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Tres textos de El fuego de San Telmo, de Carlos Luis Ortiz Moyano

lunes 13 de abril de 2020

Nota del editor

El poemario El fuego de San Telmo, del escritor ecuatoriano Carlos Luis Ortiz Moyano, obtuvo la primera y única mención de honor en el Concurso Nacional de Poesía Paralelo Cero 2020, y será publicado en el transcurso de este año por New York Poetry Press.

 

El fuego de San Telmo

Aquello que tan altamente se dibuja, que tiene destellos y flores amarillas
Del que se desprenden todas las ruinas del tiempo, las iglesias unidas a un puño de luz.
La paz de las calles negras, la piedad de los extraños en reflejos circulares,
En electricidad y corriente que se despliega por encima del mar cabrío.
Aquello que se entumece como un muerto joven
Que crece en el azogue de la vida
En llamas ocultas
En infiernos agoreros
Si es que en el infierno hay buenos augurios y templos
Aquello que se escapa de la estrella más antigua, de la línea que hacen las tres marías en la noche
Y se dilata en la culebra que crece en la cabeza del navegante
Donde pule el hierro en que reflejarse
El fuego oh fuego de San Telmo
El que se mira desde abajo
El que procrea nacimientos
Y entraña los secretos de antiguos filibusteros
Oh Fuego de San Telmo
Descarga remontada en azul, en púrpura
Desde las habitaciones eléctricas de otros cielos
Tú, resplandor de augurios y presagios
Dame la calma hoy que las guías disparan otros senderos
Hoy que la brújula tiende a ser de hielo
Y norte y sur se disipan en macrocosmos
Y en trinos celestiales,
Oh fuego de San Telmo, arroja las nubes sobre mi cuerpo
Limpia la sal de viejas travesías
La marea es negra y áspera la cubierta de mi frente
Dios pincela con saliva el día mustio
Dios hace de grises la nave
Y sobrevuela sobre el farallón sobre el que escribo
con su túnica blanca como
La costra que la madrugada hace sobre el agua.
Fuego oh fuego de San Telmo
“Haced del mar nuestra patria”

 

El desprendimiento de los fuegos

He aquí la sonata del fin
De otro final que se aproxima como lluvia horizontal
Como agujas para tatuar la sal en el cuerpo
Luz del tripulante contenida en calor
Luz del tripulante en cueva de tayos
En socavones de vírgenes ahogos
En uña de murciélagos labrando luz
En tragedias y círculos infernales para que todo sea claro
Luz del tripulante en las conquistas del hipocampo
Vendrá ella/él/él/ella/él
Con la fe que suponen los horizontes
Haciendo habitable la bitácora
Haciendo feliz la flor canicular de la ciudad en la que insisto…
Agua todo es agua
yo apretaré la mano de Jonás
Y entre paredes de ballena respiraremos el mundo.

 

Ilona

No hay días que consuelen su espina en vientres maternos ni en escapes de padre a media tarde.
Hay un punto en el pavimento sobre el que se concentran los días helados en el pie del viajero incesante.
En el ocio que no calma adentro ni afuera,
Hay cansancio y penitencia en las aguas del cielo
Y hombres oscuros relegando sus sombreros a los sueños de nieve que no existe,
A espadas de aluminio que son el corazón enterrado de héroes enmohecidos
SÓLO LOS CABALLOS SABEN DEL SUEÑO DE LOS HOMBRES
SÓLO LOS CABALLOS GUARDAN EL SECRETO DEL VENTO Y LAS BATALLAS DEL ROCÍO EN EL PÁRAMO
Porque hay días que se encienden en la tierra baldía de la esperanza
Y marinos embravecidos rezan a los tucanes sus secretos
Y especies marinas piden a los bañistas que abandonen sus riberas que no se ahorquen en sus aguas.
Hay divagaciones que son lenguaje del océano
o miradores donde recordar el mundo que ahora se escapa del hueco blanco de las manos.
No hay días que consuelen su espina en vientres maternos ni en escapes de padre a media tarde.
En Panamá simularon los aviones ser prostíbulos donde acurrucarse de los fríos inviernos de Finlandia aparentando ser bunkers donde escaparse del mundo como adolescentes eternos o eternos delirantes.
El corazón es tuerto y se contenta a veces con los minerales que inventa en sus riveras, el corazón es un reloj con manecillas antiguas que se han quedado en ese ámbito paralelo que es la casa de la infancia o en la loma de donde despegaron los albatros a mares antiguos, mares salvajes, al barco enmaderado en los muros, pero los mares no pueden disecarse ni siquiera para emularlos, se mueven con nuestras vidas a todas partes.

Carlos Luis Ortiz Moyano
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