“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Seis poemas de Marco Aurelio Rodríguez García

lunes 30 de mayo de 2022

Umbrío

Desde la oscuridad
de la ocarina
se cuelan
por sus estrechos orificios
rescoldos de luz
de su cavidad de corazón.

Y un tinte
de sombra
le pone noche
a su voz de pájaro
dormido.

 

Pescado

Como la rosa
el pescado tiene sus dos lados

La carne
que es el pétalo

Y lo otro
que es la espina.

 

Hermética tozudez

Escucho de tus labios
que no te entregas más
porque hay demasiado en mí
a lo que sucumbes
que estarás en peligro
a la deriva.

Sopla alguien por el ventrículo
izquierdo de la flauta redonda
que silba por tu pecho.

Nadie va a convencer a la cautela
de tu naturaleza mujer.

Nadie va a comprender el arrojo
o el miedo
la imprudencia y el lance.

El amor atrapado en la cordura
dará vueltas en el fondo
con su oscuro corazón de pez.

 

Síntoma

A juzgar
por la inquietud

y lo agitado
de su pecho

Se diría
que el mar
tiene
un corazón
enamorado.

 

Cardiopatía

No os enojéis
si esta sana enfermedad
que padezco
sea que tantas ideas
de los buenos
se hayan alojado
en el lado terco 
de este corazón.

 

Corazón de pez

Rutilante el sol desliza sobre él
sus brillos,
son destellos de oro
nácar
sueño

Ninguno de los que hemos
habitado este planeta
ha levantado tan alto
la copa de la vida

Su corazón
como un cuenco solar
ha dado cabida a todos los cantos
y han sido nuestras voces
las que hablaron por él

Vino desde el océano perdido
y en los oídos
puso las palabras
que encienden ahora
nuestros labios

Magnífico
animal de libertad
desbordada hechura
alado reflejo
de nuestros ojos
mirando hacia la luz

El día
sobre la madera erguida
el norte
colgado de la estrella

Mendrugo noble y generoso
cuya existencia
reparte su carne
como un Jesús en la liturgia

Monte humilde
que de rodillas
bebe las aguas
del río

Así es su arrullo
su latido de ocarina
el cuerpo esplendente
de todas sus ideas

Nuestro rocío
de silencio

Pan de sangre

Victorioso

Padre de todos los
mares

Dulce llanto
que a diario
acude a nuestros ojos

Deseado

Recordado

Atento a los deseos
tiende su cumplimiento
hasta nosotros

Amor sembrado
como espiga

Inmenso nos abrazas
y contemplamos
cómo ocupas
con nosotros
tu irrepetible
corazón.

Marco Aurelio Rodríguez García
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