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La yegua de la noche, de Luis Benítez

miércoles 2 de septiembre de 2026
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Luis Benítez
Benítez me parece de esos poetas que, aunque pase el tiempo, no tienen un lugar estático.

Por primera vez en su país, el sello de Buenos Aires Tiempo de Parque Ediciones distribuyó en librerías este volumen del reconocido poeta argentino Luis Benítez, ganador en 1996 del prestigioso premio de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat. Hasta el momento, los lectores solamente contaban con una edición chilena de 2001.

La función de la metáfora en La yegua de la noche

Escribo estas palabras desde el torpe destino que no me permite estar presente acompañándolos. Tienen el fin de reflexionar sobre la obra contundente y sostenida de Luis Benítez, un amigo (generoso y apasionado) que me dio la poesía. De alguna u otra forma, la reedición de La yegua de la noche implica una serie de movimientos importantes para nuestra maravillosa poesía argentina. Y esa es una discusión que daremos en su debido momento.

Quiero centrarme en la función de la metáfora en La yegua de la noche: estamos frente a un libro construido en la más profunda naturaleza. No me refiero a lo biológico, sino a lo que antecede al lenguaje. Saer planteaba esta idea. La poesía es mucho más que el lenguaje. Jennifer Grotz plantea que la metáfora es una herramienta cognitiva. En la poesía de Luis, la metáfora se vuelve una forma de conocimiento:

Esta mano que tiendo

(...) es otro vano prodigio
otro milagro inútil”.

Claro está, no podré trabajar, en este breve comentario, sobre el libro completo, pero quiero dejar esta idea latiendo.

“La yegua de la noche”, de Luis Benítez
La yegua de la noche, de Luis Benítez (Tiempo de Parque, 2026). Disponible mediante contacto con la editorial

La yegua de la noche
Luis Benítez
Poesía
Tiempo de Parque Ediciones
Buenos Aires (Argentina), 2026
ISBN: 978-631-90853-7-2
50 páginas

En la obra de Benítez, las metáforas traen un conocimiento del mundo que no podría haber llegado de otra forma. La mano tendida, en este caso, sería una espera, sería en sí misma el milagro y la espera del milagro. Borges nos traía la idea de que una metáfora debía justificarse, tener un punto de contacto. En estas líneas citadas, vemos el tenor y el vehículo para conseguir un conocimiento nuevo del mundo: la mano es el tenor, el milagro y el prodigio son los vehículos. En uno de los poemas de este libro, el autor pareciera estar coqueteando con esto que menciono. Cito:

la mujer sabe que algo ha ingresado de nuevo a este mundo
Se abstiene sin embargo de nombrar eso que viene.

Un poeta debe volverse inclasificable, dicen los que saben. Benítez me parece de esos poetas que, aunque pase el tiempo, no tienen un lugar estático. Principalmente, porque el trabajo con la belleza no es estático. Coincido con el joven poeta Stefano Branca cuando menciona que “en Benítez la reflexión siempre encarna imágenes concretas que funcionan como materia en mutación”.

Si la tarea del poeta es la poiesis, Luis Benítez, autor de La yegua de la noche, encarna esa actitud no para crear lo nuevo, sino para crear lo desconocido. Esas palabras próximas y familiares que nos hacen sentir una profundísima extrañeza en la que “recordamos algo que parecía olvidado”. La creación sería, entonces, como haber sacado algo de la oscuridad. Celebremos este libro que se reedita para volver a nosotros con la fuerza característica de la poesía de nuestro autor.

Misael Castillo
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