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Cinco poemas de Jonay Cabrera González

viernes 31 de marzo de 2023
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Recuerdo

De fieras bestias se calza la hoguera que
ha de prenderme fuego entre ojos y
desconocidos rostros que aseveran
conocerme.
Recuerdo el millo, la hoz, las presurosas
casas con sus paredes lavadas y pequeñas
fisuras en el enlucido, por donde aprendí
a mirar mientras duermen.
Y señalo al mundo y el mundo me da
la espalda —jarrón de ceniza en vientre—,
¿adónde vas? que en verdad
desconocemos si el día se hace noche
o es la noche quien pierde el drama
de su oscuridad.
Y hablan y hablan los desvirtuados
hombrecillos pero nada conocen,
la inmaterial filosofía no concede respuestas,
el sabio es sabio por experiencia, el poeta
es poeta porque no sabe hacer otra cosa.

 

El sol y la sombra

“Casi todo lo que realice será insignificante, pero es muy importante que lo haga”.
Mahatma Gandhi.

El mediodía, engalanado con la pureza de un sol
apolíneo y derrochador, entreteje sombras, las
idénticas sombras que tiempo después pasean
sus vigorosas líneas entre mis pies y la comedia
del suelo, donde las hormigas acampan a sus anchas
acariciando leves las diminutas piedras de milenios
y erupciones con lava y vapor.
—Y la tierra fue tierra antes de mis huellas—.
[Y la vida seguirá siendo vida sin mí].

 

Mártires y calabozos

A Matías López Morales

Suspiro que no alcanza a nacer,
peyote narcótico suelto en la retina
pozo de sombra y leña va sofocando
mis manos prendidas con gesto de
victoria sublevada.
Mártires y calabozos esbozan leves
sonrisas de triunfo y gloria.
Pesan los versos del malogrado poeta:
elegía y acuartelamiento del alma, de la
razón, de la traición más miserable.
De la mano en recóndita memoria:
disparos y un extenso tapiz de flores
espumosas.
Mártires y calabozos; los primeros
hacen total entrega de su destino,
los segundos oprimen, lastiman;
genocidas de fecha y hora…

 

Entre mis brazos

(Y si me ven pasar ignórenme)

Y yo tomo las fiebres del mundo y las acuesto
plácidas cerquita del afluente corrido de tu voz.
No te vayas, que ya la niebla de sables blandidos
en los ojos, “no se hace pasar por luz”.
Fantasmas de sol, fantasmas de hiel y espasmos,
y yo tomo ahora todas las ofrendas a los dioses
chabacanos y supersticiosos y las ato a tu cuerpo
para ver si así consigo eternizarte entre mis brazos.

 

La semilla

Oh noche entregada al sueño, envileces
los vértices de hombre que aún conservo
en las retinas y “me obligas a ser hombre de nuevo”.
Sagradas potestades del bajo suelo —me niego
a hincar las rodillas ante tan feroz y desigual batalla—.
He sido niño, hombre, mujer, anciano; he sido la vida
de vuestros adentros, de rasguño en pecho y sonata
abatida a disparos en cualquier guerra de esquina gris.
Y ahora uniéndonos a lo que pareciera ser un campo
en barbecho, expectante al roce acaramelado en tierra
de semilla, llegan ahora de súbito sobresalto y decís:
“El hombre no es hombre de carne y hambre, no
existe el hombre más que en vuestra imaginación”.

“A la matrix del mundo”.

Jonay Cabrera González
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