
Javier Mateo Hidalgo (Madrid, 1988) es un ejemplo paradigmático del creador total. Resulta casi imposible conseguir abordar y cultivar tantas disciplinas artísticas como él practica, y hacerlo además con semejante soltura y éxito. Nos hallamos ante un joven poeta, ensayista, crítico cultural, docente de Bellas Artes y autor multidisciplinar de amplio espectro: literatura, proyectos audiovisuales, exposiciones artísticas, libretista de ópera y especialista en cinematografía y música. Una auténtica explosión creativa que, dada la juventud de Javier Mateo Hidalgo, le convierte en un más que posible candidato a erigirse como uno de los líderes artístico-culturales de su generación.
Y, recientemente, se ha publicado su séptimo poemario, Sinfonía para un solo músico. La multiforme inspiración del autor le conduce en esta ocasión al universo musical, como el título del mismo libro expresa significativamente. Poemario que, en palabras del propio Javier Mateo Hidalgo, constituye “un homenaje a la música y a cómo ésta ha estado presente formando parte de mi formación e inspiración creativa”. Pues, no en vano, desde la edad de los cuatro a los diecisiete años recibió formación musical, lo que hizo de él un sensible melómano de la música clásica y le lleva a afirmar que “la música es la más perfecta de las abstracciones”, confesando también que siempre ha sido su aliada y la necesita como banda sonora de su incesante actividad porque le “inspira”. Y, tal como parece, le inspira de manera fértil y diversa.
Sinfonía para un solo músico compone, junto a Novela (2024) y Exposición permanente (2025), sus dos poemarios anteriores, una tríada poética con la que el autor ha llegado a afinar del todo su voz lírica y ha consolidado su propio estilo literario. Si Novela es la narración no tan velada de su autobiografía, Exposición permanente ofrece un recorrido emocional y reflexivo a través de la pintura de diversos artistas y épocas, viaje que Javier Mateo Hidalgo aprovecha para exponer tanto su trayectoria vital como sus inquietudes, obsesiones y convencimientos. Mientras que Sinfonía para un solo músico, y no resulta difícil suponer quién puede ser ese músico al que le toca interpretar la sinfonía de su propia existencia, es un poemario que tiene como protagonista a la música. Una propuesta distinta a los anteriores libros, pero paralela en cierto modo, donde el recorrido por compositores y obras musicales le servirá al autor también para ir narrando el personal e íntimo proceso existenciario de su yo biográfico y creativo. El poeta, de este modo, y apelando a sus otras pasiones y querencias artísticas, nos va desvelando libro a libro sus sensaciones y pensamientos más íntimos y auténticos. Una manera ocurrente y peculiar de plantearse la poesía y de llevarla a cabo.

Sinfonía para un solo músico
Javier Mateo Hidalgo
Poesía
Editorial El Sastre de Apollinaire
Madrid (España), 2025
ISBN: 979-13-991429-2-1
7o páginas
Para Javier Mateo Hidalgo, la música, como escribía en el poema “La danza” del libro anterior, Exposición permanente, representa “la más perfecta de las abstracciones” y “suma escalones hacia la verdadera conciencia”. Afirmación de autoconciencia personal y conciencia del mundo de la vida que, a través de la música, el autor desarrolla mediante veinticinco composiciones poéticas en este reciente y nuevo libro de versos, Sinfonía para un solo músico, compuesto por dos poemas introductorios y cuatro secciones en las que cobra realidad y se desarrolla la anunciada sinfonía del título: “Poco sostenuto-vivace”, “Alegretto”, un obligado “Descanso” y, como movimiento sinfónico final, “Presto”. Tal como el mismo autor, en el poema “Pastoral impresionista”, nos confiesa de manera franca y bien humorada: “(...) la estructura de este poemario / tiende a ser una falsificación / de la séptima beethoveniana”.
Esta sinfonía poética constituye, por tanto, un apasionado relato del gradual y sensible proceso de aprendizaje que requiere la existencia, rememorado por Javier Mateo Hidalgo al hilo de las determinantes experiencias musicales que ocuparon su infancia y adolescencia, esa patria entrañada e inolvidable del ser humano. Una historia que el primer poema del libro, “Último ensayo en el foso”, inaugura anunciando que “Un único intérprete entre bambalinas / dará cuenta de todo el espectáculo”. Y ya en la primera parte del libro, la titulada “Poco sostenuto-vivace”, el intérprete-autor nos ofrecerá una de sus claves creativas: “¿Qué es la fantasía / sino un remedo de la realidad? / Una teatralización de la corriente vida, / un impulso de los sentimientos / que de las preocupaciones hacen poesía” (“Sueños y pasiones”).
Javier Mateo Hidalgo, en los poemas de la muy breve sección segunda, “Alegretto”, refiere alguna anécdota de su adolescencia o primera juventud: el viejo amigo y compañero, músico profesional ahora, que descubre en el foso del Auditorio; los veranos en los Pirineos navarros y la música de Debussy; o cuando, muchacho marginado por sus aficiones artísticas en el instituto, otros chicos, riéndose, le decían que era “el violinista en el tejado” y no se lo tomaba a mal, pues, como confiesa: “Yo me veía así, pintado de verde, alargado / y alegre en ese mundo de fantasía” (“El violinista en el tejado”).
En la tercera sección, “Descanso”, el autor rememora aquella vida idealizada de la niñez y la adolescencia. Su temprana iniciación en los estudios musicales y Daniel, el profesor de violín, que le hizo amar la música para siempre y que fomentó su recién estrenada sensibilidad para que apreciase también la literatura y la historia. El viaje a la fascinante Florencia con los amigos. La evocación de los abuelos y, en particular, el abuelo paterno vasco-navarro: “Ya de adolescente, / el padre de mi padre / aprendió a tocar la flauta travesera / sin saber que lo que interpretaba / era La flauta mágica de Mozart. / Lo supo mucho más adelante” (“Bohemios”). Y acaso pudiera ser que ese abuelo adolescente invocado sea el joven muchacho que, con gesto grave, nos contempla desde la fotografía recortada que ilustra la portada del poemario sosteniendo en sus manos una flauta travesera.
La cuarta sección del libro, el “Presto” con el que finaliza la Sinfonía para un solo músico, es también la parte más extensa del poemario. Un desenlace donde “Kreisleriana”, la pieza en siete movimientos de Schumann, poetizada por Javier Mateo Hidalgo, va desgranando sus notas para convertirse en ensoñada “mujer amante”: “No importa cuándo ni dónde, / seré tuyo, y tú, tan libre, / nunca serás mía”. El amor a la música, una pasión que será para siempre íntima e inextinguible: “Gravito contigo, ya no pisamos la tierra. / Como en un sueño donde creemos que volamos / sólo estamos los dos”. Pasión musical que se hace extensiva en otros poemas a obras del compositor español Albéniz o el checo Smetana. “La vida se había convertido / precisamente en eso: / en una gran sinfonía / que esperaba a ser escrita, / y que sería interpretada por un solo músico. / Todo estaba por hacer, / todo estaba por escribir” (“Coda”). Y el telón de la Sinfonía para un solo músico baja.
El telón cae en la última página del libro, pero es indudable que se alzará otras muchas veces para volver a releer de nuevo esta sincera y clara sinfonía poética, llana y ajustada al tema, sin alardes líricos, nada retórica. Poesía de carácter narrativo, con un más que declarado tono autobiográfico, propio sin duda del joven poeta que es Javier Mateo Hidalgo, una voz lírica que aún cuenta por fortuna con un largo y esperanzador futuro. Sus obras hablarán por él. Habrá que estar atentos.
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