Mi cuerpo: un lugar feliz
la abuela es amiga de su cuerpo
de buena gana acepta sus carnes caídas
sin reparos teje los relatos de su piel
la invoca cual entidad mística
que habita en la fuerza de un recuerdo
no hay nostalgia ni melancolía
cuando dice que entre sus piernas
hay un lugar feliz
22 vestidos
remendar los recuerdos
ponérselos cual vestido nuevo
hilvanar la silueta de la abuela
para siempre en la memoria del mundo
ella
la abuela
sus carnes cayéndose
sus senos rosados
sus 22 vestidos que la esperan
el dedal es un escudo
voy zurciendo
una puntada y otra
zurciendo
la voz cansada de la abuela
Los platos rotos
estoy componiendo los platos rotos
y la sinfonía de sus pedazos al caer
estoy remendando las tacitas de la abuela
zurciendo el olor de su café en mi memoria
estoy recorriéndome el cuerpo
buscando los chancletazos hilvanados por el abuelo
el dedal de los recuerdos me protege
como un escudo sagrado
Los trajes sin bolsillos son una calamidad
¡Qué pronto prende
y qué pronto se apaga
una luciérnaga!
Kiorai
no es posible
guardar el mundo en el cuerpo
y eso atormenta a la abuela
se mira en la luna del espejo
registra el escaparate
refugio de una genealogía de recuerdos
y encuentra lánguidos trajes
que la esperan colgados
en los hilos del tiempo
registra el escaparate
perturbada
por un orden invisible
por un marido
que dejó la jabonera vacía
rastros de cabellos
en un cepillo centenario
y besos atascados
en un pliegue de luz
ella
quiere guardar todo en su cuerpo
y tocarlo como monedas de oro
pero
la memoria es una candela cansada
la abuela
quiere guardar todo en su cuerpo
los trajes sin bolsillos son una calamidad
La fiesta de la liberación
la abuela habla
de la puñetera idea
de perder al abuelo
maldice a los gatos
que vuelan
bajo la cama
después del velorio
inicia la fiesta
- Poemas de Diana Agámez - lunes 27 de enero de 2020


