
En este libro que ha sido editado bellamente por Vinciguerra, Paula Winkler —narradora, ensayista, doctora en Derecho y Jurisprudencia y autora de varias obras narrativas— ha decidido, esta vez, “valerse del mundo no humano para contar nuevas historias”. En esta ocasión, ofrece ficciones breves en las cuales la percepción del mundo animal se aparta de lo esperado y apuesta a la originalidad. Las deliciosas ilustraciones de la artista plástica Carolina Peralta engalanan Pulpos, mulitas, kiwis (relatos de una animalidad y algunos nubarrones).
La autora, como afirma en palabras iniciales, prefiere en esta oportunidad que sus relatos ronden en torno a seres sensibles, los animales, que no pronuncian nombres y que, a pesar de dolores y tormentos a los que son sometidos, alientan sentimientos puros. Una prosa que tiene, en ocasiones, toques de una dosificada energía lírica, muestra asimismo singularidad en el tema y en los recursos discursivos. En efecto, el apartarse de obviedades permite que los enunciados resplandezcan al transmitir, sin excesos, circunstancias de un mundo distinto, percibido por experiencias íntimas y conmovedoras. Recordemos la dedicatoria inaugural a su perro Rex, a quien la autora define como persona no humana, acoplando el elemento léxico de forma adjetival, “sintiente”,1 para aludir a la capacidad de los animales de experimentar sensaciones.
El texto caracteriza a los animales en su hábitat natural o en el contexto urbano. En este último caso, “Perros” es un ejemplo de estas historias breves y sugerentes que tienen como personajes principales a seres irracionales pero poseedores de profunda lealtad y amor. Un narrador autodiegético, el protagonista innominado, hermano de su añorado y muerto Paratombú, soporta agresiones por parte de los seres humanos en el entorno de peligro que supone la gran urbe, la ciudad de Buenos Aires adonde ha recalado, desde su natal Santiago del Estero. Sufre ataques de otros congéneres feroces y es discriminado por no pertenecer a una excelsa raza: “Molestábamos, nadie nos quería: no éramos de raza”. En la clausura, es capaz de reflexionar sobre la muerte y la igualdad que conlleva, asimilando a los animales y los seres humanos. El desamparo tendrá un final de descanso sobre la tierra y un arribo al cielo. Apuntamos que no es la única oportunidad en que la autora escribe sobre el personaje de Paratombú. En el emotivo relato “La rotonda de Paratombú”2 se muestra el vínculo solidario de un pobre grupo canino que comparte abandono y toda suerte de circunstancias adversas en la mencionada provincia argentina.

Pulpos, mulitas, kiwis
Paula Winkler
Microrrelatos
Ilustraciones: Carolina Peralta
Editorial Vinciguerra
Buenos Aires (Argentina), 2023
ISBN: 978-987-750-501-6
64 páginas
Si nos ubicamos en una perspectiva intertextual, notaremos que el discurso recurre en ambos textos a una voz narrativa en primera persona del plural, para dar cuenta, desde una focalización interna, de los avatares o la incertidumbre ante las inclemencias de la naturaleza (“Yo vengo de donde nunca descansa el viento y el calor no olvida la complicidad de los azotes”). Los sufrimientos provienen desde la infancia y sin embargo no anulan los sentimientos puros de esta especie, expuesta desde una óptica comprensiva y respetuosa. Los enunciados dan cuenta de una postura narrativa empática y hasta efervescente para observar el universo de estos seres no humanos, en quienes se valoran su integridad y sus atributos positivos. El discurso de enunciación irónica se advierte asimismo en “Gatos”, donde un sabio felino urbano dialoga con una congénere, intercambiando sugestivos y ácidos comentarios sobre la condición humana y el instante último al que arribará toda vida. También se establece una relación dialógica entre una actante femenina y su hija, donde la voluntad enunciativa de la menor es la de dudar y preguntar. Ambos sujetos del discurso muestran una actitud valorativa de asombro y conmiseración hacia las bandadas de aves de San Martín de los Andes (“Bandurrias”).
Como hemos mencionado, el concepto de colectivo, de cofradía, no difiere en cuanto a la agrupación de otros animales. Remítase el lector al capítulo “Caballos” o a “Liebres”. Son víctimas que sufren carencias, desde el inicio de sus vidas. “Pulpos”, que abre el volumen, comienza: “Nadie nos bautizó”. Esa negación sorprende al lector común, habituado en su comportamiento social a un mundo racional en mayor o menor medida. Además no deja de incorporar a la caracterización un toque de humor. Por otra parte, el pulpo es un animal que no cuenta con el atributo de la belleza. Antes bien, provoca temor la presencia de ojos y tentáculos, de largas puntas, a las cuales se ha adscrito el significado simbólico de agresión. Si bien el texto reconoce que este cefalópodo lleva “la rabia en mis tentáculos y ventosas”, el sujeto enunciador justifica su conducta irascible adjudicándoles el motivo a los hombres, responsables de su rabia, por cazarlos “con unas feroces redes de pesca” para devorarlos luego en cazuelas. Como contrapartida, el actante formula un enunciado de clausura que toma forma de amplia afirmación: si bien ellos en tanto animales saben que van a ser devorados, los humanos desconocen su suerte final, que será la misma, porque “van a ser también deglutidos por su conciencia ilustrada”. Se manifiesta con lúcida ironía el apego de los hombres, y al mismo tiempo su propia destrucción, a las verdades absolutas, al predominio de la razón y los dogmas. Así como las “Jirafas”, que concitan admiración sobre la elegancia proporcionada por su cuello largo pero que son inhábiles para ver con claridad las altas constelaciones y carecen de la distancia para pensar con objetividad la realidad, cualidad imprescindible para filosofar. Asimismo es objeto de desconcierto amoroso el grupo de los koalas, marsupiales que provocan interrogaciones a un integrante de la etnia maorí por la costumbre de estos pequeños y libres animales de aislarse en los eucaliptos.
En otros capítulos, por ejemplo, en el mencionado “Caballos”, campea cierto humor agrio. A modo de un declarado enunciado de “efemérides”, la narración por parte de un caballo despliega críticas de episodios notables desempeñados por ejemplares de raza. Se recurre a una enumeración exhaustiva y paródica de las condiciones sobresalientes de estos animales distinguidos, “caballos de bien”, en la voz de unos rústicos percherones que realizan la tarea más prosaica e ignorada.
En este novedoso cuadro de la animalidad no están ausentes los ecos de otros textos. En “Gaviotas” el narrador interviene para juzgar la novela de Richard Bach y apartarse de algunos de sus conceptos. Asimismo, en “Ballenas” se declara el goce que produce el silbido de este cetáceo, incomprensible para los humanos, y al mismo tiempo se reconoce la venganza que asumen contra los balleneros, para proteger su vida. La referencia a Moby Dick permite el juego intertextual, cumpliendo de este modo con la naturaleza dialógica de todo texto, como formulara Bajtín. “Tigres” refiere una acción nuclear sugestiva, construida por el sueño de un tigre joven. En este y en otros casos, ciertas imágenes de animales se resignifican. Mediante un enunciado epistolar, un felino plasmado con indicios de inocencia, sorprendente en un animal caracterizado por su ferocidad, se dirige a su madre para interrogarla, con ingenuidad, sobre los resultados de su metamorfosis.
Se perfila, en este y otros textos, una perspectiva diferente de la habitual con respecto a estos seres, tal el caso de los poco agraciados, simpáticos y gratos kiwis (“Kiwis”). Un narrador homodiegético, al que es posible identificar con la autora, aparece por primera vez para dar indicios valerosos de estos personajes además, por otra parte, de aprovechar la construcción textual para hacer referencia al acto mismo de la escritura: “Todo vuelo constituye una metáfora eficaz para los escritores, poetas, pensadores”. En el breve espacio del relato hay, no obstante, lugar para admirar su valentía: “Lucharon junto a soldados australianos”. Más adelante: “De puro valientes nomás”. Cerca del final: “por valerosos”. Asimismo, en la ficción “Salmones y dorados” se enaltece esta cualidad: “Poseen la dignidad de los valientes”.
Dentro del conjunto de relatos, “Mulitas” emerge como un texto clave, debido a la degradación intensificadora sobre la relación humano/animal. La dificultosa relación entre ambos mundos se ahonda a modo de grieta. El narrador en primera persona comienza manifestando su aburrimiento en la llanura y con tacto narrativo va deslizando indicios acerca del carácter enajenado y obsesivo de su hijo con respecto a la planicie pampeana, y en especial a los armadillos. Sin embargo, la justificación continua nutre esa relación maternal. El relato recurre a una definición tautológica, con una información redundante pero que funciona como cliché para resguardar la imagen o el ethos del narrador: “La familia es la familia”. Más adelante dirá: “Mi hijo es mi hijo”. Enunciados que resumen la convicción de la protagonista acerca de la necesidad de cohesión en los vínculos familiares. No se añaden, muy por el contrario, se eluden, para quien interpreta el texto, datos y acciones: “La verdad es vulgar”. El discurso se construye desde lo ambiguo y aleja la perspectiva crítica censurable por parte del lector, mediante omisiones, con tal de exhibir la estabilización afectiva personal y familiar. El proceso de identificación, con la cualidad compartida de maldad, puede percibirse en el párrafo correspondiente al recuerdo de su juventud. No sólo matar sino, además, dejar un sádico testimonio: el fotográfico. Las atrocidades compartidas son juzgadas con naturalidad. La tensión y la energía negativa (verbigracia la relación con su marido) son desviadas. El desplazamiento psicológico se ha instalado evidentemente en la redirección hacia otro objeto.
Estas ficciones breves de Winkler —quien sabe narrar con gracia y pintar con raro encanto un universo diferente del conocido— llegan al lector para ofrecer una intensa mirada afectiva sobre seres que carecen de capacidad racional, pero a quienes se les otorga voz para dar a conocer sus reflexiones y sentimientos.
- Sabias, santas, rebeldes, de Paula Winkler - viernes 11 de abril de 2025
- Un mundo de raro encanto
(sobre Pulpos, mulitas, kiwis, de Paula Winkler) - sábado 30 de noviembre de 2024
Notas
- La Real Academia Española ha incluido no hace mucho este término prefiriendo, sin embargo, la alternativa, aunque menos usada, “sentiente”, debido a la etimología latina: sentiens, -entis.
- Cuento en Aldea Literaria, sitio virtual perteneciente a la autora.


