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La voz de Nesfran González: el poema como centro del universo
(sobre el poemario Aquí todo es silencio)

sábado 1 de marzo de 2025
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Nesfran Antonio González Suárez
Nesfran González convierte la voz poética en ese enlace que sofoca el mutismo celeste de lo inconmensurable.

“Aquí todo es silencio”, de Nesfran González
Aquí todo es silencio, de Nesfran González (NSB, 2013).

Aquí todo es silencio
Nesfran González
Poesía
Negro Sobre Blanco
Caracas (Venezuela), 2013
ISBN: 978-980-12-6458-3
84 páginas

Abrió la ventana.
Sonaba el planeta.
Antonio Machado

El cuerpo es una piedra impelida por el universo. Una vez alejado del sopor de los astros, el recorrido adquiere tintes de sapiencia y dolencias terrenales. En el misterio del cosmos la palabra es emitida sólo desde lo más íntimo, desde la dureza de las ensoñaciones o desde el merodeo de la vigilia. Pero esa palabra que carcome e infunde presagios se hace germen de un silencio mayor: aquel que habita insondable en el poema.

Acercarse al poemario Aquí todo es silencio (2013) de Nesfran González (San Antonio del Táchira, 1980) nos remite a un cierto despabilo para y contra el horizonte. Las sombras que apuntan a mundos más amplios e inexactos invocan visiones que recortan el camino entre este suelo duramente helado y todo aquello que jadea más allá de la atmósfera. Así se nos presenta el poeta:

La Tierra
en su soledad
gira
en el mayor de los silencios.

La Luna
es su pañuelo de lágrimas
en un lenguaje
que desconozco.

Se convierte la voz poética en ese enlace que sofoca el mutismo celeste de lo inconmensurable. Será su palabra (maridaje peculiar) ese tercer planeta que cataliza el arraigo inmemorial con nuestro satélite. Es carne planetaria que gravita y fluye entre ambos cuerpos.

El hombre prestado, por momentos, a su envanecimiento secular, interroga e intenta poseer la respuesta ante lo sombrío:

¿De qué fuente maligna
brotaron esas páginas
que pronosticaban
la oscuridad total del universo?
¿Por eso tu mirada perdida,
tu manera agresiva de caminar
y tu costumbre insana
de masturbarte frente a los niños?

Sin siquiera desprenderse de sus dudas, puede ahora desde la terredad desafiar los mitos y los miedos de la niñez:

Hasta el hidrógeno de las estrellas
es finito, loco de mi infancia.

Pero el cálculo evasivo de nuestras certezas hace que el poeta recurra a la voz más autorizada: Dios. Por eso, en el poema “Elipse”, nuestro planeta permanece subordinado a sus inefables directrices: “La Tierra, con sus volcanes, / se apresta a dar una vuelta más. // Sólo Dios tiene fijada / la fecha de su jubilación”. Y un sentido de impotencia meditabunda rodea al decir en el siguiente texto:

Quedo petrificado
ante las mujeres de fuego
y los hombres de ceniza.

Inmóvil
en el centro del cosmos.

Donde se forman los remolinos.

De tal forma que lo insondable se apareja con el mundo concreto y acechante de los hombres. La enigmática energía proveniente del cosmos no diferiría entonces en mucho de los caprichos y de las nefastas moralejas de la cotidianidad mundana. En nuestro auxilio recurrimos a la voz de Vicente Gerbasi, quien afirma que “la expresión es el puente que el poeta tiende entre el universo y el hombre”. Porque, a decir del autor de Mi padre, el inmigrante, cuando el hombre, ya sea “por la inteligencia, por los sentimientos, por el anhelo, se colocó en el centro del universo (...), desde ese momento soporta el peso del misterio”; valorando así a la palabra poética como única posibilidad de rebelión ante los arcanos de la existencia.

Nesfran González nos propone el poema que lleva por título “Domingo, 4 de diciembre de 1988”:

Alberto me dijo
que al señalar una estrella
yo iría
a ocupar su lugar
y ella bajaría a la Tierra.

Mientras estiro mi dedo
mis padres salen a la puerta
para ver la caravana
que ondeaba banderas blancas
como velas de un barco

(...)

El poeta guarda silencio. Se le viene encima un presagio que registra tardíamente. Algo que ni el más avanzado telescopio podrá escrutar nunca en nuestras indefensas almas terrícolas:

Ante lo que ocurría
no lográbamos presentir
el principio del fin
de muchas comodidades.

Sólo la palabra. Aun en lo acerado del silencio, sólo ella será sostén ante el agravio. De cierta manera, la lectura de Aquí todo es silencio nos conduce a las palabras de Ida Gramcko cuando se refiere como aquel “que en cada amanecer, después de haber donado todo, le pide perdón a las estrellas”. Con este poemario de Nesfran González la deuda cósmica se construye y acrisola del rumor y del misterio que convoca la poesía.

Antonio González Lira
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