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Orgía del miedo, de Ismael Sambra
(selección)

viernes 9 de septiembre de 2022
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Orgía del miedo, de Ismael Sambra
Orgía del miedo, de Ismael Sambra, es el primer libro de la trilogía poética Los ángulos del silencio. Para celebrar los veinte años de su publicación, han aparecido dos traducciones: Orgy of fear (inglés-español; Editorial Primigenios, Miami, Estados Unidos) y Orgi di paura (italiano-español; Ediciones Il Foglio, Italia). Disponible en Amazon

Orgía del miedo
Ismael Sambra
Poesía
Editorial Primigenios
Miami (Estados Unidos), 2021
ISBN: 979-8725988826
128 páginas

Un hombre en desventaja

Un hombre atacado por la duda
da vueltas y vueltas en la cama.
Él ha sentido el peso de los dioses a su espalda.
Su escapada se argumenta ya en delirio:
horas dictadas al destino de ser y no ser,
destino girando alrededor de su cabeza,
al compás de alguna palabra clandestina
por haber descubierto que en su cuarto
duermen también
las máscaras del día.

Un hombre atacado en su hombre
siente que ya no vive solo con su espectro:
es un hombre ofensivo, expectante, documental,
opuesto a su reflejo
porque hay otros que esperan su caída.
Lleva sólo pan en los bolsillos
y alguna fruta en ese viaje impropio y turbio:
Un hombre en la vigilia
lleva su propio corazón como una isla sin mapa,
descalzo va con su sombra
se da cuenta de que existe
y de que puede morir un poco en desbandada
porque debe pagar su atrevida posición
ese defecto de estar diciendo sin fondo ni trasfondo
esa libertad sólo de dioses en la tierra.
Un hombre atacado por la duda
tiene que dormir para otro día,
despierta finalmente a su mujer
y comienza a fornicar su angustia.

Febrero 87

 

Otra vez la guerra

La guerra se ha presentado
en todos los rincones
y reparte su desastre, sus despojos
de ancianidad, de vieja guerra.
La guerra de los que quieren vivir la muerte
herida por herida
se ha presentado sin disfraz
y ya nadie duda de su color
nadie de sus costillas malolientes:
La puta guerra se ha presentado
como siempre de espaldas al amor
y yo no sé qué puedo hacer.

 

Poema sin fin

Estoy girando sobre NULO…
Sólo me alivia el jardín
cuando le paso un paño a lo que fuera mi automóvil…

22 Nov./88

 

Orgía del miedo

Todos tenemos miedo
bajo esta lluvia que ha comenzado a caer.
Se nos hizo un nudo en la garganta
la flor que un día inventamos como niños
y no deja pasar la primavera.

Alguien está tocando a la puerta de mi casa.
Viene a provocarme los auxilios rezagados
a citarme para el gran festín de los pensantes.
Y yo no abro.
Me quedo suspirando todavía enmudecido
todavía con los huesos dislocados
con los huesos que se han negado a sostener
mi voluntad.

Alguien me llama también desde adentro
y me atormenta con el derrumbe
de las cosas
que soñé.

Alguien me persigue por la casa
a la hora del baño, a la hora de las comidas,
a la hora de los hijos, a la hora
de dormir con mi mujer
que también me persigue con su miedo.

 

Retorno y desamparo

Si salgo a la calle es
para que crean que no estoy preso
entre las olas y una página en blanco.
Si salgo es para creerme que aún respiro
que quiero gritar mi esperanza
de hombre todavía enamorado.
Si salgo no es para que vean que camino
que traigo rodela
y los puños cerrando alguna herida:

No ha sido fácil salir
para cobrar lo prometido.
No ha sido fácil insistir
con la cabeza llena.
No ha sido fácil regresar vacío.

Mayo 86

 

Frente a la negra pared

Imágenes me atacan y muerden
relámpagos mi oscuro.
Quiero gritar como nunca o como siempre
porque hay un pájaro herido y aleteando
en lo que pudo ser.
Quiero gritar donde hubo un nido y una madre
dispuesta a defender sus polluelos frente a la negra pared… ¡Oh, mi Dios!
Estas palabras mías que no salen…
para qué me sirven ahora si después de todo
me obligan al silencio.

Dic/89

 

Poética de amor y desenfreno

La quietud de estos árboles
me dice que no sopla el viento,
que hoy es otra noche de sopor y de vigilia.
En la quietud hay una mata de anón llena de flores,
flores que nacen y caen al otro día. Pocas son
las frutas
de este árbol que protegí de las hormigas,
este árbol que parece no agradecer
ni desvelo ni sudor.
En la quietud
hay otras plantas que no quieren dar más flores:
Yo las riego
yo las cuido
para vivir de su perfume,
yo las riego y las cuido para matar mi tedio, mi miedo, mi olvido, mi pena.
Puedo decir que tengo un jardín
protegido, sin reproches:
Un jardín que bate su quietud de geometría.

Para qué las horas en un jardín
abatido en su ornamento. Para qué
desperdiciarme en su único color de insomnio
en su escaso latido y agonía.
Hace falta que se vaya en el otoño y vuelva nuevo en el estío.
Hace falta que se vaya este jardín con su espectro de frutas y flores
Hace falta remover la tierra, respirar y salir de su hemisferio:
Hace falta que surjas tú en la tormenta.

Ismael Sambra
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