XXXVII Premio Internacional de Poesía FUNDACIÓN LOEWE 2024 Saltar al contenido

Tres poemas de Carlos Satizábal

viernes 14 de junio de 2019
¡Comparte esto en tus redes sociales!

La desterrada

Voy entre las llamas de la peste vestida de cartas de amor
y cartas que serán la ruina de los imperios del mundo.
Han quemado mi cuerpo para extirpar la peste y la rebeldía.
Pero las llamas no queman mis palabras, sólo humedecen mis huesos:
La humedad y la ceniza de mis huesos quemados son tinta y pluma
que escriben nuevas cartas en la hora final de la sangre. Cielo cerrado, vacío, deshabitado.
Simón tose entre el humo amargo de mi tabaco: Apaga esa cachimba, Manuela…
me pide entre noches en llamas. No es sólo mi tabaco el que sahúma, Simón,
son también tus palabras y tus huesos que arden y tus ojos amantes
que escriben en el humo del sueño al leer. Quien lee nuestras cartas sueña el amor y la rebeldía.
Cada carta es una semilla. La letra es memoria viva en el surco de los siglos de ojos que leen,
de las manos que escriben y actúan. Juntas en mi baúl, nuestras cartas son el son del equilibrio
en los bosques del tiempo. Cada oído es una siembra, un conuco del alma, un jardín,
una huerta de flores ardientes en los cielos de la mañana.
…………Quien lee, escribe nuestras cartas, es lector poeta, lectora poeta.
……………………………….Cada carta es un poema en llamas.
…………………………………………………….Soy Manuela. Soy cada mujer.

 

Asciende amor el amor a la sombra

Llega tu hoja de oro con su suave viento.

Luego del amor y del soplo del amor y de tu hoja de oro en el viento
vendrán el silencio y la liviandad del cuerpo.

El cuerpo, pesado en el ascenso, será un soplo en la cima de la montaña.

Allí es el cielo inconmensurable de la paz y el silencio.

Ni el carro atasca sus ruedas ni el cuerpo ni la memoria ni el pensamiento pesan.

Tampoco pesan tu amor ni la hoja de oro de tu amor.

Vamos a las mansiones del frío. La esperanza y la enfermedad cesan,
ya no hay dolor ni anhelos.

La muerte nos acompaña con su quietud y su luz.

La muerte está siempre —dice otra voz
(también trae una hoja, muy antigua, y un poco de viento en ella).

Desde antes de llegar alguien, tú, yo, o los otros amores,
desde antes de la ternura de cada encuentro y la desnudez de cada desolación,
la muerte habita estos vientos.

Canta, amor, canta la sombra de las hojas al dibujar con su levedad el jardín
—raras veces florece este jardín.
Canta, canta, amor mío, con las hojas que traes y su viento, canta.

Al otro lado de tu viaje hay otra selva, de quietud y flores y hojas
y sombras eternas en el aire,
y la antigua y sagrada intención del oro.

Esas hojas y su viento, esa intención y sus flores, harán eco de tus cantos.

Canta, canta, amor mío, con las hojas que traes, con el viento de cada hoja.

Canta con el pájaro que recuerda con sus alas abiertas
la arboladura memoriosa de los bosques
y anuncia en los círculos de su vuelo este descenso a la levedad. Canta.

Tras nuestro bosque de sombras, un jardín más vivo ya se marchita sin tu voz.

 

¿Dónde están?

Perdí la razón con mis muertos: Ahora dejan huellas en mis sueños, canciones en mis manos

Afantasman los ríos donde viven, las calles donde vivieron.

El pueblo es un pueblo despoblado

Hay calles deshabitadas que los deudos no nos atrevemos a cruzar

Carlos Satizábal
Últimas entradas de Carlos Satizábal (ver todo)

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio