A mi madre
No te asustes si yo ahora comprendo, ah,
crece dentro de mí: no puedo hacer otra cosa,
tengo que comprender, aunque ello me llevara a la muerte.
Comprender que estés aquí. Comprendo.
Rainer Maria Rilke
Démeter en el umbral
Se interrumpió el proceso
descubierto
por el amoroso roce
de una caricia
la noche que se me reveló
que era muriendo después de ti
el tiempo avanzó hacia atrás
presintieron que yo haría
por reemplazarte con la mía
que siempre anduve buscando
una muerte
y así llegaste tú
a anunciarte
con un par de corazones
atravesados en la garganta
el dolor
ante un abismo de culminación
fue decisión rápida y ligera
como nunca en esta vida aérea mía
mi vida eternamente huida
y el caos tuvo miedo
de tal determinación
escucharon mis adentros afilados
y prefirieron volver sus pasos.
Vida eterna de seis meses
Antes de escuchar
tu presencia en cada brote
la muerte sorda de las células
comencé a imaginar un plan
lo hice
aunque no supiera nada de la partida
porque saberlo
no podría
construí nuestra vida eterna
esperanza revelada
por el oráculo inmediato
que prometía sólo
algunos meses robados
pensé en compartir
mis pensamientos
que se estrellan hasta sangrar
quise confesar mis secretos
porque no podría darte más mi futuro
ni de las estaciones sus frutos
anhelé tender el puente umbilical
que se nos vino abajo
hace tanto
para que fuera inevitable
mi partida con la tuya
quería revelarme entera
porque en el lejano infinito de las almas
me olvidarías enseguida
las cálidas temporadas
que tuvimos que crear para estar juntas
se desprenderían de ti
para legárselas a la humanidad
y celebrarte aun después
del paso de todas las mujeres
pero ya no seríamos nosotras
el sacrificio inicial se habría consumado
y no podría soportar las insistentes primaveras
sin mirarte iniciadora de lucha y búsqueda
prefiero el otoño subterráneo
pero junto a ti
contando las semillas que nos hemos comido
y que nos enraízan al infierno
donde el afecto de la madre y la hija
es sin consumirse.
Biopsia a la madre
Regresé
virginal esperanza
pero estuve sola el ocaso
cuando casi había arrancado
la última vida y hiedra de nuestro jardín
llegaste inalterable al principio
caminando entre marchitos
como si la rutina hubiese sido restaurada
y nada sobrara
revelaste que tu destino no sería raptado
el oráculo te había murmurado
deposición de la abundancia por el vacío
para ser ligera y regresar
también a ti te dijeron
que tenías que aguantar el hambre
hasta que dejaran de latir
tus corazones en la garganta
y los pudieras escupir por fin
con la enfermedad
y la verdad.
Cuna en el cuello
Mujer de nombre impronunciable
llevabas sólo la cuna de la muerte
que se guarda en la garganta
y en la voz
lejana a la consumación
te paseaste por mi morada
sin buscarme
temiendo quedarte para siempre
mas tú no eres fruto de las furias
el castigo tuve que ser yo
y aunque alguna vez fue tuya
la agonía
a mí me fue concedida.
Reinvención del abismo
Busqué asilo
en distintas moradas
para reandar el camino
de mi propio rapto
invertido el mito
dejaste a la tierra morir
ahora yo
no dejaré a nadie entrar
para que tú tampoco
puedas partir jamás.
Aquí seguiremos
sobrellevando el hondo abismal invierno
esperando pacientes
a que pasen todas las estaciones
y nadie toque a la puerta
que no te vuelva a brotar el corazón de la garganta
por las ganas que tienes de decirme algo
de decir que no
de decir ya basta
y que luego nos digan
que no son corazones sino tumores
y una vez más
comience a avanzar el tiempo hacia atrás
aquí estoy
aquí estaré inmutable
aguantando el hambre hasta curarte el cáncer.
- Biopsia a la madre - viernes 11 de julio de 2025


