Incendio
Surges
como un continente que se rompe,
con lilas creciendo al fondo de los muros,
con arcillas que detonan sus párpados en el aire,
como manchas ardiendo en la lluvia,
como un cuadro sin paleta de colores
No hay espacio aquí, Daniela,
no en este cuerpo,
en la cesura
que nos deja el corazón
en la puerta
Pintar ventanas en los muros
no los abre,
la rendición no nos busca,
no se hará mi voluntad en el poema.
Aquí llegamos:
el viento horada los ventrículos de un soplo,
este largo silbido lo recorremos sin mapa.
Tal vez me podrías recordar
por qué elegimos los relámpagos
si nos ofrecieron también
la contemplación.
Ahora los pájaros se fueron
y pronto dejará
la alambrada
de oscilar en sus rastros,
de unirnos
en lo más profundo
de un cuenco vacío,
donde he perdido
mi piedra dorada
dentro de este crudo insectario
La niña poeta
en silencio
ha comenzado a nacer.
Eso explica
la niebla y el humo
y el calor sin tus manos,
sustancias de fuego
encajando
un punzón
en tu nuca,
un polvo violeta
que empieza a cubrir
nuestros muebles.
Tiemblo
Sostengo la jaula
entre las manos
Una espuma
araña incesante
el metal con su plato
El agua está dentro de la jaula
Mis pies
en la arena
amaestran
una fuerza telúrica
El estruendo animal
se convierte
en silencio botánico
La oceanidad continente
Mis cuerpos
unidos por algas,
partidos por barcos
Y el mar
es un gato sin hambre
que atrapa en su boca,
por instinto,
a los pájaros.
Lacuna
Estoy solo y escribo
como si el amor
fuera un búho,
un silencio,
algo terrible.
Mi corazón salta el muro y no vuelve
Coleccionista,
guardo cartas en una caja,
imanes para decorar
nuestra primera nevera.
Guardamos lo que no cabe guardar
en cajas que se vuelven colmenas
Y así llamo a mi corazón
que no vuelve,
insisto en el aullido,
no responde,
agito, en vano,
los huesos
de su plato.
Sabes,
siempre quise un jardín,
ver insectos viviendo entre la hierba,
y una gruta
de Nuestra Señora del Olvido
amarilis salvaje
confundido
con mi infancia
pastos creciendo
enojados
como lenguas
gatos de África
yaciendo
bajo el sol
un médano
para ocultar
este recuerdo
y tal vez
unos niños corriendo,
aún guardados
todavía
por su arena.
Pero es de noche
y estoy solo y escribo
como si el amor
fuera un búho,
o todo este silencio,
como si fuera
posible
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