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5 poemas de La sal de las hienas, de Elí Urbina

miércoles 21 de noviembre de 2018

“La sal de las hienas”, de Elí UrbinaI

El jade del delirio
fulge en tus ojos
Ya somos piedra
bebemos la bilis de las olas
los escupitajos de los dioses
Ya somos piedra
guardamos en nosotros
los golpes del odio contra el hueso
los golpes del odio contra el odio
Ya somos piedra
el epicentro de la sangre
la carne destrozada
la frente de los perros solitarios
que deambulan sin destino

 

La sal de las hienas

Así es la muerte
nosotros no creíamos en ella
y ahora habitamos
los dormitorios de los huesos
regamos la hierba
el cabello de las mujeres
que amamos y de ese padre
que no tuvimos
Porque tuvimos la noche
la sal de las hienas
el amor silencioso de los árboles
esa miel que los dioses despreciaron
y que los niños esculpieron
olvidando sus propios nombres
Montañas de arena y cabellos
cúmulo de escombros y de olvido
moles de piedra y caña
el licor de las estrellas sin nombre
el lenguaje de la sordidez y del amor

 

IV

La soledad adentro es menor
pero la noche desinhibe
suelta las cadenas de la risa
Cualquier lugar puede ser un paradero
Danza de apareamiento
Las parejas ignoran el dominio de la muerte
En su futuro no veo el rostro del dolor
Hay inmortalidad en cada movimiento
El furgón se abre paso entre la noche
el viento nos despeina
y nos adentramos en lo incierto
—hormiguero psicodélico
pulular extasiante—
y en medio de ese caos la belleza
Su cuerpo es joven
voluptuosa su mirada
Poseídos por el opio de la luna
descendemos por las peñas
El agua es sucia y las piedras cortan
Hay sangre y carcajadas
Reconocemos
en nosotros la muerte
Matarse de a poco
es otra manera de celebrar la vida

 

V

Hay bufandas y cabellos
y ratas que aprietan
entre sus dientes otros dientes
Hay ecos de piedra
bajo el golpe furioso de la luz
Hay desdicha y restos
de un lujoso naufragio
Hay papeles roídos por los dedos
y ciudades clavadas en las venas
la efeméride de un último beso
el nacimiento del dolor
las lágrimas de la mañana

 

El fardo de la sombra

Entre los racimos de saliva y sangre
sólo el fardo de la sombra
la voz de esa mujer a la que amé
esa reja entre lo que soy
y los nombres del pasado

Todavía hay ansiedad
Aún hay vestigios de algo
que no termino de perder

La muerte se avecina
pero ya estoy en medio de la muerte
ya camino en esa acera
donde la suerte es otra
dimensión de la ironía
otro rostro de su rostro
y hay mensajes perdidos

Tal vez ya es suficiente
Quizá de nada sirve
alzar estas palabras contra la soledad.

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