Instalarse en la corriente alterna,
abocada a pisar
la baldosa insegura.
A lo liminal. Aferrarse.
La pausa después del último verso.
funambulismo
Un instante justo
antes de que oscurezca
en cremallera cielo y mar
convergen un cobalto saturado.
En el horizonte inestable equilibrio.
Sobre este límite exacto
un buque apenas llega a percibirse.
Certeza:
necesita hundir parte
de su casco para mantenerse a flote.
metamorfosis
Cucharada indomable
que extirpas de la roca sus entrañas
y en arena las conviertes.
Desciende en mí,
arranca del estómago
semillas de estragón.
Vuelven a nacer mariposas
y atisban la luz entre mis labios.
tardor
Se acercó como todos,
ensombreciendo el día
arrastrando la cabellera
mudando la piel
—reconvertirse o expirar—
cobrándose los espíritus.
Es la caída quien trae y se lleva a los muertos.
Como la hoja
que se retuerce y se retuerce
para re-tardar lo inevitable.
corpografía marina
Baja la marea
y asomo en mi parte más alta,
un iceberg
volcánico y anclado al fondo.
Casi sepultada, inmersa. Así me prefiero.
Baja la marea
y sus trazas emergen
esgrafiadas
en mi superficie, mientras me recorre.
La resaca ha arrastrado consigo el pudor.
Baja la marea
y mi cuerpo al viento se ofrece desnudo.
corpografía vegetal
Reside la memoria en las vetas
en las líneas paralelas del rostro
en las líneas en negativo de este musgo.
En los nudos,
como purga de las lluvias escurridas
este lodo enraizado.
Los devuelvo a la intemperie
los observo
los acaricio.
Ahora sí me vuelvo vegetal, madera, cuerpo.
Soplas para apagar la lámpara.
Y se cumple. El deseo.
- Poemas de Sonsoles Hernández Barbosa - viernes 18 de noviembre de 2016


