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Versos de la procrastinación
(Escritos en la cuarentena de 2020)

viernes 13 de noviembre de 2020
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Ahora

Cosas de nuestro español,
de este hablar amañado
forjado en el tiempo y también en la hamaca,
en la vida frugal de afanes del futuro.

Cosas tiene que nuestro ahora no es el ahora.

No, ahora no es este presente que apura.
No, ahora no es acá,
no es ya,
no es ahorita.
no es hoy.

Ahora es después,
en otro momento.

Ahora es cuando me provoque,
cuando logre levantarme.

Cuando me dé la gana.

 

Tendido

Mi cama, mi colchón deforme como el espacio-tiempo
mis sábanas roídas de tanta noche inquieto
mi jergón de árabe que no es árabe
mi almohada deforme y conforme, resignada.

Me veo tendido
……………………en mi cama
………………………………en mis sábanas
…………………………………………en mi jergón
…………………………………………………….en mi almohada.
Tendido e inmóvil.

Yazco en mi cama y mientras tanto
allá, afuera
algo ocurre.

Pero yo estoy acá.

Tendido.
Sin poder ver, sin querer ver.

 

Inerte

Soy yo, lo reconozco,
no voy por la vida, no.
Ella me lleva, o, mejor dicho —aunque peor—
me mantiene detenido, en reposo.

Maldito Newton, ben(mal)dita inercia:
Yo, el inerte, incapaz de zafarme de su primera ley,
de vencer la inercia que me contiene:
Estoy en reposo y por tanto permanezco en reposo,
en asqueroso pero perfecto movimiento rectilíneo;
no hay fuerzas externas,
nada me modifica.

Yo, incapaz de avanzar, de pasar a la acción,
de contener la reacción.

Incapaz de desafiar a la física.

 

Ya voy

Ya voy, vida, ya voy
sólo espérame un ratico
dame chance,
deja que me espabile,
que me ponga pilas,
ríspero,
activo.

Deja que me vista, vida:
Me visto y te alcanzo,
sólo es cosa de lavarme la cara,
despertar al cuerpo,
dominar la voluntad.

Pero,
¿y?, ¿si mejor sigues sola y luego te alcanzo?

Dale, vida, nos vemos al rato.

 

Cinco minuticos más

“…que el sueño maravilloso había sido el otro,
absurdo como todos los sueños”.
Julio Cortázar

Qué difícil no sucumbir
No entregarse otra vez
No dejarse ir.

El sueño nos llama
La vida nos espera.

El despertador nos recuerda
que hay que volver,
el alba nos reclama,
hay familia,
mujer,
amor.

Pero también trabajo,
obligaciones;
dormidos no producimos:
barco parado no gana flete.
Debemos cumplir,
espera el tesista,
la cola de la comida,
la vida terrena, la calle.

En fin, hay mucho que vivir.

Pero no me importa,
Soy el procrastinador.
Yo sólo quiero volver,
Aunque no sea posible retomar el mismo sueño.

Sólo quiero
Cinco minuticos más.

Aunque luego me despierte
y se haya ido ya la mañana.

Sólo cinco minuticos más.

Incluso aunque termine como “La noche boca arriba”
y el sueño, aunque maravilloso,
termine siendo lo otro,
lo real.

Son sólo cinco minuticos más.

Rafael Eduardo Cuevas Montilla
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