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A contra tiempo

miércoles 3 de octubre de 2018
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I

Cansado de esperarte decidí salir a buscarte. Dentro de este “infierno florido” no existen las puertas ni las ventanas; con mi maleta en la mano espero la hora acordada.

Dicen que justo aquí, a la hora cero, llega el tren que te saca del tiempo y te lleva al otro, al tiempo tuyo.

Tengo provisiones para el viaje y he destruido minuciosamente mi pasaporte y mi número de identificación.

No hay boleto de regreso, lo sé porque nadie ha vuelto.

 

II

Los martillazos no se detienen nunca, cada engrane que gira se repite a sí mismo hasta la náusea.

Los segundos (peones) se lanzan al ataque seguidos por los minutos (alfiles), todos a las órdenes del día que es rey. Monarca absoluto, tirano del tiempo, dictador hasta que se pone el sol, veinticuatro caballos custodian su reino.

El caudillo de hoy se llama Lunes, es célebre, carismático y se asoma al balcón del tiempo lleno de promesas. No cumple ninguna.

Martes, revolucionario barbado, “amigo del pueblo”, ruge desde lo más profundo de la sierra: “¡Hay que derrocar al tirano! ¡Muerte al dictador que mata de hambre a su propia gente!”.

Ya se acerca el final, el caballo 24 hace su jugada. Yo estoy aquí esperando la hora cero, otro pequeño apocalipsis se aproxima.

 

III

No ha terminado de coronarse Martes y ya prepara el terreno para pelear con un Miércoles nonato.

El tren no pasó... No perdí de vista ni un segundo las vías de manecillas y el tren no llegó nunca.

Saldré de aquí no importa cómo. Hoy se termina la cuerda, confío en tu desmemoria. Tal vez la hora cero sea eso: el segundo (peón) en el que se termina la cuerda.

 

IV

He olvidado mi nombre a fuerza de vivir tantos años prisionero del tiempo, he visto muchos ojos impacientes mirar y mirar las manecillas, creo que también son esclavos del reloj.

Viajé de mano en mano desde algún lugar y ahora estoy aquí, esperando la hora cero para subir al tren y salir a buscarte; tus pupilas miran distinto, estoy seguro de que tú puedes romper las cadenas de la prisa, las citas, los horarios inflexibles.

Ya no quiero contar segundos (peones) ni minutos (alfiles), ya no quiero esperar días absolutos al servicio de su propia demagogia.

Voy a salir de este laberinto de engranes para ver el otro tiempo, te he escuchado llamarlo con tantos nombres.

Me cansé de esperarte y voy de salida, monto horas (caballos) y estoy seguro de que vendrá la cero.

 

V

Los guardias del reloj me persiguen desde hace varios días, sicarios a sueldo del día rey, están entrenados para tirar a matar a cualquier cosa que se mueva por encima de las manecillas.

Domingo me busca, es el monarca más sanguinario del reloj, le ha puesto precio a mi cabeza y todos los guardias del tiempo salieron tras de mí.

El caballo 14 está ahora en medio del tablero. ¿Dónde? ¿Dónde está el tren?

 

VI

Hubo movimiento y alarma dentro del reloj. Domingo decidió no claudicar y se enfrentó con todo su poder al recién nacido Lunes, quien, como todo el mundo sabe, no entiende nada de estrategia militar.

Ahora Domingo ha decidido suprimir al congreso y declararse: “Emperador Vitalicio del Tiempo”.

Martes está escondido en el monte; aunque es inteligente y decidido, la guerra contra Domingo se ve bastante desigual.

El alfil que me perseguía regresó al centro del reloj por la mañana, lo sé porque lo vi correr hacia el norte.

Oigo el tren, pero lo he escuchado ya tantas veces...

 

VII

¡Apresaron a Martes! Mañana lo fusilan en la plaza principal del reloj cuando se alinee el doceavo caballo.

Miércoles, aristócrata y cobarde, abdicó en favor de Domingo y ahora ya todo está perdido.

No hay forma de salir de aquí, necesito tu ayuda.

¡No le des cuerda!

Muchos van a morir, los peones están armados y dispuestos a todo.

¡No le des cuerda!

Olvídate de la hora al menos por un día.

 

VIII

El tiempo se detuvo, se dobló como las palmeras que tratan de resistir los huracanes. De costado y agonizando me miró y suspiró un poco antes de caer de lleno en el otro tiempo, el incalculable, el que no transcurre, el tiempo que duerme sobre el tiempo, el tiempo tuyo.

Las torres se vinieron abajo y los caballos se volvieron piedras custodiando sus cuadros bicolores. Domingo (rey sin reina) se quedó en pie de guerra con un brazo en alto mientras el reloj completo se convertía en Pompeya.

El tren me sorprendió mientras me apretaba una pistola contra el paladar.

Arturo Sánchez Meyer
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