Mi casa
Mi casa es blanca y de hojaldre
y hospeda en sus dormitorios
algunas flores campestres
que no quieren despedirse.
Mi casa tiene recámaras
intactas, como recuerdos
que no fueron alterados
por la marcha del tiempo.
Mi casa tiene tres plantas
un sinfín de corredores,
un bodegón peregrino
y un árbol en el jardín.
Mi casa tiene floreros
repletos de margaritas
cuyos pétalos altivos
permanecen siempre incólumes.
Mi casa también aloja
algún recuerdo infeliz
que jamás desaparece
de la mira de mi cuarto.
Aunque cambiasen los tiempos,
mi casa siempre será
el refugio permanente
de las margaritas de antes.
Resistencia
Hay luchas improbables
que a veces suceden
como la resistencia
y el treinta de febrero.
Que si no me quedo
te quedes tú y me digas
cómo hacer para quedarme.
Hay caminos posibles
que no lo parecen
como la reforma
y la independencia.
Que el árbol torcido
enderece su rumbo
y baile con la brisa
hasta que caigan las frutas.
Habrá lucha
por más que el tiempo
se jubile
y una niebla opaca
me sumerja en el silencio.
A orillas de la nada,
¿pronunciaré palabras rotundas?
¿llegará el día que no llegaré?
No-casa
Mañana abriré
la casa perdida;
inundaré espejos
con un no-rostro.
Mi cara,
ensemillada
a una no-raíz,
ya no germina.
Un árbol caído se alza
propulsando bellotas;
aviones aterrando
sobre valles y cráteres.
Mi espera ya no aguanta
y desganados
mis pies preguntan:
¿volverá el día que llegaré?
Tu nombre es mi casa
Cuando tu nombre en otras
bocas hállese nombrado,
insurrectas álcense las miles
de veces que te he pronunciado.
Tu nombre, cama y paredes,
para mí, un desterrado,
es la blanca casa que me falta,
la de los techos hojaldrados.
Hacer patria es hacernos
las veces que nos hagamos
como engendros pequeños
contra genios malvados.
En el campo, bicha de campo,
olisqueando frutos rojos
por arte de un azar
obra de tu canto y bandera.
Renuncio a la independencia,
doy mi favor al Estado,
con tal de recoger tu nombre
en los campos que hemos trillado.
Sin casa, pero tú de mar y yo de ciudad
Raruna eres y a veces,
por canciones de bosque,
incluso de foresta,
haces del río tu gesta,
Bicha de Mar y Arenas.
Cual caracola vestida
en pétalos de blanco
con azules de metileno,
mareas las arenas
con tus manos de nidos
y por tus palmas surgen
hogares de palma
con camas para llevar.
Yo, Bicho de Ciudad,
mastico asfalto
como cereales
y los tubos de escape
las camisas me perfuman.
Soy una hormiga nativa
del metro, autobús o tranvía
de cualquier ciudad de noche
sin estrellas en el firmamento.
No me enorgullece,
no me jacto
de ser un cementerio
y de ser este velorio,
que camina a la vera
del camino a la nada.
Post mortem
¿Y si
a diez mil metros de altura
no me abre el paracaídas?
Mi corazón
es un globo de helio
que nunca se satura.
Mis pies despegan
y mi cuerpo se vacía.
Mi voz, en mute,
susurra:
un poco más,
todavía no,
espera,
ya casi...
pero mi corazón,
adicto al helio,
me traiciona
y me obliga
a subir.
Pasaron los años,
los años luz,
y fuera de la tierra,
desvanecido yo,
estuve en su encima,
cual hormiga humana,
y, ya residente yo,
en sus pómulos,
hechos de muerte
y de no-cosas,
me hice para siempre
ciudadano de la nada.
- De mi casa a la nada - lunes 10 de febrero de 2025


