Pero tú y yo inventamos el amor entre viñetas
y el adiós entre guiones.
Nos deshicimos lentamente, como aquellos caramelos
pegajosos y podridos.
Pero tú y yo eclosionamos de la nada y sus costumbres.
Trazamos nuevas rutas en mapas aún por inventar.
Y cuando nada había concluido escribimos epitafios inmortales
con palabras invisibles.
Jeroglíficos humanos nos esperan a las puertas del silencio.
Pero tú y yo les damos esquinazo.
¡Maldecimos ante aquella epifanía!
con los brazos amputados y unas llagas tatuadas en el torso.
Porque tú y yo les rezamos oraciones incorrectas
a los Dioses de otras eras
y cantamos sus baladas ofreciendo sacrificios.
Marchamos por senderos de entelequias.
Tú y yo hemos visto anochecer de madrugada
Conocemos los secretos y también sus variaciones.
Contemplamos el negro vuelo de los cuervos,
y en sus sillas de montar escorpiones amazonas.
Sabemos que la sangre ya no es roja, sino sangre.
Pero tú y yo describimos los enigmas.
Desciframos los misterios escondidos en paréntesis.
Descubrimos la impostura del gigante de los pies de barro.
Salimos de sus ciénagas pronunciando sortilegios,
y el Fauno nos sacó del laberinto
de los falsos alfabetos.
Allí descubrimos al Unicornio Blanco,
encadenado entre retazos mentirosos.
Conocimos los arcanos, meditamos más allá de la existencia
y ultrajamos los sofismas escalando las montañas del Asceta.
Y giramos entre aquellos torbellinos que negaban nuestra esencia.
Al salir de la tormenta, esperando tras la puerta,
estábamos de nuevo tú y yo, pero ahora todo es diferente.
¡Oh, sí!
es el juego perverso
de la incertidumbre disfrazada.
El juego malvado de los labios
impíos, de los silencios lapidarios
y sus sombras alargadas.
Otra vez la borrascosa
lluvia del verbo en pretérito imperfecto
en sus diversas conjugaciones inciertas.
Otra vez las noches piano con cuerpo de blues
y alma de guitarra melancólica.
¡Oh, sí!
otra vez en el laberinto sin salida
de la cognoscencia ciega de las manos
y los visillos corridos de rímel caducado.
Otra vez la premura
del billete sin destino definido
más allá de la estación del nuevo día.
Los ases escondidos en unas mangas
con los brazos amputados.
Los dados cargados,
la ruleta trucada en la impertinencia
de sus giros predispuestos.
¡Otra vez, oh, sí, otra vez!
Otra vez los besos manchados
de café cargado,
las servilletas de la culpa
escondidas en el cajón de la pesadumbre.
Las caricias inquietas,
la ambigüedad de las promesas,
las sábanas confidentes.
El caminar inquieto
de las manecillas minusválidas
de las palabras involuntarias.
Otra vez el viaje instintivo
a ninguna parte
a alguna parte
o tal vez al reino perdido
de nunca jamás
hasta la próxima vez.
Otra vez la noche
de las pestañas alargadas,
sobre el manto de la conformidad.
La silueta desdibujada del sexo
por el sexo sin estrenar.
¡Otra vez, oh, sí, otra vez!
Los dados siguen rodando
con sus números borrados
y el efecto dominó
es un alud nuclear.
Las cartas estaban marcadas
y la venda se aflojó
en el momento más inoportuno.
La razón se encuentra
en coma etílico
y desvaría semidesnuda
por pasillos legislados
de prostitución institucional.
La bola negra
baila la danza del vientre
sobre un tapete desgarrado,
golpeada por puños
sordomudos con gangrena.
Cabezas deformes,
cuerpos metrosexuales
y bolsillos de arpillera
es todo lo que queda.
Creo que hemos perdido.
¡Soledad! ¿en qué te pierdes? ¡que siempre que te pierdes
me encuentras tomando café por las esquinas!
Tal vez el oficio de poeta sea el de contar mentiras
la mentira del dolor que siente
y la mentira del dolor que escribe.
Y si me causas un vacío existencial
¿En qué te pierdes, que siempre que te pierdes
me encuentras tomando café por las esquinas?
Tal vez tienes razón y sirva la mentira que escribo
para esconder la verdad que cuento sin querer contarla,
y esta tarde y esta plaza en realidad no existen
más que en el humo de un habano
o el sueño de un poeta que soñaba con algo parecido a vivir.
El reloj marca las 5 de la tarde,
pero eso es otro sueño dentro del sueño que escribo.
Ya no distingo entre sueños y mentira.
Debe ser mentira lo que escribo
y sueño lo que vivo tomando café por las esquinas.
- Poemas de Jesús De Castro - viernes 28 de noviembre de 2025


