“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Cuatro poemas de Carlos San Diego

lunes 28 de marzo de 2022

Mare mare

Se acerca el día en que darás a luz.
Será parto natural en la casa de Chimire.

Amanece.
Está amaneciendo.

Ya la partera se persignó.
La abuela es como el árbol
obrera del infinito.

Aída
dame un poquito de café.

Voy a ver qué me pide la contemplación del paisaje.

Aída
mujer
¿viste?

Viste que aparecieron
esos vestidos colgados de los muñones de espíritus
como moños multicolores.

Ropa que musita destellos espléndidos en los labios del viento.

Sus rayas
son cuerdas musicales que purifican a quien alcance a portarlos.

Aída
dame otro poquito de café.
Dame aunque sea guarapo.

Tócame.
Las manos de una preñada
fertilizan la memoria.

Ahora anda a la orilla de la casa.
Estás en gestación y la abuela escucha tu voz.

Dímele que voy a agarrar un vestido
para poner a salvo tu vientre.

Si de tu mirada pudieras ver tus ojos
segurito entenderías que desde hace días se anuncia lluvia.

No quiero que el viento frío del pajal
se le meta en la mollera a mi niña.

Sí.
Nomás uno de esos vestidos que dejó la abuela
guindados de las manos de los dioses

dímele Aída
y le guardas su café.

Así esté frío
guárdaselo.
Pónselo en la horqueta de esa ramita.

Yo voy a prepararle güimas con hoja de mazorca de maíz.

Cuando nazca la niña

su bendición será la alegría de los colores de esos vestidos
con que la mujer del viento tiene siglos bailando mare mare.1

Por eso Aída

la niña se llamará Shiñña2

turpial
canto de luz.

Naava tümueera3
nootü4 viste el espíritu.

Compadecida
protegerá la buena salud

en luna nueva y en luna creciente o en luna menguante.

 

La danza del pezón

Mira a los cerros de la Mesa de Guanipa
Sin vestido.
Sin alas.

Así quieta.
Respirando.

Allí está la etnia que amontonó el polvo
para succionar miel y leche
así digan que es petróleo.

Es vertical y amplia
negra bañada por la luz canela de un sol verde

Guanipa
más que una irrupción en el pecho
es agua dulce del seno descubierto sin la pena de algún robo.

Oye su ceremonia.

Trasladando la tierra
a veces pienso que es un baile de mujer himba5
trasladando a la tierra.

Nomás óyela.
Disfrútala.

Yo la oigo en los pasos de la semilla
cuando la humedad comienza a amamantarla.

Tiene una paciencia de iguana en silencio.
Se desplaza con una simpatía de silbido.

Vertical y amplia.

Ocres pezones.
Coro de püddai.6

Corazón rojo.
Cuerpo de inciensos.
Humo bermejo de granos triturados.

Guanipa de África.
África de Guanipa.

Neekara7 kari’ña
Kari’ña negra.

Son los cerros tus pezones.
Caminas y se mueven.
Mana el agua que el oro crudo quisiera imitar.

Leche y miel para quienes no dejan de vivir.

Son esas murallas color de parto
esa artesanía levantada por la Virgen
entre la garganta y la pluma del pecho en los farallones

tus pezones de progenitora

alma de cocuyo
ecología para la próxima familia.

 

Carretera de Cantaura

Te transito cuando persigo una traducción de la plenitud.
La soledad sabe que en esto hay bastante estupidez.

El viajero tiene sólo un punto
el de partir.

Si pregunto por la estación de servicios El Río
si pregunto por La Madama
si pregunto por el Puente del Ahorcado

la paja lagartija se retuerce y me deja la jumaza.

Carretera vieja
qué tecnología te restaura
sin que te arranque del rostro un ojo con una cuchilla.

Yo te quiero con tus huesos.

Yo te quiero con tus huecos que conozco de memoria
a cualquier hora de la noche.

Con el Crucero de Campo Mata pastando de las estrellas.
yo te quiero.

Yo te quiero con el nido de palitos secos
que uno a uno recogió el turpial a donde habíamos olvidado el amor
para ornamentar los postes del tendido eléctrico.

Yo te quiero como caminas.
Alegre.
Medio abandonada y sin mucho tráfico.

Sólo así viaja por aquí La Candelaria.

Yo la espero tumbado sobre el asfalto
imaginando carantoñas en las constelaciones del firmamento.

Ella viene.
Ríe a carcajadas como entrando a una celebración.

Caminamos por esa vía despejada
hasta lo más cerquita de la corte celeste.

Siento que me duermo como un niño.
Cuando despierto estoy en la misa de los pájaros.

 

Detrás del viento

Hay días en los que la vida como que se arrepiente de vivir.

Es una criaturita frente al reloj
iluminada por el reflejo mortecino de una vela

no sabe qué hacer con estar viva.

Aparecen sus hilitos de telaraña.

El vuelo de un pájaro
la salva de ser estatua inútil.

El vuelo de un pájaro
es el único movimiento de la fe
que cae al vacío sin romper el hilo umbilical.

La vida es el corto vuelo
de volar y aprender a volar.

El nido nunca desaparece.
Es el refugio de este pájaro que tenemos entre cuerpo y alma.

Ahí ahí
hasta donde te llego

mujer de mi vida.

Silbido de suelo que retoña en la madrugada.

Carlos San Diego
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Notas

  1. Mare mare: Danza y cantos kari’ña autóctonos.
  2. Shiñña: Violín. Instrumento musical.
  3. Naava tümueera: Vestido rayado. Prenda femenina kari’ña típica.
  4. Nootü: Abuela.
  5. Himba: Mujer de tribu nómada del noreste de Namibia.
  6. Püddai: Sabio espiritual y naturista del pueblo indígena kari’ña.
  7. Neekara: Mujer negra.