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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Cinco poemas de Pablo Romero

miércoles 10 de noviembre de 2021

Tiresias

yo nací para mirar
lo que pocos quieren ver
Charly García

El lenguaje es el límite de lo humano
y qué importa si estos dedos
sólo sirven para mentir.
Cuando escribo voy en contra:
el poema avanza y cae
como una piedra cae
como cae la noche.
Cuando escribo estoy tan ciego
que las palabras me leen a mí:
no hay espejo sino puente dinamitado
camino pedregoso, pie descalzo
contra el vidrio.
Toda escritura es una lucha
entre el yo y su ceguera:
a veces lo desconocido
se hace carne y arranca sin parar
a veces no sé decir basta
y nombro hasta doler.
No hay oráculos ni ritos.
Cuando escribo
le abro los párpados
a la palabra ojo
mi poema mira sin piedad.

(de La jaula del hambre, inédito)

 

Niño y luna

Están sentados.
Uno al lado del otro, corazón adentro.
El amor arde porque está vivo
y el cuerpo es el martirio
de un cáncer insufrible
precioso.
No hay fuerza para mí
en las palabras
incapaces de condenarnos
a la pérdida o al olvido.
Están sentados.
El niño dirá una palabra
para temblar la noche:
su nombre.
Va a escribirlo en una piedra.
Con el tiempo a eso va a llamarle
perdurar
sin percatarse de que todo se borra
incluso este recuerdo.
Sin entender que crecemos
en la medida en que aprendemos
a no morir
y que ninguna palabra basta
para plantarnos de cuajo
en la memoria.
Un día están sentados.
Al siguiente nunca más.

(de La jaula del hambre, inédito)

 

Pequeñas fugas

Se me escapa de las manos
todo aquello que alcanzo
a escribir.
Mis dedos son tuberías rotas
caños herrumbrados
por el caudal de los días.
Ya no lucho contra la pérdida
ni la insistencia del goteo
y quisiera poder enmarcar
su abolladura en estas piedras.
Tendría que nombrar
(por ejemplo)
la fuerza del impacto
y la verticalidad de la caída.
Tendría que escribir su ruido
y también su persistencia.
Sería inútil:
todos los poemas son palabras
a mitad de camino.
Escribir la escritura
es mi única certeza.

(de La jaula del hambre, inédito)

 

Romper un vaso

Estaba al borde. Lo juro. Casi imperceptible,
atento a la ruina como a punto de darse muerte
como sabiendo el lugar exacto dónde hacer fuga.

Estaba al borde.

Tuve un amor alguna vez. Era como vivir de la sed,
darse contra el mar hasta romper el cuerpo.

Pero no era mi cuerpo lo que se fragmentaba
en la caída,
no esta vez. El vaso caía por el peso de su nombre,
dije vidrio y no necesité más para cortarme.

La poesía hace estas cosas.

(de Los días de Babel, México, 2015)

 

El último apague la luz

Oh, ser un capitán de quince años
Pere Gimferrer

Sin fuerzas de pertenecer un poco al mundo
cuando es la vida me dejo caer:
acá empieza mi nombre y termina mi sombra
hallarse de pronto con el cuerpo tendido
tu nombre en el lugar de la conciencia
contar uno a uno los años en el pecho,
de golpe, sin pedir permiso a la muerte.
Esto es la clemencia. Escribo porque
me ahogo y ya no sé quién soy
porque soy el mismo, todavía.
¿Qué se sentirá escribir una victoria,
tener las manos llenas?
Digamos que me voy.
Este es el exilio que hace de mi cuerpo
una luz enorme donde enceguecer la vida
una tumba azul para velar
lo que fue arrancado, a tientas,
de la tierra

(de Los días de Babel, México, 2015)

Pablo Romero
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