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Sabias, santas, rebeldes, de Paula Winkler

viernes 11 de abril de 2025
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Paula Winkler
Paula Winkler urde, en su novela Sabias, santas, rebeldes, una operación de entramado consistente en dos historias que van entretejiéndose.

“Sabias, santas, rebeldes”, de Paula Winkler
Sabias, santas, rebeldes, de Paula Winkler (Diotima, 2024).

Sabias, santas, rebeldes
Paula Winkler
Novela
Ediciones Diotima
Buenos Aires (Argentina), 2024
ISBN: 978-631-90320-7-9
138 páginas

Al acercarnos a esta novela, comprobamos una vez más cómo este género presenta la peculiaridad de su integración con otros, y en este caso de modo eficaz, ya que en esta producción de Paula Winkler se concentran aspectos históricos, hechos del pasado lejano en lo espacial y temporal —aunque sin exagerar hasta lo enciclopédico, pero sí fruto de una profunda investigación— que animan y enriquecen la tarea del lector. Asimismo breves fragmentos líricos, en especial los que ahondan sobre la personalidad del sujeto de la narración. Agreguemos también referencia a textos icónicos —tal el caso del encuentro fortuito de una fotografía— y al género epistolar en un pasaje de importancia como es la carta de la hermana de Inés, voz narradora principal, residente en Buenos Aires, soltera, escritora, profesora de Filosofía en la facultad.

Lo narrado aparece a través de la voz de la mencionada protagonista, que busca insistentemente, mediante la escritura (“Voy a escribir como modo de organizar estos duelos”; pág. 9), apropiarse de lo que ha sucedido en dos dimensiones temporales disímiles, pero que se entrecruzan en sus complejidades y vicisitudes. Este sujeto de la enunciación lleva a cabo, desde su seguridad limitada y aparente, el esclarecimiento sobre sus propios conflictos no resueltos. La rebeldía está instalada en la protagonista, quien manifiesta su insatisfacción y se juzga extremadamente racional y enclaustrada en su consabido escepticismo. A veces, la voz narrativa se muestra nítidamente desdoblada, diríamos apostrofándose a sí misma, con el empleo de un registro coloquial, de recriminación o de tono decididamente imperativo. El objetivo consiste en descubrirse, comprenderse desde su no aceptación, sostenida por un saber restringido: “Ojalá los hechos, las acciones y los personajes me despabilen y vuelva a ser yo, y no un ánima en pena sumida en la bronca debido al asesinato de su hermana” (pág. 9).

Busca conocer no sólo los hechos acaecidos en su familia, centralizados en la conducta inaprensible de su hermana, el viaje de ésta a África en respuesta a la decisión irrevocable de misionar, de llevar la Palabra, incluso a costa de cualquier peligro. Desde los primeros enunciados se ofrece esta acción nuclear y, a partir de allí, el lector accede a una reelaboración retrospectiva. Es un yo narrador que busca, que persigue develar el enigma vital de esa hermana monja, asesinada finalmente en su tarea evangelizadora, y también es un yo que se busca. Como se verá, según avance el relato esa ruta emocional constituirá un pedido más hondo, será al ser depositario de la verdad, tal como se evidencia en el bello poema del final.

El material ficcional se presenta, entonces, como una operación de entramado consistente en dos historias que van entretejiéndose. En uno de esos relatos se van explicitando los aspectos de la ficción que se está escribiendo, de la que es responsable Inés. Es la historia de la construcción de la escritura, del proceso de la narración. Se producen reflexiones, dudas, observaciones críticas sobre la materia verbal con la que ha decidido trabajar, a partir de su elección de escribir como una forma de poner orden sobre hechos luctuosos: la muerte de sus padres y el crimen de su hermana. Esto toma cuerpo en la inserción de acotaciones metaliterarias, constante preocupación a lo largo de la narración, desde los primeros capítulos: “Ignoro si lo que traigo entre manos será un cuento largo o una novela, si me voy a incluir como personaje o qué” (pág. 13). Asimismo se incluye un texto epistolar firmado por Rafael, en el cual se hacen referencias puntuales sobre los aspectos, modos literarios, impresiones sobre los personajes, el ritmo, los puntos de vista de la narración, aceptando o criticando negativamente la historia que está esbozando Inés. En otras secuencias, Inés recurre a evocar a autores consagrados, Joyce, Capote, Góngora, Salinger, para considerar burlonamente su propio estilo desfavorecido: “Realista y desesperante, mi estilo no encuentra su justo cauce” (pág. 14). Otros modos de intertextualidad están presentes proficuamente en el relato, a través de personajes históricos, filósofos, con citas que procuran justificar o persuadir al destinatario lector sobre determinados temas. En tanto que la novela, como todo discurso ficcional, responde al carácter dialógico, se establecen estrategias polifónicas, citas, modos irónicos o diálogos interiores de la protagonista, como hemos apuntado. La mención al silogismo de Leibniz funciona como un hipotexto que se reitera en algunos episodios; por ejemplo, en las observaciones de ella y su alumno Rafael (para quien el espíritu y Dios son una “patraña... apenas somos materia”), con quien la profesora establece una relación sentimental. Párrafos irónicos se suceden, al evocar el entorno familiar, aunque suavizados por el recuerdo cariñoso infantil, en una mezcla confusa de admiración e indignación, subrayando el carácter antagónico de las dos hermanas. Ella, una laica, agnóstica. Su hermana, una mística, dueña de paz interior, a la que llamaron Diotima, como la filósofa que dialogaba con Sócrates.

Como advertimos, la estructura narrativa está dinamizada por continuos quiebres temporales. Se produce una pausa en el presente en Buenos Aires, para iniciar una analepsis importante en la economía del relato. La alteración cronológica toma la óptica de la tercera persona de un narrador omnisciente, que conoce y transmite los pensamientos de la protagonista de este segundo relato —aunque hay adecuados enfoques de pensamiento en primera persona— para introducir al lector en la segunda historia, que transcurre en Bélgica, en el siglo XIV. Es esta segunda historia la que constituye la materia verbal de la novela que escribe Inés. Se narra la reciente muerte del marido de doña Brígida, Birgitta, luego santa católica, teóloga, escritora y Patrona de Europa. Asimismo cómo esta mujer noble, curiosa intelectualmente —quien, quizás en su delirio místico, declaraba que le hablaba la Virgen—, decide despojarse de sus bienes, viajar a Tierra Santa y fundar la Orden del Santísimo Salvador. En el primero de los breves capítulos que estructuran la novela, afirma Inés que necesita investigar y establecer un diálogo entre el siglo XIV y el XXI, en memoria de su madre, muy devota y de su hermana. Por ello investigará sobre Brígida, una dama de la aristocracia de quien su madre tenía una foto, y también incluirá a las “beguinas”, mujeres de pueblo, entregadas a la caridad y que persistieron en su accionar fervoroso, no obstante los castigos y reprensiones a que fueron sometidas, e incluso condenadas a la hoguera. En este aspecto, el título del volumen es acabado, ya que en la síntesis de un sintagma rítmico connota y condensa cualidades de la noble Brígida en constelación férrea con estas mujeres: Sabias, santas, rebeldes.

Creemos que es posible admitir, en esta motivadora novela, el tema de la búsqueda de conocimiento y, al menos, tres enigmas. Quién fue santa Brígida, el motivo de abandono de todas sus posesiones y privilegios. Cuál era la razón de su necesidad de saber y de llegar a ser teóloga, en posesión intelectual y profunda de las verdades eternas. Cuál era la fuerza que conducía a su hermana Diotima a la misión de servir al prójimo, su inquebrantable confianza en llevar la Palabra de Dios y colaborar con acciones de bienestar a los seres humanos, a costa de su propia vida. Y como tercer punto, develar su propia identidad, quién es ella, Inés. Es decir, que en el decurso narrativo se mantiene la gravitación de la búsqueda, resumida en el conocimiento de un universo distante temporalmente y que posee la fuerza de la fe y el legado cristiano de entrega al prójimo. En complementariedad con éste, indagación en el conocimiento de sí misma, partiendo del ámbito físico, intelectual, en el que la protagonista Inés está inserta, desde su dureza e intransigencia, que sin embargo encierra una posible conversión, una suerte de abandono del agnosticismo tenaz, una aproximación a la experiencia de lo divino. Una novela apasionante que exhibe la riqueza de interpretación que descubra el lector. Winkler equilibra con destreza un registro minucioso de ámbitos históricos y una legítima y sincera iluminación de zonas vitales de ansiedad y dudas de la protagonista, mediante cuestionamientos que renacerán con la activa participación de quien es el objeto de toda producción literaria, el lector.

Viviana Bermúdez-Arceo
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