Lecturas de poesa en apoyo a afectados por el volcn en La Palma

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Apuntes, postales

lunes 28 de junio de 2021
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“Mañana harán siete grados”,
me advierte la mesera.

Qué decirle
si esta noche saldré lejos.
Tomaré la carretera.
No sé qué clima
ni a quién encontraré.
Sólo la oscuridad del azar.

“Habrá que abrigarse”, le contesto,
ella sirve más café.

 


 

Anochece en Tlayacapan

Como un náufrago antes de perecer
el crepúsculo se aferra a la cordillera
que circunda al pueblo, corona ennegrecida
donde el caserío comienza a titilar.

Y más arriba
las nubes se recogen, rebaño de tinieblas,
archipiélago oscuro rodeado de azul,
azul más inmenso que el mar.

 


 

Escuchando a Daniel Aspuru

¿Oyes el silencio
entre las notas del piano,
por encima de ellas?

Me recuerda aquella habitación.

El sol nos miraba desnudos.

¿Dónde estará?

Ojalá feliz,
con más años de los que yo tenía
y niños tal vez.

 


 

Como tierra sobre el féretro
la reverberación de mis pasos
se acumula en el aire.

Tal vez así, caminando,
habría que enterrar
lo que ha muerto:
la sombra de nuestra sombra.

Un brío renueva mis pasos,
acaso esperen más calderilla
los sepultureros del olvido.

 


 

Aquel domingo

Eres tú y aquella casa.

Al entrar a su jardín
encuentras a tu padre
desarmado de argumentos.
No la pasa bien y sabes por qué.
¿Cómo ayudarlo con diez años?
Das la media vuelta.
Abandonas el jardín, la casa, el tiempo.

Aquel domingo no se trató
de una lección de economía
sino de la conmemoración
del final de tu infancia.

 


 

Stillleben

Está acabando la primera hora del año.

Los músicos auguran salud y felicidad,
ya pocos resisten el frío de San Cristóbal
y en las paredes, naturalezas muertas.

Los holandeses las llamaron Stillleben.

Vida detenida.

Qué precisa la aspereza del Norte:
contrario a estos frutos, por siempre encendidos,
tu vida avanza, ¿adónde?
No lo sabes, quién podría.

Como tampoco te es posible esta noche
atinar a contestarte dónde quedó lo vivido.

 


 

Tres postales desde Tecolutla

I

Al atardecer
niña todavía
vas detrás de mi madre.
Ella es el otoño
despuntando
en el ardiente agosto
de Veracruz.

Y pisas sus huellas,
jugando y riendo
como no volverás a hacerlo,
quizás.

Pisadas sobre pisadas,
luego las olas,
su ir y venir,
la espuma.

Las huellas se borran.

Y no recuerdo visión
más cierta.

 

II

Afuera de la habitación
arde el día

sin saberlo contemplo el mar

las olas ondean como flamas
fuego donde emerge

el repentino cuerpo del instante

Lentamente se encarna
en el aire
en el mar

y en el borde de la hoja
que sostiene a una hormiga

¿La unidad tras la multiplicidad?

…..No juegues al místico
aunque ciertamente
un silencio te circunda

—las gaviotas apenas lo puntean—

aunque afuera de la habitación
el verde se diluya
en azul
……………y sobre el azul
…………………………………….más azul.

 

III

Al llegar la noche
te apartas de los que amas,
oyes tu nombre en la oscuridad.

En la playa está fría la arena
y el canturrear de las olas te embriaga,
sobre ellas la senda eterna de la luna.

Detente, tú no la puedes andar.

Juan Manuel Esquivel García
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