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Antagonía, de Luis Goytisolo

miércoles 26 de junio de 2024
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Luis Goytisolo
Luis Goytisolo impone en su obra un procedimiento que atempera los ánimos de aquellos lectores que están acostumbrados a la velocidad. RAE

Desde ya me declaro un fan absoluto de la prosa de Luis Goytisolo. Es uno de esos escritores que, desde Las afueras (publicada por Seix Barral en 1958 bajo la faja de Primera Novela ganadora del premio Biblioteca Breve), imponen un procedimiento que atempera los ánimos de aquellos lectores que están acostumbrados a la velocidad.

Se escribe desde la lentitud para retratar y transformar el mundo, parece señalar esta primera novela de Goytisolo, construyendo de ese modo una suerte de poética creativa del arte de la novela, a la que ha prestado tanta atención su autor en libros como El sueño de San Luis (2015) o Naturaleza de la novela (2013). Y esto también resulta notable porque al pensar la novela se da cuenta de sus límites y transformaciones a lo largo de la historia de la humanidad. Y así, su prosa está resuelta a convertir lo escrito en la frontera liminar entre realidad y ficción. Los ejemplos de este proceso se pueden encontrar en los libros Estatua con palomas (1992), Cosas que pasan (2009) y Diario de 360º (2000). Estos libros constituyen una suerte de metáfora de la creación. Es decir, un manifiesto lúcido sobre cómo la vida se procesa intelectual y emocionalmente para pasar al registro de lo escrito y luego convertirse en literatura y más tarde ser visible como núcleo de un artefacto literario que abre posibilidades nuevas a la narrativa en lengua castellana. Y aunque este procedimiento es compartido por el mexicano Sergio Pitol, el trabajo de Goytisolo va un poco más allá porque hay una unidad de forma y de tema que, como si fuese un archipiélago por descubrir, el mapa que conforma la totalidad de sus libros ejerce el influjo de ser un territorio dispuesto y pensado para reafirmar que la literatura es tal sólo en la medida en que vida y obra se entrelazan por medio de un lenguaje inventado que representa una realidad siempre en movimiento y que, por ello, el idioma con el que se pretende contenerla también debe ir cambiando todo el tiempo sus límites y alcances.

“Antagonía”, de Luis Goytisolo
Antagonía, de Luis Goytisolo (Anagrama, 2012). Disponible en Amazon

Antagonía
Luis Goytisolo
Novela
Editorial Anagrama
Barcelona (España), 2012
ISBN: 978-8433973009
1.120 páginas

Hay una búsqueda por el fraseo y el ritmo en todo lo que hace Goytisolo, y esto no es gratuito porque responde a la coherencia interna de su programa narrativo. Un programa que encuentra en
Antagonía (en su versión reunida, 2012) su piedra de toque. Ahí está consumado y resumido todo lo que estuvo antes y todo lo que vendrá después.

Y es que en Antagonía encontrará el lector las múltiples posibilidades que tiene el nombrar. No sólo se nombra lo que no tiene nombre con el dedo, se nombra también desde el extrañamiento, la duda, la reiteración y las metáforas que, en lugar de alumbrar, dan sombra. Y es justamente en esa sombra que declina con las horas que Goytisolo arma su constelación. Y quizá por ello no sea extraño, aunque sí arriesgado, que en los liceos de Francia se haya sustituido la lectura de Don Quijote por Antagonía para aquellos estudiantes que desean aprender la lengua de Cervantes. El riesgo no es menor, porque se pasa de un idioma del español a otro, y en ese registro que impone Goytisolo existe un modo de entender el mundo que parte de una reiteración que puede ser nombrada muchas veces, porque en su repetición tanto autor como lector encuentran que siempre sale a flote algo nuevo. Hay matices, signos, señales, frases, ideas. Todo dispuesto para ser leído de una vez y como si no pasara nada, pero cuando aparece la misma enunciación casi del mismo modo escrita páginas después, aparece el espesor. Resulta que no es una frase anodina o de escritura automática sino que, al contrario, es fundacional para el desarrollo de la trama. Así, esa poética de la repetición encuentra otro asidero: el lenguaje neutro, seco y, sin embargo, cálido y feroz, con el que Luis Goytisolo escribe desde el interior del libro.

Bucea, entonces, su autor, en el interior del texto, para desde ahí lanzar chispazos de alerta sobre lo que va encontrando en su camino. Y nosotros, como buenos lectores, anotamos e intentamos recordar el trayecto para no perdernos entre tanto catálogo de variedades. Claramente no es una novela histórica, pero sí retrata la historia interior de los personajes que son convocados, y ahora que son tiempos de la autoficción, no estaría mal volver sobre Antagonía para verificar cómo y de qué modo la autoficción ya existía antes de siquiera tener ese nombre, y es que, al mismo tiempo, su linaje es reconocible en libros tan reflexivos como En busca del tiempo perdido o Las meditaciones de Marco Aurelio o la suma entre lo barroco y lo concreto como experiencias literarias del siglo XX. Y, sin embargo, hay algo nuevo.

Su lenguaje, su aparente transparencia y su irremediable volumen. Es, sí, una novela total, pero no total a la usanza de las novelas del Boom latinoamericano, sino que total en el sentido de que arma un artefacto que, al ser él mismo una máquina de narrar, es capaz de postular un mundo, casi despreciando el mundo real en el que nos movemos y sentimos.

El mundo que postula Antagonía está lleno de dicha, de fiesta, de amor, sexo y reflexiones. Son personas que uno no creería reales si se las encuentra por la calle, pero en el libro tienen toda la coherencia y sentido del mundo. No son abstracciones ni figuraciones. Ni transferencias a través de las cuales su autor hace psicoanálisis en público. No. Para nada. Son sujetos verbales hechos carne por medio de sus acciones. Y sus acciones son las que atraviesan las décadas desde su juventud hasta la madurez. Con todo lo que ello implica, victorias, derrotas, miedos, anhelos y dudas.

Al hacerlo, Antagonía impulsa el registro de la vida en sus páginas, y es que la vida no es nada si no adquiere sentido tanto hacia adelante como hacia el pasado. Y el sentido está tanto en recordar como en nombrar lo recordado: el modo en que recordamos lo vivido da forma a lo que vivimos. Y eso está en el subsuelo de la novela. Sus personajes son peligrosamente autoconscientes de su dimensión histórica, humana y literaria. Podrían decir como Alonso Quijano: “Estamos siendo escritos, estamos siendo leídos”. Aunque esto de manera singular no les impide ser verdaderos. No sólo verosímiles, sino verdaderos. Compañeros de ruta y de viajes. Amigos en la distancia y colegas en los fracasos. Viven, entonces, más allá de las páginas del libro y más allá de los límites de la trama.

Permean la escritura de su autor y fundan un estilo. Raro, complicado, enmarañado, pero consecuente con un mundo que tampoco tiene mucho orden o limitaciones.

Así, Antagonía es tanto una novela como una expedición. Exploración hacia el centro del corazón de la humanidad de los hombres, y por ello, al mismo tiempo, una apropiación de la faceta más importante de la literatura, que es una manera moral y filosófica de abordar nuestra condición de parias en un mundo que se cae a pedazos. Pero no por ello en su prosa se destila nostalgia o melancolía ni mucho menos pesar o pesadumbre. No. En su prosa existe luz. Existe esperanza y ella nos es dada para aprender a escribir la novela del futuro en un idioma inventado con leyes propias que, de tanto serlo, terminan por ser las de todos.

Christian Jiménez Kanahuaty
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