El sol de la noche
El viento rozaba mis mejillas,
tus dedos peinaban mi pelo,
el suelo me sostenía con fuerza,
tus brazos me rodearon con cautela,
al cielo miraba mientras rogaba,
tus ojos indagaban en mi alma,
el fuego se extinguía en el anochecer,
tus labios provocaban mi calor,
la lluvia caía como teclas en el piano,
tu voz se volvía mi melodía favorita.
Yo estaba ahí,
rebosando para mis adentros e infiernos,
yo sigo ahí,
la daga que se enterró en mi pecho
se aferra a la sangre muerta,
yo estoy aquí,
desapareciendo en el viejo lugar,
entre los escombros,
la madera se apolilló en mi espalda
y sólo escucho al viento gritando
sin poder levantarme.
Cuando el fuego cesó, miré hacia los lados,
sólo la soledad y el desperdicio
de todo lo que construí estaba junto a mí.
Pero tú, sol de día, lluvia de noche, te has ido.
Suelo infértil
La lluvia del verano
me ha separado de tu mano
antes que cualquier rayo de sol,
si me miraras ahora, murió el sol.
Las estrellas siguen en su lugar,
pero yo no sigo en ese andar.
Mi cara es tan enfermiza
como un pedazo de suelo infértil,
y no hay manera de decir
que mis impulsos me llevaron a decir
que sería todo sin perderme en la tormenta.
No puedes amar a alguien
que traza las líneas paralelas a ti
y mis decisiones te quemaron.
¡Solo, sola! Dios, sabes qué sola estoy.
Entre mis mantas frías
y salvajes demonios.
Huesos, venas, vino
Tu confianza en mí
derramada en el vino que bebí,
la luna ha esperado al sol,
pero, ¿cómo sabré quién eres tú?
Si tus huesos buscan a mis venas
como sangre en mis entrañas.
Beberemos el mismo dolor
ante tu inframundo y te preguntarás
¿Qué pasó conmigo?
El mar nos arrastra hasta mi mundo ideal,
muerte que anhela la esperanza de mi cantar
—palabras sobre estrellas, salvando a mi alma;
héroe que me mató de la misma forma—,
palabras atravesando mis puntadas,
maldecida entre tu gracia,
si tus palabras me salvaron de la infinidad,
también me mataron en la oscuridad.
Sol de agosto
El sol de agosto ha llenado mi espíritu,
sensación de libertad
y extrañeza por debajo del sauce,
sigo recostada en medio del fuego,
déjame soñar que no te has ido.
Pretendo escapar, guardarme dentro de las semillas
y perderme entre los arbustos,
el alcohol no me hace gritar más fuerte
sólo quiero recostarme sin llorar.
Ella está en una tienda de música
y la tormenta se acerca,
las nubes cubren tu iglesia más grande
y las campanas dejan su estruendo
llegando al suelo junto a mí.
Música es todo lo que tengo,
un espíritu fúnebre,
dejaré de ser joven algún día
y olvidaré que algún día te extrañé.
La fe aún está en mí,
aunque tu catedral esté ardiendo
y el oro haya sido robado,
reemplazado por el bronce,
maltratado por la plata.
Hojas secas
La madera comenzó a arder
y las rosas bailaban bajo la luz.
Hojas secas
intactas y perfectas.
Sin importar el tiempo,
seguirán esperando al sol.
Hojas secas
frágiles sobre el cristal.
Hojas secas
que siguen girando bajo la luz.
Hojas secas
que aún esperan a la lluvia para vivir.
- Cinco poemas de Daniela Trejo Ortiz - lunes 9 de septiembre de 2024


