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El primer beso, de César Blanco
(palabras de presentación)

viernes 16 de enero de 2026
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César Blanco
En El primer beso, de César Blanco, el poema es un espacio donde el lector posee la última palabra, entra a la casa de la poesía, recorre sus habitaciones y respira su aroma.

Ofrecemos a nuestros lectores el texto preparado por el escritor, crítico y docente venezolano Efrén Barazarte para presentar el poemario El primer beso, de César Blanco, el 22 de noviembre de 2025 en la Casa Italia de Maracay, Aragua (Venezuela).

El libro El primer beso, del poeta César Blanco, presenta uno de los temas más trabajados en el género de la poesía desde tiempos antiguos. Esta aseveración la refrenda el propio poeta en la introducción de su libro. No deja de ser respetable que este extenso trabajo poético esté dedicado a Yaca Li, su amada esposa.

Este espíritu de tradición lo encontramos en tiempos remotos. Las antiguas tablillas de Sumeria (2000 a.C.) nos dan fe del pasaje clave del beso descrito a propósito del sagrado matrimonio entre Inanna y Dumuzi. El beso, para el primer poeta conocido, fue el tesoro más preciado. Reza el fragmento de una antigua canción estas palabras de la novia hacia el novio:

Oh, mi amado, el deleite de mis ojos, Mi miel, mi terrón de azúcar… / Mi dulce boca, dulce como el pan recién horneado… Mi tesoro más preciado es el dulce beso…/ Tu mano en mi entrepierna es una planta aromática… Dulce, dulce es el fruto de mis labios… Me besó, me trajo deleite.

Muchos ejemplos nos complacen en torno al tema: los papiros amorosos de la XIX dinastía de Egipto nos invitan a leer la pasión del besar:

¡Oh, si pudiera yo mojar mis labios contra los suyos, mientras él está desnudo! / ¡Qué felicidad si pudiera besarlo y besar sus labios y estrecharlo en mis brazos!

Pero es una cita obligada abrirle la puerta a los pasajes escritos en el Cantar de los cantares del rey Salomón, donde los labios se convierten en una ventana abierta para el amor y la pureza hebrea:

Como panal de miel destilan tus labios, oh esposa; miel y leche hay debajo de tu lengua; y el olor de tus vestidos como el olor del Líbano (Cantar de los cantares, 4:9-11; Reina-Valera, 1960).

 

“El primer beso”, de César Blanco
El primer beso, de César Blanco (Negro Sobre Blanco, 2025).

El primer beso
César Blanco
Poesía
Negro Sobre Blanco
Caracas (Venezuela), 2025
ISBN: 978-980-424-286-1
135 páginas

De la idílica pureza al desafío social

Esta visión de la miel y la pureza hebrea, siglos más tarde, se transformaría en un acto de desafío social en la Roma pagana. Aprovecho esta oportunidad otorgada en el día de hoy para recordar al poeta romano Catulo (siglo I a. C.) y su famoso poema V, intitulado “Los mil besos”: el beso como rebeldía que se cuenta por miles para vencer el tiempo y la envidia.

Vivamos, querida Lesbia, y amémonos, y las habladurías de los viejos puritanos nos importen todas un bledo. Los soles pueden salir y ponerse; nosotros, tan pronto acabe nuestra efímera vida, tendremos que dormir una noche sin fin. Dame mil besos, después cien, luego otros mil, luego otros cien, después hasta dos mil, después otra vez cien; luego, cuando lleguemos a muchos miles, perderemos la cuenta para ignorarla y para que ningún malvado pueda dañarnos, cuando se entere del total de nuestros besos.

Hemos apreciado que la idílica visión hebrea y su deleite sensorial se convierte en Catulo en un desafío a la moralidad social: nos expresa que el amor es eterno en los besos y el qué dirán de la gente no mueve ni un ápice el inquebrantable acto amoroso.

 

El beso trágico, el calvario y la materia

Y ya que estamos en la prestigiosa Casa Italia de Maracay, donde se encuentra la sede de la Società Dante Alighieri, cuyo presidente es el doctor y amigo Mariano Palazzo, recordamos uno de los libros más importantes de la historia de la cultura occidental, La divina comedia de Dante (siglo XIV).

Dante convirtió el beso en una cúspide trágica, la llave que abre la puerta a la condenación. En el Canto V, “El beso del pecado”, encontrado en el segundo círculo del infierno, lugar destinado para los pecadores de la lujuria, Francesca da Rimini y Paolo Malatesta se besan para sellar su amor. El beso como Galeotto, el mediador que sella la condena eterna.

Un día leíamos, para pasatiempo, de Lanzarote, cómo le venció el amor; solos estábamos y sin sospecha alguna. / Varias veces nuestros ojos dirigió aquella lectura, y el color nos mudó; pero un punto fue el único que nos venció. / Cuando leímos que la deseada sonrisa fue besada por un amante tan noble, éste, que de mí nunca será apartado, la boca me besó, temblando todo. Galeotto fue el libro y quien lo escribió. Aquel día ya no leímos más.

Más adelante encontramos en el siglo XIX al poeta español Gustavo Adolfo Bécquer, quien nos pronuncia en su rima V:

La dulce boca que a gustar convida un silencio de besos destilado, y aquel licor, si oculto, más sagrado, que mana del suspiro y de la herida; / amor, dámelo ya, que quiero vida, pues entre un labio y otro colorado tienes tanto clavel de mi costado, tanta rosa recién amanecida.

Pero Bécquer en su rima VII da un salto hacia el sentido doloroso del beso:

¡Oh, no! Es mejor el sueño. El sueño es dulce, y el besar es dolor. / ¡El beso es un relámpago, un instante, y la boca un altar!

Si Bécquer nos legó un beso doloroso pero idealizado, el peruano César Vallejo (siglo XX), un gigante de la poesía universal, lo despojaría de todo idealismo, transformándolo en una metáfora de nuestro sufrimiento y nuestra fragilidad existencial.

En este paseo por el beso en la poesía sería un pecado no citar al poeta peruano César Vallejo en Los heraldos negros, de 1919. El beso es la metáfora del sufrimiento y usa simbólicamente la alegoría de la crucifixión: el beso como un calvario íntimo, donde los labios se vuelven dos maderos curvados de la cruz.

Amada, en esta noche tú te has crucificado sobre los dos maderos curvados de mi beso, y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado, y que hay un viernes santo más dulce que ese beso.

Y sería una cita obligada los versos de Pablo Neruda con su “Oda al beso”:

¿Cómo se besa? Yo te doy la boca, tú me la das, es dulce y amarga, es dura y suave, es un nido de miel y un río de vino. / Beso es la letra del amor, el verbo que conjugamos con las bocas, el idioma de dos en el mundo, el idioma sin letras, el idioma de los labios, el idioma sin palabras, el idioma de dos en el mundo.

Sin embargo, a mi entender, la palabra de Neruda hace muy evidente el sentido mágico del beso visto en las anteriores referencias.

 

La continuidad de la tradición

Richard Sabogal, el prologuista de este libro, asoma que César Blanco mantiene una atmósfera de íntima confesión: y en esa confesión se cae ante un espejo en el que cada lector se refleja. A partir de allí, el poema es un espacio donde el lector posee la última palabra, entra a la casa de la poesía, recorre sus habitaciones y respira su aroma. Ninguna presentación deberá prejuiciar la sensibilidad e inteligencia del lector. Todos los temas de la poesía han sido escritos y lo que cambia es la voz de cada poeta.

Hemos recorrido el arco completo del beso poético: desde la idílica y sagrada unión de Sumeria y el Cantar de los cantares, pasando por la transgresión y el desafío social de Catulo y Dante, hasta llegar a la profunda amargura y el calvario íntimo de Bécquer y Vallejo, para culminar en la materialidad elemental de Neruda.
César Blanco, en El primer beso, al dedicar su trabajo a su amada esposa, vuelve a tomar el hilo de la tradición más pura y antigua: la del fundamento sagrado y hermoso de la unión.

Felicito al poeta por seguir el camino de esta antigua y presente tradición. Me llega a la memoria un poema de la poeta Ana María Oviedo Palomares, que le dedico a César, a su esposa y a todos los presentes:

Líquida, descendiendo a tu boca, diluyéndome
no importa si regreso.

Efrén Barazarte
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