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Cinco poemas de Lucía Damacela

miércoles 13 de septiembre de 2017
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Vaho nocturno

El ruido del tránsito, interminable zumbido
entrando a bocanadas por las ranuras
de la ventana del baño;
desaceleración y luego aceleración después de la curva.
Los frenos del bus, la embestida de la moto,
el camión prepotente.
Frenos hidráulicos condensándose con los vahos del vapor
en las paredes del baño
Extiendo mi brazo y el calor vibrante del agua
se desliza por mi cuello,
me rueda el seno y baja por mi abdomen,
recorre mis piernas, serpiente de ecos y bruma
escurriéndose por el desagüe,
bebida por la tierra.

La noche sin placas, sólo luces,
calcomanías de plata titilando
sobre los azulejos.

De pronto, un sonido de antaño.
Tic toc tic toc.
Una carreta tirada por mulos.

Reloj dando marcha atrás
como retrocediendo en una colina domada,
aplanada, ya no le quedan ondas discordantes.
El asfalto pesado que la cubre,
el peso del cambio,
del establo cerrado,
de las lámparas de aceite arrancadas,
árboles de frutos obsoletos
que todavía se encuentran en los talleres de artesanos viejos,
hijos de artesanos
más viejos que ellos.
El peso del progreso, una capa negra de brea,
la tierra no respira.
Las hierbas, malas ellas,
encuentran la manera de salir;
a veces, resquebrajaduras minúsculas
por donde se cuelan a la luz del sol
y traen oxígeno al interior de la masa efervescente.

Noches recalcitrantes; la tierra intenta respirar,
dragón herido.

La luna, cabeza de ajo hecha pulpa en un mortero,
clara de huevo estrellada contra el sartén bullente.
Formas humeantes, un mundo sin contornos.
El mapa del ahora, un hálito sobre el espejo.

 

Idas y venidas

Alguien se desesperó lo suficiente por mí,
lo suficiente para irse.
Por un tiempo, mi partida
fue un intento de alejarme también,
de ganar la carrera e irme aún más lejos.

Irse era la palabra clave, irse un poquito más cada día
hasta que no haya manera fácil de volver.
Irse tanto que cuando regreses todo
cruja a nuevo, a recién descubierto.
Irse hasta que la vida que te hiciste
no sea una secuela. Hasta que esa vida eres tú.

Incompleta, así me he sentido por momentos.
Como un baño sin espejo,
una ensalada sin tomates,
una carretera sin rótulos,
un apiario sin miel,
un teléfono móvil sin sonidos.

Los afectos, las memorias, los aromas,
los sabores te hacen regresar una y otra vez.
Y la vida que tuviste se junta con la vida que te tiene ahora.
Y sacas tu incompletura y tu nostalgia a recorrer tus barrios.
Tus mundos se unifican, y hay dolor, porque siempre hay dolor,
pero lo has dejado fermentar y las burbujas que han surgido
se te revientan en la nariz y te hacen sonreír.

 

Escudo

Me escudo en la mirada adusta
en el humo del café
en la tinta en las manos
el orden que colecciona migas de pan y granos de azúcar
las bota en la basura
limpia la mesa aun cuando sea con la mirada
organiza los libros sin detenerse a considerar sus méritos
…………este lo compré en la tienda de Oxfam de la High Street de Cobham
…………este otro vino conmigo lleno de recetas caducadas
…………como los enlatados coterráneos muriendo en mi despensa
se despiden del viento que los trajo al puerto
como el canto de las sardinas que nunca llegaron a ser sirenas
y se abochornan con el calor de su lata reducida
y se estremecen con la sal de su líquido amniótico
Cuando nacen mueren una muerte de sánduche
muerte en la hielera junto con las uvas estériles
Si sigo escribiendo y produciendo materiales desechables
algo perdurable puede reciclarse de ahí en algún momento
…………me supongo

 

Un mundo mejor

Y este deseo de probar que sí se puede
mantener enhiesta la esperanza
jugarme a los riesgos de la vida
mientras abro la correspondencia con el gancho
que cuelga de las llaves de mi casa
y me adhiero a las rutinas y a trabajos
de seis días por semana e hilvano una historia
que se vive y se revive y se hace mía.

Y si me tropiezo y caigo me levanto
me sacudo el polvo de la falda y me sonrío en el espejo
me echo piropos me consiento.

Y luego me siento a encontrar
los números que encajen
las palabras que hagan juego
las imágenes que quepan
en las páginas abiertas.

 

Me morio

me atomizo me atizo me bautizo
me despilfarro me amarro me marro
me canismo me cano me encanezco
me tizo me matizo me morizo
me zambullo me arrullo me escabullo
me desbruño me aruño me enfurruño
me sodermo me mermo me entreduermo
me sueño me domeño me despeño
me terso me tatarso me intereso
me lamo me lamino me domino
me aspiro me despido me suspiro
me paro me disparo me reparo
me relamo me llamo me reclamo
me remojo me encojo me acongojo
me preocupo me reagrupo me exculpo
me antojo me despojo me recojo
me acojudo me exudo me sacudo
me vuelvo me revuelvo me disuelvo
me disiento me resiento me mento
me canto me quebranto me recanto
me atoro me atesoro me teoro
me cato me recato me rescato
me incomodo me electrodo me jodo
me edulcoro me devoro me joro
me miro me remoro me murmuro
me acuesto me amonesto me nifiesto
me altero me aligero me exonero
me ulcero me vulnero me venero
me erizo me diatizo me tastizo
me recuerdo me muerdo me remierdo
me lacero me acero me libero
me calmo me declamo me embalsamo
me muero me eviscero me entrevero
me hechizo me eterizo me eternizo

Lucía Damacela
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