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Cinco poemas de Jesús Miguel Valdez Pérez

lunes 11 de agosto de 2025
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Dalia niña

Desde el balcón de la mirada del mediodía
nace la dalia niña de ojos púrpuras,
delicada, airada, espigada como ella misma,
extendiendo su melena vegetal, sus pétalos de agua,
pétalos de luz de sol, flor de aire
que vuela por el día que se abre sobre sí mismo,
sobre el cenit de cedazo reluciente,

sobre la luna madre, sol de todos
que abre las puertas al abismo,
sol de la dicha de unos pasos que corren a su encuentro,
en un desdoblamiento de sombras y de luces,
de aires y de puentes retraídos
llevados de la mano al recreo
del mundo sin pisadas y sin pasos,

aire como el fuego seco,
como la desdicha asfixiada en el instante
apenas nombrado en tres sílabas,
en tres emisiones de ondas y de cuerdas,
rasgando el viento con la lengua látigo,
latido de una boca en el instante de su nombramiento,

en el instante de una dalia niña
que crece con el viento,
que crece con la mirada de unos ojos púrpura
sobre el balcón de sombras y su desdoblamiento.

 

Nada te curva

Su nombre viene al recuerdo como el fulgor a la luna,
apenas la pienso y nace desde el latido de mi liquidez,
se estira como el elástico de dos galaxias
que abren un par de pétalos cósmicos;
he decido poner fertilizante en el espacio
y sembrar guirnaldas amarillas
para crear el aro que corone la tierra,

estamos debajo de un pensamiento que nos piensa,
nosotros mismos somos el ave y las alas,
la puerta y el doble de la puerta,
su apertura, su estatua erguida entre siglos,
entre años que levantan su arquitectura de polvo,
sus murallas lejanas entre dos sombras,

vienes a mí y me deslumbras como estrella fugaz,
te pierdes navegando siglos en el espacio,
en el confín de dos límites dispersos
te derramas entre luces astronómicas,
entre pasos de un sol que no se curva,

nada te curva, ni la relatividad
gobernando las partículas y los astros,
ni el silencio con su régimen absoluto,
ni la alta estatua del mirar mirando.

 

El arriba que es abajo

Qué canto sin sentido de espuma balbuciente,
de reflejo de aletas dorsales en bucle nado,
de palomas que dejaron sus reflejos de sombras,
sus aladas plumas en desvanecido vuelo;
ese aliento nace desde el cielo del infierno,
ese abajo que es arriba,
ese arriba que es más allá del mundo,
más allá de la brecha atmosférica,
donde se respira viento de azufre,
y el fuego es líquido y la brasa de agua,
y el vapor oceánico y el océano subterráneo;
inframundo de nubes queriendo bajar
al cielo que arde con las llamaradas de los ángeles,
de querubines de plumas ardientes
con flechas que cantan la llegada del apocalipsis,
apocalipsis de elipsis siempre dicha,
elipsis de la historia, historia de la elipsis,
instante del presente más perpetuo,
pensamiento sobre agujas afiladas,
pensamiento de la historia del porvenir,
historia del arriba que es abajo.

 

Llamamiento del mar

Esta mañana he decidido subirme a mi panga y olvidarme del mundo,
atrás dejo las caminatas entre luces citadinas y
las promesas de amor de Elizabeth,
la última carta que me escribió ahora es un ave de ceniza
que vuela por los campos del olvido,
he dejado que los pájaros negros del sufrimiento
exprimieran mis entrañas hasta el hartazgo,
no existe lágrima, sólo lluvia que ahora regresa a la nube;
el agua, mi estado líquido, me hizo un llamamiento
y ahora me entregaré a mi único amor,
de modo que estoy aquí y me regala una caricia,
he descubierto que también puedo darle forma de mujer
para satisfacer mis deseos carnales,
la lujuria es un tipo de liquidez,
así que puedo fluir en ella entregando toda mi carne,
ella es fluido y fluimos juntos.
Navegaré por su cuerpo el resto de mis días,
vine dispuesto a entregarme y perderme en su inmensidad,
no hay regreso,
delante de mí sólo existe el asombro y el éxtasis,
la toco con mi mano y adopta la forma de Elizabeth,
soy agua, soy agua, no hay regreso.
Aquí, en el abismo de mi único exilio
y en el oasis de mi paraíso soñado
me entregué al mar.

 

Flujo

Taza de café por la mañana, sorbo ruidoso,
ruido huracanado bajando por la garganta del silencio,
estridencia de la laringe cuando las palabras no salen,
quedan varadas en huecos invisibles,
en oquedades configurando un murmullo.
Prisión de cuerpos amurallados,
multitudes marchando por campos asfaltados,
atrincherados en sus nidos de roca, acero y cristal,
y la bebida se desliza por ondas sonoras
en un instante de rumor y vapor humeante;
no obstante, el mundo no fluye por los designios de la razón,
tampoco por el enervante amor,
ciertamente el hechizo fue lanzado
y todos caímos en la trampa química de la vida,
ahora debemos navegar como expertos marinos
o caer hacia el abismo del olvido,
pienso en el instante mismo de la concepción,
en esa evitable sombra con la que cargo
y sólo quiero gritar a destajo,
y aprender a fluir como lo hace la corriente eléctrica,
como lo hacen el sonido y las palabras
o como lo hace el café que ahora llevo a mi boca.

Jesús Miguel Valdez Pérez
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