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Cuatro poemas de Félix García

viernes 6 de diciembre de 2019

Félix García

Con selección de Gabriela Rosas

 

Eucaristía del poema

Desempolvar las letras
fumar un poco
morder la lengua
(no vaya a confundirse y termine
mordiendo la suya por equivocación)
diferenciar con satánica tranquilidad
el humo del cigarrillo y el de las palabras
humedecer un poco los significados
y someterse a la eterna ficción de los signos.

Al final
tratando de no manchar el verso
intentar escribir sobre
……………………………………………………….el olvido
u olvidar
…….a trocitos de papel
…………………………….el terrible peso
…………………………………………………….de la escritura.

 

Confesión en IX

No desmientas los arañazos de la sangre
sobre la fisura profunda de la casa
borra apenas las manchas
permite nacer los nuevos ríos oscuros en la pared de tu palma
sacrifica tu aliento
…………………………..y muerde mi cuerpo en un ensayo de eternidad breve

No mosquees tus uñas
retrocede el grito de orfandad

vacíame de costras y llagas
abre tus párpados de inocencia negra y acepta la voluntad de mi petición mórbida
de mi intransigencia precoz

No enjuagues la mordida que hay en tu carne de marfil pulido:
siempre hemos buscado rasgar el tiempo con los dientes / desde entonces
nada ha sido tan frenético
como lamer el terrible calor de tu letra.

 

A una nené en el metro

I

Coge pausa
déjame ver también eso que tu mirada alcanza
entender cómo te cabe en los ojos un mundo sin nombres
silla pura……madre……y hambre
manita tuya que se continúa sombra
ruptura del tiempo sobre campos tardíos de candidez
calla tu temprano juicio sobre el tiempo y un sonido severo en tu mirada
que con esos ojos tuyos tan enormes
se te escapa todo filtro en la sonrisa……sólo un chupón cada tres tantos
el abrir de puertas en dos actos y el olor a cebada y el buche claro
tu secreto sigue guardado en el qué dirá
tu boca sigue escondiendo
las mortajas de mi siglo y de mi furia
aún masticas el discurso que se teje en ti
palabras húmedas
llenas de baba y pastina
de saliva que se todaviíza virgen
pisadas por tu lengua que se vuelve ola y que se sabe mar
no comprendes que las encías pican con la osadía exacta de letras rojas en los patios
que de articulación purita asoma deseo suyo en la ventana
y yo que te juego al pisicorre por tu sindientes
y tú que con burbuja me ríes de garganta y sueño
tejidos del casi verbo de tus mangas y que arremangas tus voces en la nocturna
o los hilos del reposo en la letra alada

 

II

Ten paciencia
yo hace poco menos de veinte años
vacié mis tarros de palabras petrificadas
y de comunión profunda les di vuelo / sangre
en rostro mío de asombros en pormenores cotidianos
Pero tú
cuya lengua no ha saboreado carnes
cuya lengua no ha besado otra
cuya lengua no ha catado el verbo
cuya lengua no conoce la pérdida
cuya lengua no sabe de ausencias
—que aún se aferra al seno de mamá y no ha mordido su falta—
cuya lengua no ha probado la muerte
no sabe a muerte
cuya lengua no se sabe lengua
mantienes todavía tu inocencia fresca
No como yo
que cada domingo / religiosamente por las tardes

me dedico a expiar la soledad

Mención publicación en el III Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas (2018).

 

Tu valle más oscuro

La universalidad del roce,
del frotamiento, del coito de la lluvia
y sus menudas preguntas sobre la tierra.
José Lezama Lima

Voy a contar cada una de tus manchas hasta el cansancio
voy a estirar lentamente tu rostro con mis dedos, como la mueca de un lobo que se empieza a anochecer
voy a dilatar suavemente las piernas de tu sombra
porque tu cuerpo es muy corto
y ya no le cabe otro cráter

Voy a besar el musgo de tu lengua encanecida,
que se siente ajena a la blancura de tu piel
que ya no es más piel
porque tu cuerpo es muy corto
y tu sombra se prolonga como el árbol que nos devuelve a la niebla traviesa.

Tú y yo, que somos el mismo cuerpo que se esparce o se doblega según la lumbre de la estrella a la legumbre de la araña,
tú y yo, que somos ese perro famélico y hambriento
tú y yo, mirada de gorgona
el gesto del hombre y del toro
piel vencida de nemea

te enseñaré a vivir el día que se falsifica sobre la cabeza de esa hormiga enemiga
y sobre las rendijas donde camina el rezo del ciempiés.

Félix García
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