“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Poemas de Clavel Rangel
(selección de Gabriela Rosas)

viernes 17 de junio de 2022

Yo viví otra época,
otros miedos y ruidos,
temores del país vaciándose.
Demasiados cambios de teléfono,
muchos códigos extranjeros,
yo viví el miedo de policías disparando
(de eso no se habla),
de colas infinitas para comprar pan,
para que no hubiera pan.
Yo viví el miedo de ojos perennes sobre ti,
de sospechar del vecino,
del señor del ascensor,
del puesto de estacionamiento,
del vigilante.
Yo tuve miedo de cargar gasolina,
quería incendiar las miradas,
hacernos invisibles en un sótano
cuando tratamos de recuperar movilidad.
Yo tuve miedo
de los cantos de una patrulla militar,
del toque de queda en esta ciudad pequeña,
del abuso de alguien con hambre en la esquina,
tuve miedo de morir buscando oxígeno,
de no hablar en el lenguaje de mis perros,
de no tomar la última fotografía.
Yo viví otro país vacío
donde las carreteras eran precipicios
y nada conectaba con nada.
Yo tuve miedo de no volver a casa
de perder un salto
dos
tres
y no poder brincar a ese lugar que llaman amor.

 


 

Escribo retazos por todas partes,
en uno, dos, tres cuadernos
en todos falto yo
el fuego de siempre, este largo suspiro
que no logro entender.
en mi llanto,
ni en esta carcajada.
¿En dónde estoy? ¿Para qué soy?
¿En qué lenguaje me expreso?
¿Qué viene ahora?
Con mis inquietudes,
mis desafíos de justicia
He sido prófuga,
domadora de espejos
hurgando en cada historia para nombrar la mía
el sello de cada mujer que soy
en sus retratos, en sus formas
pero he tenido miedo
de caminar tanto en el sentido equivocado
que ahora emprendo otro viaje,
pesado, difuso, en el que sólo quiero recogerme
Está bien no decir nada
Está bien callar
Está bien hacer silencio
pensar que nadie más está aquí
que no se puede
que no es el tono
que me gritas, que me dejas sin habla
que quieres de mi libertad
que me retiro
que no me gusta así
que yo no soy yo
que no estoy
que no viene bien
que quién soy yo
A veces soy esto.

 


 

Vamos a apagarnos hasta que se vuelva infinito
Hasta que la lluvia encuentre su lugar y nos remueva los escombros
Vamos a apagarnos hasta que se muera tu encanto
Antes que caiga el puente y te robe la herencia
Antes que de tanto escándalo me transforme en el silencio después de la lluvia.

 


 

Un pasadizo

Yo no temo. Aunque tiemble, estoy en este nuevo pasadizo a mi vientre. Todo eso me recorre mientras intento juntar retazos de lo que voy siendo a ver si finalmente coincidimos fuera de este sexo. Me recorren estos puños cansados de contener y este cíclope que nos hemos vuelto. Me recorren fragmentos de la rabia que no dije, las posibilidades desde aquel junio de 2015 en que decidí lanzar dados a ver qué pasaba. Y pasó. Ahora que estás en mí te siento recorrerme. Un tobogán por el que resbalan los planes, ese testarudo sueño y esa inmensa necesidad de no nadar a contracorriente. En esto no. Quisiera retenerte entre este espacio de mi piso pélvico y este nuevo descenso en el que voy cayendo, pero voy cayendo y esto es, en fin, una caída.

Te tengo ahora en mi canal angosto.

 


 

En casa

Las moscas tienen fiesta en casa con el cáncer. Juegan, desayunan, construyen historias, gritan y dibujan cosas en el aire. Es una parranda que sólo ellas disfrutan con la paz de los muertos.
En casa hay silencio desde que el agua nos comienza a llegar a los pies, quedan pistas por doquier de lo que no se hizo. Mi tía Chela dice que esta es una enfermedad de valientes y de los que sádicamente purifican su cuerpo.
Hay sombra en casa desde que nos visitan sin avisar. Desde que los vecinos hablan de lo que les duele y cuentan su historia.
Somos dueños de la sombra desde que el pasado es más largo y desde que entendemos menos el presente. A veces, cuando entiendo más, son más años los que llevo encima.
No hay paz desde que el otro tiene nombre y las fronteras son más amplias.
La paz murió con la indiferencia.
¿Quién puede ser feliz con el dolor de María?
¿Quién es feliz devorándose?

Hay un vacío abierto desde que en la tumba cabemos todos.

Clavel Rangel Jiménez
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