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Tres poemas de Anna Moreno Guirao

viernes 6 de septiembre de 2019
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Primera sospecha de Marx una noche de fiesta y la discoteca barata de mi cumpleaños

Otra vez el caminar ebrio acompaña
una noche tan vasta como las otras
y los vicios se consienten
mientras las ratas comparten el suelo
y el sueño con algún hombre.

Paso por delante y de reojo
pretendo ver en sus manos
si por azar
existe diferencia alguna entre nosotros,
si acaso no son bolsillos
los que dictan el funesto y cruel destino
de los hombres.

Y de algún modo siento
la tranquilidad de ver
lo que ya está roto,
mientras las lechuzas me miran
desde suficiente altura
y juzgan
si acaso saben ellas menos de mí
que yo misma.

 

El tango

Volviste a recargar el fusil de asalto
posé en el punto de mira y me retraté
150 kilómetros al nordeste.

Te vi pasar al lado y pensé
déjame tirar los dados
y te los lancé tan fuerte a la cara
que no controlé el retroceso de mi brazo
y me desdibujé.

¡CUIDADO!
A punto de estallar
no hay otra guerra en el mundo que Nuestra Discordia
me situé del lado perdedor al final
y quedé encerrada en Estocolmo.

¡FUEGO!
Caballos llorando y soldados riendo
empezaron la carrera
¡QUIETOS!
En medio del escenario
dos suicidas se pusieron a bailar
y entre sus sonrisas los niños
se despeñaban por el tobogán.

Te proclamaste juez de mi espectáculo
¡qué malicia
qué desafío visceral…!
Consentí tu carta blanca en mi guion
y entre acto y acto
perfeccionaste el tango sobre mis ojeras
BASTA YA.

Entre mil pedidas de mano
bailan congas en nuestro funeral
“alegres insensatos”
¿Sientes en las pupilas el ojo del huracán?
Tanto se envalentona con cada traspié
que arrojaría por nosotros
hasta la torre de Babel.

¿Pararás?

 

El paseíllo

a la familia cuando se va

Un féretro avanza tras la multitud
agobiada
agolpada
y mutilada.
Y en sus cabezas no hay siquiera
un poco más
que dentro de ese pobre roble muerto.
Los ojos exhaustos no saben
qué contemplar
y las piernas dormidas no saben
hacia dónde caminar
si no es más allá donde nadie
pueda recordar la madera
que antaño toqué por protección,
pero que al final
mi voluntad descompondrá.
Y quizás ella corra más
y me gane y me atraviese las espaldas
mientras pienso si quizás pueda
rebotar
el abominable e irreparable porvenir
de lo que llamamos
el ser humano:
posibilidad o casualidad.

Anna Moreno Guirao
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