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Seis poemas de Alba Seoane Cegarra

viernes 23 de septiembre de 2022

Desde el vértice

El olor de la colada blanca
dilataba los nervios en sus manos,
el aire húmedo de las sábanas
que exaltaba su vista de colores,
el calor del mar,
la infancia descuidada en el jardín,
los juguetes,
la hierba mojada,
el trino de los árboles
mecidos por el sol.
Su mujer
cultivando la alegría.

 


 

Las tardes del metro

En la parada del metro la luz me había abandonado y el vértigo oscilaba entre mis piernas, pensaba en ti y la calle transcurría borrosa como en un sueño. Los rostros corrían en todas direcciones sobre mi presencia inmóvil en la acera. Me dirigía al ojo del huracán y tenía que pensármelo, pero mi sangre latía con más fuerza que mi cautela y esas tardes, las tardes del metro, sólo me hablaban de ti.

Creía olvidar tu casa, como una estrategia para engañar a mi apetito, deambulaba por tu cercanía haciendo círculos, igual que hacen las aves o los perros. Tú apenas me esperabas, dibujabas desde tu encierro cauces imperceptibles, sonidos huecos que vibraban en la distancia.

Yo siempre los captaba, las membranas de mi intestino se revolvían furiosas como si te hubieran encontrado. Horrorizada por las alturas, cuando por fin llegaba, te miraba desde abajo y, aliviada, creía recuperar la luz.

 


 

Están en mí
el grafiti negro de las calles,
las gárgolas altivas que besan las azoteas,
la entrega absoluta de los amantes,
el perro de nadie,
el ojo que envidia a falta de lágrimas,
los niños con corbata.
Están en mí
la voracidad de las ciudades,
el leve temblor de los campos,
la costumbre insaciable de los que tienen,
la entereza del que ofrece.
Todos están en mí,
como las palomas que coronan las fuentes
o los túmulos subterráneos.

 


 

Festejos

El impacto frío de un cuerpo
evoca la muerte,
la exhumación de varias castas,
las flores en el río,
las vacas;
evoca la fortaleza,
los ojos que aceptan.
El impacto frío de un cuerpo
no le importa a nadie,
segregará ritos bulliciosos
entre la pericia y el abandono
de aquellos que conocen la luz

 


 

Soliloquios

El vacío a veces se disfraza
de romances imposibles,
travesías interminables,
cumbres escarpadas
al filo de mi abdomen;
recuerda a una alegría boscosa,
difusa y amarilla,
a melancolía carnal o cuento solitario.
Lo veo en una lancha salvavidas,
en una sucia batalla donde todos mueren,
en las flores que crecen todos los días sobre mi hijo,
sobre el amor de todas las madres.

 


 

El mar silencioso en tus dientes perlados,
los barcos suaves,
tus rizos lentos,
unos pies diminutos
descalzos en mi corazón
como la espuma entre los peñascos.
Así amábamos los días
en nuestro pueblo iluminado

Alba Seoane Cegarra
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