien me he referido (Ulises, Banksy, Nietzsche, Nigel Mansell, Gauguin y Van Gogh que tanto se lo montan…), en sus geografías (urbanas y naturales unas, ensoñadas como la Atlántida otras), las recurrentes referencias musicales y cinematográficas o las veces que la palabra camino está presente en sus versos. Podríamos diseccionar el libro a mayor gloria de este cronista ofreciendo o confundiendo con nuevas pistas al lector, detenernos en la épica marchena (que Adolfo me disculpe la expresión) de las causas perdidas y los caballos perdedores y de las fértiles derrotas, profundizar en el marco temporal de sus versos (pasados y presentes, días y oscuridades) o interesarnos más aún por su metafórico mundo de espejos. Me resisto a tal torpeza, repito, porque esto sólo pretende ser una crónica de mínimos, una llamada de atención a un libro extraordinario de un poeta al margen de corrientes y círculos (que lo mismo que a este cronista tanta egopatía se la trae al pairo) y que he tenido el privilegio y orgullo de ser de los primeros en reconocer.

Alfonso Pascal Ros
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