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Cinco poemas de Leandro Alba

lunes 31 de agosto de 2020
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Leandro Alba
Leandro Alba (Valladolid, 1991).

De la serie Voces contemporáneas de España
Con selección de Fernando Salazar Torres

 

Miradas en el funeral

Esa alma está a punto de estallar
al abrazo de otras luces,
………….no son
rosas lo que arroja, sino hilos
de barro y agua,
son cuerpos quebrados al abrazo de otros
cuerpos.

Ambos, supongo que cientos,
supongo que miles, en horizontal
espada que siega los pechos
para dejar que las olas escupan
los restos del bebé no nacido.

Espadas que permiten,
con un tajo de mariposas inquietas,
el fluir de las ramas blandas
y las hojas ahogadas,
un alud que nos entierra
a todos.

Esa alma ya queda sepultada,
y a su funeral asisten
quienes la cuidaron durante años,
con un ramo en cada mano,
un invierno en cada pecho,
en compasión velada, pero perceptible.
Desde el fondo de la fosa puedo distinguirlo
en sus miradas.

Esa alma ya no es alma,
reducida a unos labios que sonríen
a las alegrías de los otros.

 

La despedida

Se acabaron los días de fiebre,
los días eternos,
y las heridas secas en las piernas;

ya dejamos de hacer nuevos amigos,
mientras los soles se esconden más rápido
tras las montañas;

ahora somos nuestros padres,
y nuestros abuelos un recuerdo,
y los caballos sobre los que galopábamos
en una llanura de pasillos y puertas
ahora descansan tranquilos.

Unas sábanas de viento limpias
como el lloro de una madre,
una pelota escondida, junto a un dinosaurio extinguido,
en el fondo del armario.

 

Una tarde-noche

Convertimos nuestra casa en una selva
donde los gatos rugían como leones,
y los riachuelos cruzaban las baldosas
sobre las que nuestros pies
danzaban en las madrugadas.

Cada nueva planta era un motivo más
para volver a lo salvaje, para quedarnos
en nuestros primeros días, el descubrimiento
de las noches cálidas, los vestidos ocultando,
como el sol una bandada de pájaros, la evidencia de los cuerpos.

Contigo es fácil diluirme en la metáfora,
y más seguro agarrarme a las boyas de los recuerdos
que nos esculpieron en medio de las olas que se agitan.

 

Volver

Si pudieras regresar por un solo momento
a la escena que derivó tu rumbo
hacia donde te encuentras ahora mismo.
Si fueras capaz, en aquel instante, de cambiar
el gesto,
la sentencia,
y modular el tono,
y atreverte a lo que —imaginaste— sería teatro,
demasiado para parecer sincero,
o para calcularse como siquiera posible,

volver y sostener la mano, una vez más,
de tu niño, antes de volar más allá
de los límites de Squam Lake,
y fotografiar con tus ojos cada uno de los rincones
que rodean esa especie de fiesta mágica
donde la despedida permea los cuerpos
mientras los cuerpos siguen saboreando
las grietas de los árboles antiguos.

Si pudieras volver, no sería necesario:
ahora acarreas un volver más que antes,
un volver más para reunir junto a los demás
volveres, y con todos ellos vas marchándote,
siempre en la dirección opuesta.

 

Una familia feliz

Voy a dejar de escribir poesía
para empezar a vivirla,
y pensar en dónde arrojé las semillas
que han ido brotando sin darme cuenta,
yo ignorándolas, yo pensando que mi tierra
no protegía el crecimiento de la vida
que sí eclosiona en otras tierras. Han tenido
que avanzar los años por las grietas de la piel
para que la luz caiga sobre los caminos que ya estaban
y pueda entonces ver algo de lo que no había visto antes.

Caminaba, creía, por unas largas galerías de barro y altos árboles
pero en realidad lo hacía por unas largas galerías plagadas
de signos que no supe percibir, bocas que saltaban
desde el suelo a mi campo de visión,
indicándome que yo tampoco era diferente al resto,
que a mí también me llegaría el momento
de ubicarme en la normalidad de la existencia,
de colocarme en lo ordinario de una familia feliz.

Leandro Alba
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