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Poemas de María Alejandra Rendón Infante

viernes 16 de marzo de 2018

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De la serie Poesía joven de Venezuela
Con selección de Gabriela Rosas

Mujer que cae

Mujer que cae mil veces
desde todos los pisos
desde el vientre de la madre
Incluso
desde antes
hace tiempo que caemos
hermanas
Hasta cuándo este plato de vértigo a la boca
estas alas de cenizas
cayendo como un polvo de libélulas.
Ella cae
aquella cae con el peso de todas las lenguas
todas caemos
como bombas mal hechas
ninguna detona en el silencio
se nos enfría la mecha en la mitad de nosotras.
Caemos
desde las pantallas
nos empujan
desde los balcones de la ley
los noticieros
los más altos escalafones
Nos empujan desde nuestros pies
desde el tobogán de amor
desde la cama
desde el clímax de nuestros cuerpos obsolescentes
desde las iglesias
desde los techos de cristal

Una mujer cae
choca en cada milímetro
todo el vacío es pavimento
una roca
una enramada
un filo que nos desangra la memoria
todo golpe contra nos deja más deformes.

Y así,
seguiremos cayendo
y no hay grito en el vacío que nos salve
ni cárcel para encerrar todas las culpas

seguiremos cayendo si no aclaramos
que no caemos
sino que nos arrojan
nos matan,

Entonces,
habremos de burlar los precipicios
zurcirlos con el hilo de la voz conjunta
haremos con fuerza las junturas
en el aire fracturado por nuestras hermanas.
Nos haremos dueñas del vacío
y caeremos,
esta vez sí,
por nuestro propio peso
como la lluvia
desde lo más alto
de un cielo sin Dios y sin verdugos.
Caeremos

sin soltar las armas

como ejército
en combate.

 

Razón doméstica

Vengo de doblar el día
espantar las moscas de la cocina.
Recojo la noche sin hacer ruido
por costumbre
así me repito
como el Avemaría sobre los muertos.
Seco las manos de la bata una y otra vez
como mi madre
les lleno de manchas que no curan
a la altura de las caderas.
Vengo de perfumar la casa con sahumerios
para espantar el olor viejo de los rincones.
Vengo de la seña aprendida
de tirar la toalla y recogerla
del monólogo de quejas
de asumir la culpa
de abrir las piernas
esperar a ver qué pasa.
La mañana siguiente huele como todas:
…………………………………………….a café.

 

Como tú

Perdóname llorar
hacerme de tu llanto
perdona la voz trémula
con la risa que no termina de salir
que la recuerda.
Perdóname una vez más por tomar su almohada
por haber guardado sus cosas en una gaveta
buscar su olor en tu camisa
su llegada tras de ti.
Perdona tanta ausencia
y esa arruga que tumora el corazón.
ponte en la barra
pide esa canción
bébetela
pídela mil veces hasta que te echen pa la calle
ebrio y solo
más solo todavía
haz que se detenga el espiral de tus ojos
en su imagen perfecta casi real
en su voz perfecta acariciando el oído
desde la butaca
desde la cocina.
Oye ese tango en la voz de Gardel
ese que cantas sin llorar
porque aprendiste mal lo de ser hombre.
Tiende la cama y espérala
algún día va a llegar
o mandará a alguien a buscarte.
Perdóname
de veras hazlo
enfurécete al menos
mándanos al carajo
déjate caer frente a nosotros
bocabajo
prometo llorar sin que se note
en silencio
como tú.

 

Liturgia

Como la señal de la cruz
subes y desciendes.

Al filo de mis hombros va tu índice
dictando el susurro.

Sabes que el cielo no existe
es a mí a quien rezas
soy yo quien te perdona
mar partido en dos
el éxodo
la tierra prometida
la última cena
la consagración del pan
la eucaristía
vino / ostia de carne indivisible.

Soy una oración con forma
esta vez:
¡Por mi culpa, por tu culpa, por sus grandes culpas!
de arriba abajo
dos astillas que se encuentran
dos abismos que se cruzan
se superponen
en el nombre de Cristo y Barrabás.
Soy una cruz clavada a un cuerpo
una cruz que sangra
sin amén
……………..para salvarte.

 


 

A mi abuela María Rosa

Mi abuela María no habló de amor
en sus manos una oración para las ranas
una canción para curar helechos.
Mi abuela María
orinaba de pie
comía con las manos.
Techo de palma por cielo,
Las estrellas parecían demasiado lejanas.
con el mismo barro que la hizo
fabrico una casa con olor a bosque.
Pan caliente a la boca de todos
una vez entero
otras dividido
cocido hasta el centro con el fuego de Prometeo.
Mis abuelas se quedaron con lo amargo de la yuca
lo demás fue a la mesa.
Indias de terrón y paja seca
indias sin más letras que las de sus nombres.
Mi abuelo le hizo un vestido de golpes.
Ella
María
hembra
nunca supo cuándo fue mujer
él se lo dijo
se lo dijeron las demás mujeres.
Los hijos,
de zarcillo,
de collar,
también se lo dijeron.
Ella
pecho de candelabro
ojos de fogón ardido
aceptó las fronteras de cuerpo como mundo
un día no
se quejó tarde
cuando la casa se quedó sin ella
y sin nosotros.

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