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Ékleipsis y otros poemas de Manuel Gerardi

miércoles 27 de noviembre de 2019

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Manuel Gerardi

Con selección de Gabriela Rosas

 

Ékleipsis

Un sol ajeno a todo lo que habíamos conocido
hasta entonces,
a todo lo que habíamos sufrido hasta entonces.
Este es el sol que ha descendido
sobre nuestras ciudades
Rodolfo Hinostroza

I

sol negro cenital
cuenca vacía en el entrecejo del cielo
¿tallarás sobre mis ojos tu anillo
de metralla?
¿me dejarás para siempre
una mirada cóncava?
¿honda como las zanjas que cavamos
para entrar todos en esta muerte?
¿insondable como veinte agujeros de bala
en el cuerpo de un niño?
¿abierta únicamente
hacia el pasado?

 

II

Despierto rodeado de láminas radiantes
un disco de nácar relumbra todo lo dispuesto
en mi encierro
borbotea una claridad cegadora
que pliega cada silueta en una larga sábana blanca
severa como mortaja de metal fundido
tan pesada que apenas logro levantar la vista
y al hacerlo noto que aquel círculo
parece la boca de un fusil
cañón alargado como túnel hacia dónde
ahuecado como mi cráneo poroso
cráneo nicho al que huyen las sombras
del terror de ser acribilladas por semejante luz panóptica
enjambre de la noche atropellándose por anidar
para siempre en mi vigilia
ahora que el relámpago enemigo cruje mi esclerótica
y la descascara
dejando sólo un rumor de brasas en la espera
pura ansia de presagio por la sal derramada
finalmente me quebranta una simple idea:
despertar es comandar partículas con la retina
pero por más que intento
no recuerdo despertar.

 

III

Madre
podría jurar que huelo cómo se fermentan
los colores del mundo
siento la brusquedad de la vejez
amellando las líneas de tu rostro
sin siquiera tocarlo
y hasta oigo marchitarse el vuelo de las aves
lejos lejísimos
mientras rasgan los últimos destellos
en este el ocaso de nuestra patria.

El venezolano Manuel Gerardi obtuvo con “Ékleipsis” el tercer lugar del IV Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas 2019, que convocan en Venezuela las iniciativas Autores Venezolanos y Team Poetero conjuntamente con la Fundación La Poeteca y Banesco Banco Universal.

 


 

De Corteza y hojarasca (2017)

Otoño

Hace diecisiete años
mi madre cumplió sus treinta
hay quien diría que ese día el tiempo se detuvo
ahí junto al roble desnudo y los globos de colores
que inflamos con esmero mi prima y yo
con los cachetes morados
y los dedos llenos de goma y saliva

Hoy Mamá luce exactamente igual
largo cabello rubio y la balanza que le muestra
un sesenta
pues no se ha inventado máquina alguna
que calcule cuántos kilos pesan las ausencias
y al verla parece más fácil que marchite una piedra
a que se agote la belleza de sus rasgos
su gesto de ámbar y la voz a cargo del mundo

Conmigo pasa que aún sigo dejándome el aliento
en lindos cadáveres de colores
que se quedan regados por el piso
pegados por aquí y por allá derretidos
como tristes miasmas
yo agitado con la cara entumecida
y Heidegger que me deja con la duda de
por qué el ser y no la nada
y la balanza que me estalla a los pies
cediendo ante el peso de unos botines talla 16
cediendo ante el peso de haber sido hijo único
cediendo ante el peso de no haberlo sido
cediendo

Mamá tiene patas de gallo y la mirada ausente
he visto a mi prima unas dos o tres veces
en los últimos cuatro años
ya no tiene los dedos manchados
si alguien la ve dígale que venga
quiero que me ayude a tirar lejos la piedra
que la veo mustia.

 


 

De Zamuria (2018)

Cierra la ventana al salir (si es que sales)

Zamuro:
ave de la familia catártida
del griego catarsis porque limpia
se redime en la tragedia de esta
ciudad caníbal
criatura digna que no mata
que pone buena cara ante el muerto
que habita el desahucio
ave poeta pionera del verso readymade
ave del trópico que no posa
en busto de Palas
pero sí de María Lionza
ave que come de nosotros sin delatar
el mal olor
un día heredará las tierras
de la fatal arrogancia.

 

Puente Hierro

Tumbados en cama vieja
con soporte para cuatro bocanadas
fuimos muchos……….muchos más
en la mesa un plato lleno
que nunca se enfría
…………era para mí
la tarde bajaba sin prisa
calaba los cuerpos de una dulce ingravidez
como buscando salvarlos del núcleo de la noche
y nunca hizo falta asentir

yo quise regalarte una máquina de hacer poemas
e instaurar una pequeña burguesía del verso libre
sobre los techos de Puente Hierro
¿pudiste oírlo en aquel momento?
el desorden que dejé fue intento de quedarme
replicarme como estribillo en el espacio donde fui tótem
donde viví como tótem
y me erguí pétreo en santo ritual
caminando descalzo y construyendo santuarios
per omnia saecula seculorum

doblábamos la risa en alegre mímesis
instrumentos del trance
no estamos rotos….estamos de parranda
decías
nunca hizo falta asentir
tanto pactar la retirada de tus penas
y pude asegurar tan sólo el sonido articulado
ahora sé que las palabras
se sueltan para siempre
y no vuelven joviales
¡Kokoo! ¡Kokoo!
lo que resuena es el duelo de la vida lejos
el eco es el tabú de todos los temas.

 

Cota Mil

and if a ten-ton truck
kills the both of us
to die by your side
well, the pleasure –
the privilege is mine
Morrisey

Llévame de paseo que
nadie me espera en jardín bajo arrebol
sácame de este eterno domingo que no acepta
alternativa llévame
a manejar por la autopista y pongamos
la misma pieza de Prokófiev a todo volumen
una y otra
y otra vez
el Clio una banda marcial anónima que
imagina lo real en plena incertidumbre
seamos heraldos de la vida en dirección contraria
pasemos con prisa allí donde yacen
los hombres que mueren
[los muertos no sospechan de la huida
o lo que es igual
demos vueltas en círculos
como agujas en la arteria del litoral
yo bajaré la ventana y saludaré
aunque realmente no pueda ver
el arrebol esté en mis ojos
un olor a mandarina cuele desde los asientos
ah, el jardín diré entonces
y si allí nos embiste el final del camino
así sea.

Manuel Gerardi
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