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El canto de los corazones rebeldes, de Thrity Umrigar

sábado 2 de mayo de 2026
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Thrity Umrigar
Las protagonistas de El canto de los corazones rebeldes, novela de Thrity Umrigar, escritora nacida en Bombay, son valientes y se rebelan contra el statu quo para reclamar su libertad.

El canto de los corazones rebeldes sale de la pluma de Thrity Umrigar, novelista y periodista nacida en Bombay en 1961, quien emigró a Estados Unidos a los veintiún años. Tras su paso por la universidad, su compromiso con la literatura y con la actualidad la impulsó a dar a conocer asuntos sociales. Con una bibliografía más amplia en inglés, en castellano se han publicado El cielo de Bombay (2006), La estación de los recuerdos (2010) y El canto de los corazones rebeldes (2025).

La autora indica que “la trama puede resumirse en dos palabras: nuevos comienzos”. Cada uno de los personajes manifiesta, bien mediante lo que verbaliza o bien a través de sus acciones, un propósito vital de renovación, superando el pasado para centrarse en las posibilidades de mejora del futuro. De la misma manera que para las protagonistas, este libro también fue para Umrigar un nuevo comienzo, ya que prácticamente todas sus novelas se habían situado en Bombay, y para la presente abandonó parcialmente la urbe por las aldeas.

El germen se encuentra en los reportajes de Ellen Barry, corresponsal de The New York Times, quien reflejaba el día a día en las zonas rurales del país asiático, y con más detenimiento en el caso de las mujeres, cuyas vidas están sometidas a un hombre, que puede ser su padre, su hermano o su marido. Si, además, estas mujeres forman parte de alguna minoría étnica o religiosa, la cuestión se agrava enormemente. La reflexión que Umrigar se plantea se la suscitaba la contradicción tan extrema de que la misma nación puntera en ciencia, sanidad y tecnología pudiera albergar comportamientos enraizados en tradiciones de hace tanto tiempo.

“El canto de los corazones rebeldes”, de Thrity Umrigar
El canto de los corazones rebeldes, de Thrity Umrigar (Newton Compton, 2025). Disponible en Amazon

El canto de los corazones rebeldes
Thrity Umrigar
Novela
Newton Compton Editores
Barcelona (España), 2025
ISBN: 978-84-10359-28-4
416 páginas

El volumen se estructura en torno a dos mujeres indias, cuyas vivencias se van presentando de forma alterna a lo largo de cuatro partes y cuarenta capítulos. La primera de nuestras heroínas es Meena, cuya existencia se desarrolla en un pequeño pueblo. Umrigar relata sus experiencias en primera persona, elección que dota de un tono íntimo a su relato y, por tanto, logra una mayor empatía con su situación. Ella y su hermana están bajo la tutela de sus dos hermanos dentro de una familia de religión hindú. En determinado momento, su hermana decide ir a trabajar a una fábrica, decisión que Meena secunda y que les acarreará el desprecio de toda su comunidad, en especial, del cacique local y de sus propios hermanos (que, pese a ello, aceptan y gestionan el dinero que ellas ganan).

En la fábrica, Meena conoce al que será su marido, Abdul, que es musulmán. Al saber del romance, la crueldad del jefe local se ceba con ella, que escapará hasta el pueblo en el que vive su enamorado. Sin embargo, tampoco en aquel lugar encontrará la felicidad, sino el rechazo por motivos religiosos, hasta que, finalmente, sus hermanos logren que el matrimonio acabe de una forma que preferimos no desvelar, pero de la que adelantamos su enorme crudeza.

El correlato de Meena es Smita. Para ella se opta por darle voz a través un narrador en tercera persona que logra un efecto distanciador que nos posiciona como espectadores de lo que va aconteciendo “en directo”. Su familia emigró a Estados Unidos después de un suceso traumático que hizo que no deseara regresar nunca a su país natal. La propia autora se demora en relatar ese acontecimiento, pero los ambivalentes sentimientos de Smita hacia la India quedan entonces justificados, y es una baza bien jugada por parte de Umrigar, quien acierta en el momento de la revelación. Smita vuelve para ayudar a una amiga periodista que ejerce de corresponsal en Bombay en un periódico norteamericano. Smita se verá impelida a cubrir la noticia del juicio de Meena.

Ambas mujeres son víctimas del mal puro, que se suele vestir con los ropajes de las creencias, la justicia o los dogmas religiosos, entre otros. En la India aún imperan las diferencias religiosas y de casta, lo que da lugar a violencia (no sólo contra la mujer, sino contra el pobre, contra la infancia y contra el que profese otra religión). Smita y Meena son valientes, en especial la última, y se rebelan contra el statu quo para reclamar su libertad, que es, junto con el amor y la esperanza de un porvenir más halagüeño, a nuestro juicio, la tríada más relevante de temas que aborda.

Otros asuntos que se ponen en el tapete son las raíces, la traición, la corrupción, la violencia, la misoginia, las divisiones sociales, la religión, el sacrificio, la pérdida, las costumbres, las leyes (y el sistema legal) y la ética profesional. Sin embargo, pese a que algunos críticos literarios han hecho hincapié en el racismo que consideran incluido en el texto, no estamos de acuerdo con tal afirmación, pues la raza de todos es la misma, por lo cual no es el racismo el problema, sino el odio entre las religiones.

A continuación, trataremos de ir desgranando los contenidos que conforman la columna vertebral argumentativa, ya que son varios. Nos apoyaremos en diferentes preguntas no formuladas explícitamente por la autora, pero que va dejando subrepticiamente como migas en el camino a fin de que, igual que Smita y Meena, seamos nosotros quienes nos detengamos a pensar.

¿Qué es la libertad?, ¿es acaso un concepto abstracto y filosófico, o es realmente aplicable?, ¿es dable ser independiente cuando tus oportunidades se encuentran limitadas social y económicamente?, ¿es más libre Smita que Meena? Para Smita, quien dejó todo atrás, es más importante la carrera profesional que el compromiso con otras personas y su sufrimiento, y disfruta de un buen nivel económico, no diremos que inmerecido, pero lo cierto es que en las primeras partes hace gala de una panoplia de creencias buenistas y de superioridad moral que son únicamente de cara a la galería.

Esto nos lleva a la siguiente cuestión. ¿Somos presas de contradicciones entre lo que proclamamos y lo que hacemos? Smita defiende su libertad personal y su ausencia de compromisos familiares más profundos. Le complace no estar sujeta a una pareja ni llevar la misma vida que llevó su madre. ¿Por qué?, ¿puede ser porque implica una renuncia?, ¿acaso se puede ser soberano de tu propia existencia sin sacrificar otras piezas del puzle?

Ítem más. ¿Las deudas morales existen? Tanto Meena y Smita como algunos de los personajes secundarios deben hacer frente a la complejidad de admitir que sus acciones del pasado y también las del presente generan deudas con otras personas y hasta con los países si su actitud no ha sido o no es la correcta, y hay que hacer frente a esos pagos. Humilde reconocimiento de culpa. Humildad de un corazón contrito.

¿Qué es el honor? Quizá parezca una idea ya pasada de moda, pero viene precedido de un aura de dignidad y valor. El Diccionario de la lengua española de la RAE lo define así: “Cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo”. En principio, parece lógico y aséptico, pero también recoge la siguiente acepción: “En épocas pasadas o en algunas sociedades, honestidad y recato de las mujeres”. El teatro español del Siglo de Oro, sin ir más lejos, se fundamentaba en el honor y en la honra, por lo que en aquellas fechas era un motivo de preocupación.

Podemos engarzar más cuestionamientos a partir de este último. ¿Hay culturas que no evolucionan? Es obligado dar cabida a esta pregunta pues, como menciona la última definición, en épocas pasadas nuestra propia cultura occidental consideraba a las mujeres personas que debían vigilarse y ser vigiladas para cumplir con reglas estrictas de pundonor y decoro. Una vez que ya se han dado pasos de gigante para avanzar en ese sentido, debemos fijarnos en que también se hace alusión a que, en algunas sociedades, ese control sigue ahí.

En pleno siglo XXI, ¿qué sentido tiene que unos vecinos se enfrenten entre sí por motivos religiosos? Si las religiones se fundamentan en ser necesarias para facilitar la relación con Dios (nos ceñimos a las monoteístas, pero podemos ampliar el abanico), ¿cómo pueden dar pie a guerras, matanzas y desprecio a otros seres humanos?, ¿es lícito?, ¿sería correcto formar parte de un conjunto de creencias en el que esto sea inherente al mismo?

Cerraremos con una última cuestión. ¿Se puede odiar y amar un lugar al mismo tiempo? Esta es una de las dicotomías que se le plantean a Smita, quien va evolucionando desde el rechazo frontal a una comprensión benévola de la idiosincrasia de la India, ayudada por Mohan, un hombre de rectos principios morales al que le unirá una emoción tan universal como el amor.

Como resumen valorativo final, trataremos de deslindar los aspectos negativos y positivos de la obra, siempre intentando escribir una crítica lo más equilibrada posible. Arrancaremos con los negativos para cerrar con gusto esta reseña.

En lo relativo a aquellos aspectos que consideramos que son flaquezas, y aunque el ritmo narrativo es, por lo general, bastante correcto, al tratar experiencias sucedidas en el pasado a Smita se cae en la reiteración de ideas y de escenas. Ciertas cuestiones, una vez resuelta la trama de Meena, cuentan con menos desarrollo del esperado y deseable, lo que hace que la narración termine un tanto atropelladamente.

La traducción es bastante desigual y carece de naturalidad, lo que resulta en un esfuerzo para el lector, ya que se detectan a menudo calcos del inglés (particularmente sangrante la insistencia con el gentilicio mumbai), así como estructuras organizativas, lo que distrae del desarrollo y hace que se avance con cierta sensación de desagrado. A ello contribuyen otros dos factores, que son no contar con un glosario para los términos en hindi (o en alguno de los otros idiomas de la India que sería posible que estén empleando, algo que los no avezados en estas lenguas desconocemos y que no aprenderemos gracias a este libro precisamente) o, en su defecto, con notas a pie de página. En un sistema de castas tan rígido, las interpelaciones entre los personajes son clave y ofrecerían muchas pistas para entenderlas, pero esta información se nos escamotea.

De la misma forma, algunos cortes de palabra a final de línea también son erróneos y corresponden de nuevo a las normas del inglés. Todas estas circunstancias de falta de trabajo en la edición, maquetación y corrección han hecho que optemos por recomendar la lectura en su idioma original a quien tenga dominio del inglés, pero no podemos por menos que reprochar a la editorial esta deficiente edición en español. Aun así, la historia merece la pena ser leída por su hermosura, su valor y su fe en el futuro.

En cuanto a los atributos positivos, las descripciones de Bombay y de la India rural dan a conocer estos lugares sin arrojar la impresión de estar ante una guía de un sitio remoto, exótico y, al fin, destino vacacional, un fallo que percibimos en otros títulos. Haberse alejado de la imitación del “modo folleto turístico para extranjeros” es de agradecer.

Nos ha complacido la emocionalidad desplegada en la novela. Las situaciones narradas pueden llegar a ser muy impactantes, pero la autora es capaz de suavizar, y es difícil, la amargura y la rabia que hacen sentir. El argumento habría sido lo suficientemente potente como para haberse desarrollado por sí mismo en torno a las dos protagonistas, pero la decisión de Umrigar de incluir hombres buenos, respetuosos y educados a su lado actúa de bálsamo y equilibra el dolor y la injusticia, así como ejerce no como dulcificador, sino como catalizador para anhelar y alcanzar un nuevo estado social, político y religioso de la sociedad en el que alcance la igualdad entre hombres y mujeres.

Javier Úbeda Ibáñez

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