Los ángeles del amor no son vistos
por el octubre dormido
sobre rieles quiméricos y sombras.
La tarde duerme sobre durmientes y letanías.
La noche se bebió el vino y las pasiones.
La locomotora del corazón emprende nuevos rumbos
pero el alma no entiende de resignación.
Cae la flor y los besos inauditos se desmoronan
en lo infinito de la arena.
Yo contigo y tú en el viento sellando despedidas
en el último vagón del día.
No hay estación para que se detenga
el cielo de sus ojos
cegados de misterio y melancolía.
La mano poeta agoniza al lado de un tintero dolido.
Hay versos y poemas para un tren de olvido
y el tiempo no entiende el idioma
de este grito llamando
al amor sin forma ni condiciones
La tristeza no se sentará en ningún andén.
Yo contigo y tú, en la distancia que habita la carne toda.
(de Simplezas recopiladas; Huentota Ediciones; Mendoza, 2016).
No crece el trigo multiplicador de panes,
le amputan las piernas al peregrino,
mañana seguramente habrá más marchas
en la profunda calle sosiega sin vereda de alivios;
hay espejos singularmente rotos
en este campanario desigual de los años.
Este inhumano derecho de vivir
andando con cruces de polvo sin religión
y amargura despiadada en la voz,
indigna, realmente indigna esto
de necios juramentos y falsos aplausos
de cobardes de la farsa y el miedo
en las tribunas tristes de turno
e innombrables analíticos de un todo;
estructuran porcentajes, migajas, muertes
mientras los adioses no cesan en los cementerios
ni en cada entierro del día después.
(de Denuncia en llamas y otras manifestaciones; Huentota Ediciones; Mendoza, 2017).
XXI
Los hijos del sol:
amamantados por tormentas de siglos,
el sui géneris temprano
de la integridad incompleta de la sangre,
tiene sinfonía de canto desangelado
y notas terrenales para el coral negro
de los nadies.
Ellos entonan estrofas desalmadas
por tanta fe persuadida
y lavan su rostro en aquel mar
donde sacian su sed los pecadores
sin indulto de la tierra.
Cenan a la luz de un candil a medianoche
mientras la cítara afligida estremece
la fiesta sin banquete
bajo el zinc estrellado
de las villas de emergencia.
La hermandad del redentor
también camina descalza
y marcha azotada
hacia la cruz del final
(de El vuelo del régulo; Mendoza, 2008).
Verosimilitudes
La noche es una dama con insomnio
La necesidad es un vuelto de sacrificio impagable
El corazón es un puerto buscando al náufrago
El cuerpo es un villano sin pausa desesperado
Los silencios son gritos inauditos y huérfanos
Las palabras son caricias informales por decir
El anhelo es un trastorno agridulce
Las lágrimas son el derrotero benévolo
La urgencia es un orgasmo que no llega
Los pensamientos son campos de batallas
Los labios son víctimas de asesinos dientes
La tráquea es un puente de rio amargo
La soledad es una guillotina en plena labor
La distancia es la flecha sin Eros ni arco
El sueño es un barrilete sin piola ni destino
El todopoderoso es un sordo ambulante
La ventana es una puerta de escape inseguro
El imposible es dictamen sin juicio final
Los clavos son el colchón donde reposar jamás
Los ojos son centinelas fijos sin franco
La boca es una estatua escupiendo imágenes
Las venas son una pista de fórmula uno
La sangre es la turbina paranoica sin botón de stop
La calma es un preso llamando al indulto
El poema es un profeta que nunca miente
La tristeza es una bella foto sobre la pared
El amor es la inyección letal sin efecto
Los sentimientos son Aquiles eternos sin talón
Tu nombre es la tortura que no cesa.
(de Poemas para un tren de olvido; Equinoxio, Mendoza, 2014).
Lejano sueño de mañana
Las manos quieren abrir de golpe el diario
los ojos de Juan deletrean temor en la portada;
un café, la lluvia, dolidos acentos, signos
y el razonamiento es un polígono llamando balas.
Con tanta cursilería discursiva en las orillas,
su barco de deseos lleva timón a contramarcha,
juicios sin criterios suben al antojo de la mañana
para mutilar el desayuno de todos por igual
y el mar cansino de la suerte evapora sus aguas.
América del dolor revuelto en cinco siglos,
el ardor y la queja de la Andinia ancestral,
clerecía, capillas, iglesias, antropofagia,
la conquista persiste en el tiempo actual.
No dejan ni cobre ni hierro ni oro ni plata
ya nos pisotearon todo “patrimonio natural”
ni Greenpeace te salva, en vano es el quejar.
Viejas y nuevas masacres sin diferencia,
han censurado la tinta para escribir “libertad”.
Militarismo y burguesía se han hermanado,
fiebre antigua del petróleo, carne y estaño,
nos dejan sin maíz y dan cianuro a los ríos,
la historia sigue repetida por estos años.
Inflación aquí, devaluación allá, caídas sin alza;
los banqueros ofrecen bolsas a largo plazo,
las deudas buitres golpean por generaciones,
es sabido, el financiamiento barato cuesta caro.
Trescientos millones de pobres, así la cuenta;
giros a derecha e izquierda, producción caída,
la moneda sigue sobrevaluada, atada,
hermano: eso del bienestar es mentira.
Terminado el café, ticket, propina y chau;
queda el diario en la mesa donde está;
afuera la lluvia pareciera hablarle a Juan...
Mañana la aurora, mañana otro sol,
la melancolía atraviesa relojes de ansiedad.
Nos llevan para el fondo, eso sí es verdad.
La realidad es ahora, en esta crisis, donde somos todos ellos, nosotros y los otros un solo Juan.
Hoy permanece todo postergado a decreto,
en estático presente.
Mañana,
el mañana debe esperar.
(de El fuego de Juan Desdicha; Huentota Ediciones, Mendoza, 2018).
- Cinco poemas de Lucio Albirosa - viernes 19 de julio de 2024


